AUGE DE LAS BRUJAS FEMINISTAS

A lo largo de la historia, las personas más peligrosas siempre han sido los hombres de Dios... Es al oír la voz del diablo cuando mejor podemos apreciar la de Dios. Los devotos siempre pueden beneficiarse de escuchar a los no creyentes. Las religiones neopaganas creen en que los acontecimientos y las energías son cíclicos. Es decir, un ser nace, se desarrolla y muere para volver a nacer de nuevo en un ciclo eterno. También la naturaleza es cíclica, todo en ella nace en primavera, crece en el verano, se reproduce en otoño y muere en invierno. El creyente neopagano considera ese ciclo natural como su ciclo vital, como un modelo espiritual a imitar. Este movimiento puede dividirse en cuatro grandes ámbitos: la brujería tradicional, la wicca y tradiciones derivadas, los sincretismos y, finalmente, diversos tipos de reconstruccionismo neopagano.

El neopaganismo es mayoritariamente esotérico porque propone a sus fieles un encuentro directo con la dimensión oculta de la naturaleza, enfatizando el significado estático y subrayando la emanación del poder divino que destaca la transcendencia.
No discriminan a nadie en razón del sexo, la raza o nacionalidad. Consideran que la tierra es el cuerpo de una diosa, y muchos seres sagrados habitan en la naturaleza donde se realizan todos los rituales. Rinden culto a los antepasados, a la naturaleza, son animistas y usan la magia para conseguir sus objetivos.

Cada vez más existe y crece el hartazgo de los jóvenes, especialmente las chicas que están dejando las religiones tradicionales por el neopaganismo, por la simple razón que en las religiones monoteístas los dioses son masculinos, en el neopaganismo es todo lo contrario la mayoría son femeninas, como la Diosa madre, la Madre tierra, en donde abunda un eterno componente lunar femenino, algo muy importante a la hora de explicar el auge de la brujería entre las mujeres, en donde una gran parte se definen a sí mismas como “brujas hechiceras feministas”. Ellas, las brujas feministas, usan a la magia como un medio para provocar cambios en los acontecimientos según su voluntad. No se puede dudar que el neopaganismo y la “brujería feminista” están en auge, y van a más.