SHIBARI: EL ARTE DE LA CUERDA QUE EMPODERA A LAS MUJERES 

Si bien es conocida por su perspicacia en los tribunales jerezanos, Alma Belén descubrió un mundo completamente nuevo fuera de la sala de audiencias: el shibari.

De alguna manera, la historia de Alma Belén nos recuerda que, a veces, las respuestas más inesperadas se hallan en los lugares menos previsibles. El shibari, un arte de las cuerdas milenario, se convirtió en el camino hacia la confianza, el empoderamiento y la exploración de uno mismo para esta letrada de Jerez de la Frontera.

A través de la práctica del shibari, Alma Belén aprendió a enfrentar sus miedos y limitaciones, y encontró una nueva forma de conexión profunda con los demás. Su viaje es una inspiración recordándonos que la vida está llena de sorpresas y oportunidades para crecer y transformarnos.

El shibari, un antiguo arte japonés de atar con cuerdas, no es precisamente la primera cosa que se nos ocurre cuando pensamos en terapia personal. Pero, para Alma Belén, este arte ancestral se convirtió en su fuente de autoconfianza y crecimiento personal. A través del shibari, Alma Belén aprendió a enfrentar sus miedos y limitaciones, tanto físicas como emocionales.

A medida que Alma Belén se adentraba en el mundo del shibari, descubrió que iba mucho más allá de las cuerdas y los nudos. Esta práctica la llevó a fomentar la comunicación profunda y una conexión inigualable con las personas involucradas. Para Alma Belén, atar o ser atada se transformó en una forma de meditación. La atención al detalle, la concentración en el momento presente y la sensación de las cuerdas la sumergían en un estado de atención plena.

Ser atada le permitía a Alma Belén experimentar una sensación de vulnerabilidad que, paradójicamente, la empoderaba de maneras inimaginables. A través del shibari, descubrió el poder de la sumisión y la vulnerabilidad, y esto se trastocó en una experiencia transformadora.

Alma Belén, al principio, se adentró en el mundo del shibari con precaución y sabiduría. Siguiendo el consejo de una amiga que ya estaba inmersa en este arte, Alma Belén aprendió la importancia de usar cuerdas de calidad, fuertes y flexibles. Comenzó con ataduras simples y, con el tiempo, se aventuró hacia técnicas más complejas.

Sencillamente, el shibari no es solo atar y ser atado; es una danza delicada que requiere habilidad, atención al detalle y empatía. Alma Belén comprendió que, para practicar el shibari de manera segura y cómoda, necesitaba dominar los principios básicos, y así lo hizo.

Digámoslo así, el shibari no solo empoderó a Alma Belén en su vida personal, sino que también la ayudó a explorar sus límites físicos y emocionales. Descubrió que la práctica de las cuerdas la liberaba de las ataduras mentales y la animaba a enfrentar desafíos con confianza, tanto en su vida privada como en el desempeño de su profesión.