ABRASANDO A LA MUERTE EN JEREZ DE LA FRONTERA

El mundo no es como tú crees o como tú quieres que sea. Es acostumbrarse a vivir con gente que no opina como tú y hace cosas distintas. La sociedad jerezana necesita hablar del suicidio. El suicidio es el acto a través del cual la persona elige ponerle fin a su vida de forma voluntaria.
Las muertes por suicidio en Jerez de la Frontera, son invisibles. Muchos ancianos que viven solos en Jerez y que “aparecen” muertos, no se han pegado un tiro, ni se han tirado por la ventana ni ingerido veneno, se han dejado morir, abandonándose en la comida y en la higiene, perdiendo fuerzas, y hasta intuyendo una liberación en dejar de llevar un vivir sin sentido. Los suicidios en las residencias geriátricas jerezanas son aterradores, su silencio es ronco.

El suicidio en la tercera edad en Jerez, es una amenaza silenciosa que va en aumento. Son esas personas de edad que ya no se sienten útiles, ni necesitadas, ni queridas, las que toman esta drástica decisión. En el adulto mayor jerezano, con riesgo suicida son frecuentes ideas de vergüenza, inutilidad, abandono, sentimientos de desesperanza y la falta de motivación por vivir, en cuyo caso son frecuentes ciertas formas de reproche, insatisfacción y resentimiento. Estas personas mayores se desmoralizan porque no pueden ser tan activos e independientes como quisieran ser, de allí que la desmoralización induzca en ellos depresiones que elevan los riesgos de aparición de conductas suicidas.

Nadie en Jerez de la Frontera, desea la muerte, sino el cese del sufrimiento. Un segundo antes de suicidarse la mente sufre una especie de desconexión de la realidad y se anula el instinto de supervivencia, que vuelve a conectarse inmediatamente después de la decisión.

La estadística dice que tres mil setecientas personas se suicidan anualmente en España, diez al día. Alarmante a más no poder, la cifra, sin embargo, no cuenta toda la realidad. Hay suicidios entre las más de ocho mil muertes registradas como accidentales por precipitación, ahogamiento, sobreingesta de medicamentos, envenenamiento o en carretera. Para demostrar un suicidio, dependiendo del método utilizado, hace falta que alguien que lo haya visto testifique ante la comisión judicial o que se le entregue una nota de despedida. No obstante, menos de un veinte por ciento de los suicidas dejan nota de despedida y tampoco se practican lo que se llaman “autopsias psicológicas”. Es decir, no se indaga en las posibles causas que llevaron a esa persona a acabar con su vida.