MUJERES ARRUMBADAS O INVISIBLES

La Vulgata, es la traducción al latín que San Jerónimo hizo de la Biblia. En ella, el santo resalta los aspectos más misóginos del libro sagrado e incide especialmente en la necesidad de las mujeres en mantener su virtuosidad: virginidad, pureza, cautela, discreción… Toda una serie de rasgos que no se le exige a hombre y que le somete, una vez más, al dominio masculino. La Vulgata, además, es una de las más aclamadas traducciones de la Biblia, con lo que sus preceptos eran acatados y tomados como mandamientos de obligado cumplimiento. La Biblia es considerada por muchas personas como la obra más misógina nunca creada.

Por asimilarlo de algún modo, y en general, la historia que se estudia en occidente ha sido creada por el hombre “blanco”, heterosexual, clasificado dentro del género que le fue asignado al nacer, y privilegiado de saber escribir.

Nos deja claro, en su relato patriarcal, la figura de la mujer aparece ninguneada, desoída. En donde a la mujer profetisa se la tilda de “pitonisa”, mientras al hombre inflado de testosterona, se le sede el puesto entre los elegidos por Dios.

No pilla de sorpresa que Jehová hable en la Biblia a Ezequiel de mujeres israelitas que estaban actuando como profetisas desde su propio corazón. Esto indica que su terrorífico dios Jehová no las había comisionado, sino que ellas se habían erigido en falsas profetisas.

Miriam es la primera mujer a la que la Biblia llama profetisa. Es más que probable que Dios transmitiera uno o más mensajes por medio de ella, quizás mediante canciones inspiradas. (Ex15:20, 21). Por eso Miriam y Aarón le dijeron a Moisés: ¿No ha hablado también [Jehová] por nosotros? (Nu 12:2).. El propio Jehová dijo por medio del profeta Miqueas que había enviado a Moisés, Aarón y Miriam delante de los israelitas cuando los sacó de Egipto. (Miq 6:4). Aunque a Miriam se le otorgó el privilegio de transmitir mensajes divinos, no tuvo la misma relación con Dios que su hermano Moisés, y cuando no se mantuvo en su lugar apropiado, Dios la castigó con severidad (Nu 12:1-15).

Para bien o para mal, hay al menos cinco mujeres a las que se llama profetisas en el Antiguo Testamento: María, hermana de Moisés (Exo 15:20); Débora (Jdg 4:4); Hulda (2Ki 22:14); Noadiaa (Neh 6:14) y la esposa de Isaías, de quien no se conoce el nombre, a cuyos hijos Isaías dio nombres proféticos (Isa 8 :3).

En el Nuevo Testamento aparece Ana la profetisa (Luc. 2.36), que anuncia maravillas sobre Jesús. Y se habla también de las cuatro hijas de Felipe, que eran profetisas (Hech. 21.9). Y, para terminar, en el Apocalipsis se cita a la profetisa Jezabel (Ap. 2.20): “Pero tengo contra ti: que toleras a esa mujer Jezabel, que se dice ser profetisa, y enseña y seduce a mis siervos a que cometan actos inmorales y coman cosas sacrificadas a los ídolos.”