LA MARIHUANA EN JESÚS DE NAZARET

Acabo de hablar con un idiota que, como todos los idiotas, se consideraba un genio. Ya empiezo a estar un poco harto de los que están contentos sin más. Cuando llevas tanto tiempo en un sitio dejas de ver. Vas por la calle como un ciego. En el momento que estoy hasta “las Termópilas” de un lugar, me invento cualquier pretexto y me mudo con mis bártulos a otra parte. Todas las poblaciones de España, afortunadamente, gozan de Internet, bares, farmacias, supermercados y, muy en especial, mucha historia por contar, que es lo mío.
Pienso que debo de tener el cerebro como el de un delfín porque soy capaz de seguir a la vez varias conversaciones ajenas sin dificultades en la terraza de un bar. Esto me digo a mí mismo, mientras me atrinchero en este maravilloso Jerez, para comer caliente y pasar abrigado el invierno que se ve venir.
Dicen que la filosofía y el pensamiento cultivan la mente. Yo, la tengo demasiado ocupada en sobrevivir por estos mundos de Dios. Aquí, en Jerez de la Frontera, hay la misma distancia al cielo que al infierno, así que todo nos da igual, para donde pegar.

Escucho charlar a unos jóvenes; el que parece más despabilado, muy ufano suelta: “Yo sé cuál es el secreto de los milagros de Jesús”.
––Todos a su alrededor le miran pasmados.
“El cannabis (marihuana), es la base, más aceite de oliva, aceite de mirra, y aceite de canela”. ––agrega.
Kaneh-Bosem o Qaneh Bosem, es un cálamo aromático. La palabra aparece en el Éxodo (30:22-23), cuando Dios, desde un arbusto en llamas, le dicta a Moisés la receta para el aceite de la unción. Le dice a Moisés: “Toma también de las especias más finas: de mirra fluida, quinientos siclos de canela aromática, la mitad, doscientos cincuenta; y de caña aromática (marihuana), doscientos cincuenta”.
Curiosamente son los mismos ingredientes del aceite que se vende hoy para los niños con epilepsia, las personas con cáncer, depresión, insomnio, dolor, etc.

El uso médico del cannabis durante la época bíblica ha sido demostrado por varios descubrimientos arqueológicos. En el caso de los judíos, su empleo se remonta al Antiguo Testamento, en el que los primeros pueblos semitas, nómadas del desierto, también lo usaban en las unciones, disuelto en aceite de oliva junto con otras hierbas aromáticas.
El profeta Samuel ungió a Saúl, el primer rey de Israel, convirtiendo el aceite en parte del ritual de coronación de los reyes judíos. Con la caída del pueblo judío a manos del ejército de Babilonia, el rito de la unción desapareció hasta emerger, de nuevo, con los cristianos.