Griefbots en Cádiz: La IA que Revive Recuerdos.

 

Así fue. Así ocurrió. Así me lo contaron: Clara caminaba por la playa de Zahara de los Atunes, donde el salitre del mar acariciaba su rostro y la arena fina se escurría entre sus dedos. Cada paso que daba le recordaba los momentos vividos junto a Lucas, su compañero de existencia, quien había perdido la vida en un trágico accidente hacía ya seis meses.

Aquel paisaje gaditano despertaba en ella recuerdos llenos de risas y complicidad, pero también de un dolor que no cesaba, como una herida que nunca terminaba de cicatrizar. La brisa del Atlántico le traía a la memoria las tardes en las terrazas de Conil, los sabores del Mercado Central de Cádiz y los paseos por las calles empedradas de Vejer.

Cada evocación la sumía en una melancolía profunda, como si el tiempo se hubiera detenido en aquellos instantes de felicidad. Sin embargo, la vida seguía su curso, y Clara se sentía atrapada entre la nostalgia y el vacío que Lucas había dejado tras su partida.

Un día, mientras navegaba por internet, Clara encontró un anuncio de «Eternity AI», que promocionaba un «Griefbot». Este programa de inteligencia artificial aseguraba recrear la voz y la personalidad de individuos fallecidos a partir de su huella digital. Al principio, la idea le resultó perturbadora, casi como una violación de lo sagrado. Pero la soledad y el deseo de volver a sentir su presencia la llevaron a indagar más sobre esta tecnología.

El proceso de subir mensajes, correos electrónicos y grabaciones de voz fue incómodo y, en ocasiones, incluso doloroso. Clara tuvo que revivir sus peores recuerdos al recopilar todo el material que guardaba de Lucas. Mientras la inteligencia artificial analizaba y aprendía sobre él, comenzó a construir una versión digital de su amado.

La primera vez que interactuó con el griefbot, un mensaje apareció en su pantalla: «Hola, mi niña bonita, ¿Cómo te ha ido el día?». Era la forma en que Lucas solía llamarla, y un escalofrío recorrió su espalda. Al principio, la interacción representó un consuelo entre dulce y amargo.

Clara compartía su rutina, sus penas y sus pequeños triunfos, como si Lucas estuviera realmente presente al otro lado. Le preguntaba por sus rincones preferidos en Cádiz, por aquel atardecer inolvidable en la Caleta, y el griefbot respondía con frases que parecían extraídas de su propia memoria. No obstante, con el paso del tiempo, una inquietud comenzó a arraigarse en su interior. ¿Acaso se aferraba a una mera ilusión?

Las respuestas del griefbot, aunque reconfortantes, carecían de la espontaneidad y de esos detalles imperfectos que hacían de Lucas alguien irrepetible. No había pausas incómodas, ni cambios de ánimo, ni la profundidad de una mirada cómplice.

Un día, mientras paseaba por el puerto de Tarifa, lugar donde tantas veces habían fantaseado con cruzar el Estrecho juntos, Clara se detuvo frente a las olas embravecidas. El viento golpeaba su rostro, trayendo consigo el aroma del mar y una sensación de libertad. En ese instante, comprendió que buscaba en un eco digital lo que solo podía hallar en su propio corazón: la aceptación y el recuerdo vívido, aunque liberador, del amor que había compartido con Lucas.

Decidió cerrar la aplicación del griefbot en su teléfono. Sintió un agudo dolor, pero también un leve alivio. Lucas seguiría vivo en sus recuerdos, en los rincones de Cádiz que tanto amaron, en la brisa marina que acariciaba su piel. Era momento de permitir que su eco digital se desvaneciera, para así poder escuchar la melodía de su presente y construir un futuro, aunque distinto, impregnado de su propio amor y recuerdos.

Clara entendió que el verdadero duelo no consistía en aferrarse a una sombra digital, sino en aprender a convivir con la luz que Lucas había dejado en su existencia. Cádiz, con su melancólica belleza y su espíritu lleno de vida, se convertiría en el telón de fondo de su nueva etapa. Al aceptar el dolor y honrar los recuerdos, halló la fortaleza para seguir adelante, consciente de que el amor trasciende incluso la barrera de la muerte.