LAS PUERTAS DE LAS INCÓGNITAS EN JEREZ DE LA FRONTERA

En la iconografía medieval se solía representar a la Virgen en forma de una puerta cerrada. Un himno del siglo XII, nos lo describe:
“Santa María
Puerta cerrada
Por orden de Dios abierta,
Fuente sellada,
Huerto cerrado,
Puerta del paraíso”


(Puerta de Sevilla exterior)


(Puerta de Sevilla interior)

En la Biblia se nos habla constantemente de “las puertas de los cielos” que Dios abre para manifestarse y dispensar sus favores sobre los hombres. Pero también nos recuerda que no todas las puertas son dichosas, más bien todo lo contrario, como es el caso en las puertas de la muerte y las puertas del infierno.
Las puertas franquean la entrada a todos los demás reinos que no son de este mundo. Sean reinos celestiales, sean reinos infernales, sean los reinos de los difuntos, siempre encontramos en todos ellos la misma forma de acceso: una puerta.


(Puerta Real exterior)


(Puerta Real interior)

Para entender lo que representa la puerta, hay que tener claro que es un lugar de tránsito, de ahí que su simbolismo se centre en ese paso, o unión de diferentes mundos, estados o situaciones distintas. La Luz y la Oscuridad, la Vida y la Muerte, la Ignorancia y la Sabiduría, la Culpa y el Perdón, el Cielo y el Infierno, el Tesoro y la Necesidad… La puerta siempre nos introduce al viaje, al Misterio.
La puerta es uno de los elementos no naturales que más tiempo hace que convive con el ser humano. En muchos lugares del mundo antes de cruzar una puerta hay que descalzarse y dejar los zapatos. En otros lugares el novio cruza la puerta sosteniendo en brazos a su mujer. Para muchos es imprescindible cruzar la puerta con el pie derecho, para otros lo más importante al cruzar es no estornudar.
En muchos lugares de las Islas Británicas es costumbre abrir todas las puertas de la casa en donde alguien está muriendo, con el fin de ayudar al alma del moribundo a abandonar este mundo.


(Puerta de Rota exterior)


(Puerta de Rota interior)

En la masonería la puerta está situada entre las dos columnas y debajo del frontón triangular que tiene toda logia que se precie ostenta. La puerta de los ritos de los masones, es muy baja con el fin de que el profano se tenga que encorvar para poder penetrar al interior del templo. No se trata de un acto de humildad, sino que denota la dificultad existente entre el plano profano y el plano iniciático.


(Puerta de Santiago exterior)


(Puerta de Santiago interior)

Una puerta cerrada suele representar un secreto oculto, un camino prohibido. Por el contrario, una puerta abierta es una llamada directa a traspasarla con el fin de que los secretos te sean revelados. La puerta abierta no tan solo indica un pasaje, sino que se convierte en una invitación para atravesar e ir hacia un más allá.

En Jerez de la Frontera, el sonido de sus cuatro puertas es perceptible, pero las propias puertas están más allá de la apreciación: captas el sonido, sin embargo las puertas no las ves.
Y ahora caminante lector que andas por esta vieja ciudad de frontera, y que yo te oriento, ¿escuchas el sonido de sus puertas?

FUENTE: Johnny McClue, Rosalía González Rodríguez, Laureano Aguilar Moya (Sistema defensivo islámico de Jerez de la Frontera), otros.

EL ESPÍRITU GUARDIÁN DEL ANTIGUO CEMENTERIO INGLÉS DE JEREZ DE LA FRONTERA

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En 1650, un enviado de Cromwell, Mr. Ascham, fue asesinado en España y su cuerpo introducido en tierra, sin más. Cromwell mostró su enfado y el gobierno español acabó cediendo y aceptando la existencia de un cementerio para protestantes en el Tratado de Paz de 1664, pero hasta 1796 no se harían realidad los acuerdos.
En 1831, Fernando VII, autoriza su construcción, con la condición de que “se observen las formalidades prevenidas, a saber: que cierren con tapia, sin iglesia, ni capilla ni otra señal de templo ni culto público ni privado, poniéndose de acuerdo con las autoridades locales”.
Fue a raíz de la revolución de 1854 cuando se comienza la edificación de cementerios civiles, existiendo ya muchos españoles que no profesaban la fe católica.

La ley de 29 de abril de 1855 permitirá la “conducción, depósito y entierro con el debido respeto a los restos de aquellas personas que mueran fuera de la comunidad católica en todas aquellas localidades en las que la necesidad lo exija a juicio del gobierno, y donde estos no fueran creados, los alcaldes y ayuntamientos tomará las medidas oportunas para evitar cualquier acto de profanación”.
En 1864 y a petición de un grupo de destacados británicos, como Charles H. Furlong, Walter Buck, Joseph Warter, Wiliam Wilson, Richard Davies, Jorge Suter, Alexander Williams, George Wilford, C. Noble, Peter Mackenzie, el Ayuntamiento de Jerez de la Frontera, adopta las medidas pertinentes y encarga al arquitecto municipal, José de la Coba, la portada y cerca de dicho cementerio. Desde 1871 ya hay constancia en los libros de enterramientos del Archivo Municipal que en esta área de los no católicos del cementerio general de Santo Domingo. La penetración de los protestantes, considerados por los católicos como socialistas, masones y enemigos de la patria, continuó en estos años.

El cementerio jerezano de la calle Santo Domingo permanecerá abierto hasta mediados de los años 40 del siglo XX.
Dicen, los que creen en la existencia del Más Allá, que el cuerpo se destruye, pero el “ser” continua, igualmente sucede con los cementerios y lugares de culto o sagrados. Para estos creyentes en lo paranormal, no extrañan nada los sucesos que se dan en el espacio que en su momento ocupó el antiguo cementerio. La leyenda urbana, la misma que inquieta y altera en la actualidad a más de un vecino, habla de suspiros, resoplidos, pasos de fondo. También relatan, refieren, detallan, describen una curiosa figura o aparición: “El Guardián del Cementerio”.
Es la vieja leyenda británica que asegura que la última persona que es enterrada en un cementerio inglés, se convierte en su guardián. Este debe velar por la seguridad de las almas allí congregadas, hasta que un nuevo difunto sea inhumado y ocupe el puesto del anterior centinela. Y parece que será así por mucho tiempo, ya que no se volverá a enterrar a nadie en la vieja necrópolis o camposanto.
Los espíritas y espiritistas locales mantienen muy viva esta tradición, y cada vez aumentan los que creen en ella en la ciudad de Jerez de la Frontera.

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FUENTE: José Luis Jiménez, Juan P. S., Manuel de León, otros.

LA SEÑORA DE LA PUERTA DE SEVILLA – JEREZ DE LA FRONTERA

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Estrella de ocho puntas es el emblema de la orden militar de Santa María de España o de la Estrella creada por Alfonso X el Sabio en 1272 para defender la frontera con los musulmanes y en cuyo sello aparecía dicha estrella en que se leía: “CAPITULI: ORDIS: MILICIE: SCE: MARIE: DE: CARTAGENIA” cuyo simbolismo queda claramente expresado por Alfonso X en la cantiga 325: “Con dereit ́a Virgen Santa/ a ́nome Strela do día/ cas si pelo mar grande/ como pela terra guía”.

La Orden militar cuyos estatutos eran semejantes a los de la Orden de Calatrava y que se regía por la regla del Císter poseía cuatro conventos: Cartagena, sede central que se ocupaba de defender el Mediterráneo; Santa María de Portu o Puerto de Santa María para la defensa del Estrecho; Crumenae o La Coruña que se encargaba de la costa atlántica y San Sebastián que se ocupaba del litoral cantábrico; intitulándose de España y no de Castilla con lo que se evidencia el alcance del ambicioso proyecto alfonsí, antecedente estratégico de los modernos departamentos marítimos de Cartagena, Cádiz y El Ferrol. Después del desastre naval de la campaña de Algeciras en 1279 y la cruenta derrota de la Orden de Santiago al año siguiente en la batalla de Moclín, los caballeros de Santa María de España pasaron a engrosar las más que disminuidas filas santiaguistas pasando a esta Orden todos sus bienes, con lo cual desaparecía la Orden de la Estrella aunque no su simbolismo ya que la estrella –Nuestra Señora de la Estrella– los guiaba tanto de noche como de día así por tierra como por mar.
A Ntra. Sra. de la Estrella, durante muchos años (siglos) se encomendaron todos los fieles que salían por la Puerta de Sevilla, para con ruegos y oraciones alcanzar protección, tanto sus personas como sus bienes. Hoy día la pintura de autor desconocido que estuvo en la Puerta de Sevilla, se guarda en la iglesia jerezana de San Marcos desde 1865, fecha en que fue derribado el arco de la puerta en donde mantenía su agradecida presencia.

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EL TALABARTERO UN OFICIO JEREZANO CON HISTORIA Y TERNURA

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Abencerraje era el nombre castellanizado con el que se conocía a un linaje nobiliario del reino de Granada cuyo significado era ” hijos del talabartero”. Un trabajo para el que hay que ser muy tranquilo, muy prolijo, muy cuidadoso porque lleva horas de quehacer.
El término talabartero significa correa ancha que el caballicero llamaba talabarta para ponerle un taliz al final y enganchar la funda de la espada. El vocablo albardonero era para designar a las personas que realizaban las albardas de las bestias (Almohadas rellenas de lana que caían sobre el lomo del animal, un aparejo necesario para montar sobre los animales).
El talabartero o el guarnicionero diseña, elabora y repara correajes y demás guarniciones que se ponen a las caballerías para que tiren de los carruajes o para montarlas o cargarlas. Los maestros talabarteros en Jerez llevaban a cabo sus creaciones en diferentes fases: diseñaban el arreo, seleccionaban la piel curtida con la que iban a elaborarla, marcaban el diseño en la piel y la cortaban conforme al mismo. Cosían; adornaban y colocaban los elementos metálicos como hebillas o tachuelas. Estas guarniciones, atelajes, arreos o aparejos, los ajustaban a la talla de la caballería a las que se destinaba facilitando sus movimientos naturales y preservando de molestias y golpes.
El máximo esplendor de estos artesanos talabarteros en Jerez de la Frontera, se alcanza, desde mediados del siglo XVI, hasta mediados del siglo XX.

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PATRÓN DE LOS CONDENADOS A MUERTE Y DE LOS LADRONES EN JEREZ DE LA FRONTERA

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Posiblemente es la única capilla que existe como tal en Europa, se encuentra en Jerez de la Frontera: Capilla de san Dimas. ––San Dimas es un santo que devuelve los objetos (dinero incluido) robados––.
La iglesia de San Juan de los Caballeros de Jerez de la Frontera tiene sus orígenes en la reconquista de la ciudad por parte de las tropas del monarca Alfonso X el Sabio en 1264, y en la actualidad guarda la única capilla, tipo de oratorio, bajo la advocación de san Dimas, patrón de los condenados a muerte y de los ladrones.
El Buen Ladrón, conocido como san Dimas, fue el primer santo de la historia de la Iglesia. Este fue crucificado a la derecha de Jesucristo, al cual reconoció como Hijo de Dios diciendo: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”, y Cristo le prometió algo que a nadie más: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lucas 23, 39-43).
En el evangelio apócrifo el Protoevangelio de Santiago, José de Arimatea explica que “El segundo […] se llamaba Dimas; era de origen galileo y poseía una posada. Atracaba a los ricos, pero a los pobres les favorecía. Aun siendo ladrón, se parecía a Tobías, pues solía dar sepultura a los muertos. Se dedicaba a saquear a la turba de los judíos; robó los libros de la ley en Jerusalén, dejó desnuda a la hija de Caifás, que era a la sazón sacerdotisa del santuario, y sustrajo incluso el depósito secreto colocado por Salomón. Tales eran sus fechorías”.

A san Dimas, la Iglesia, oficialmente, nunca lo ha canonizado. Siempre reconoció su culto y aceptado que fue el propio Jesús quién lo canonizó en la cruz. San Dimas es venerado en muchísimos lugares, en unos como el Buen Ladrón y en otros como san Dimas.
El papa Benedicto XIV en su bula “De servorum Dei beatificatione et Beatorum canonizatione”, publicada en el año 1841, tratando del culto al Buen Ladrón tanto en Oriente como en Occidente, niega que pueda ser llamado mártir en el sentido propio del término. Está inscrito en el Martirologio Romano, aún sin citar su nombre, el día 25 de marzo junto a la Solemnidad de la Anunciación.
A san Dimas los fieles católicos recurren para recuperar los bienes robados a través de oraciones de petición:
“Oh, glorioso san Dimas
Te suplico que intercedas por mí
Ante Dios Nuestro Señor,
Para que ablande el corazón de la persona
Que me ha robado,
Para que me devuelva mis bienes.
Oh, glorioso san Dimas,
En ti pongo mi fe y mi confianza,
Sé que tú pedirás a Dios Nuestro Señor
Que haga este milagro,
Santo mío,
Me pongo bajo tu protección y amparo
Confió y espero este prodigio,
Que tú no me negaras”.

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EL CRIMEN DE LA BIBLIOTECA CENTRAL

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Los muertos no hablan, el hecho de morirse solo es un detalle del vivir. Todos sabemos que la muerte es segura —a fin de cuentas, nadie puede evitarla—. Lo que olvidamos con frecuencia es que la muerte puede llegar en cualquier momento.
Si no contamos el pinchazo un poco doloroso en su brazo izquierdo cuando se dirigía al trabajo, a Arturo Jiménez nada le hacía presagiar que ese jueves iba a ser diferente de otros jueves, en la rutina diaria como técnico en la Biblioteca Central de Jerez de la Frontera.
A la misma hora, y en otra parte de la ciudad, el camarero Antonio Velasco, trabajador del Bar Margarita, se halla colocando las mesas en la terraza, disponiéndolas para los desayunos. Del exuberante árbol, algo llama su atención, un algo que sobresale entre las ramas del frondoso vegetal plantado en la mitad de la plazuela vieja llamada popularmente Alameda del Banco.
Antonio llevado por la curiosidad se acerca a ver con más detenimiento de qué se trata, sobresaltándose cuando reconoce de inmediato que quien se encuentra colgado del árbol es Santiago Fernández, el reputado arqueólogo municipal, asiduo cliente suyo en el bar de la plaza. ¿Cómo habrá ido a parar ahí, a esas alturas? Se pregunta, mientras un grupo de curiosos va arremolinándose, poco a poco, a su vera.
Días atrás, la bibliotecaria Amparo Rivero se la comen los nervios en su minúsculo gabinete de la planta segunda. No es para menos, el libro “La Vendimia” , se ha esfumado en sus propias narices, y nadie da razón de su paradero. La desaparición lleva conjuntamente una caja repleta de apuntes y legajos notariales, entre los cuales recuerda algunas escrituras de propiedad.
El descubrimiento de “La Vendimia”, ha sido gracias al arqueólogo Santiago Fernández y otra compañera de trabajo cuando revisaban unas polvorientas cajas amontonadas en una de las habitaciones olvidadas de la biblioteca.
Levantó un revuelo el inesperado acierto, minimizado su importancia por el archivero Sebastián Sáenz, aunque este no pasó por alto el contenido y menos las posibles repercusiones de llegar a salir a la luz pública, para menoscabo económico de muchos vinateros de renombre en la ciudad, igualmente salpicaría de refilón al Consejo Regulador de la Denominación de Origen Jerez-Xérès-Sherry.
Este hallazgo venía a ser uno de los más importantes en la Biblioteca Central desde los tiempos en que se encontró el incunable de M. Valeriis Martialis impreso en Venecia, Italia, o el códice medieval del siglo XIII procedente de un monje exclaustrado del monasterio sevillano de san Isidoro del Campo.

En su despacho y a través de la ventana el archivero municipal Sebastián Sáenz ve todo el ajetreo de la policía y una grúa pluma. Para Sebastián Sáenz, la policía siempre es presagio de malos tiempos. El archivero en los últimos meses ha tenido una temporada revuelta de incertidumbre en su trabajo. Ayer, sin ir más lejos, menuda bronca escuchó en la oficina del director Ramón Portales, en donde se cruzaron voces enconadas de discusión, alternando los gritos recriminatorios alterados del arqueólogo Santiago Fernández, más palabras atenuadas de la bibliotecaria Amparo Rivero y del funcionario Arturo Jiménez. Curiosamente ninguno de los dos ha venido hoy a trabajar ––cayó en la cuenta––.
El subcomisario Antonio Diéguez y la comisaria María Valverde, llegaron a la plaza y observaron el marrón que se les venía encima. La Policía Municipal esta vez ya se les había adelantado, afortunadamente mantenían a los carroñeros de la prensa a buena distancia. Piensa la comisaria Valverde, que esto de un muerto colgado en lo alto del árbol es lo que en argot y jerga policial se denomina un “cisne negro” o suceso de difícil explicación, percibido como altamente improbable.
Perdón que la interrumpa ––le dice el subcomisario Diéguez–– una llamada de la central en la Plaza Arroyo para usted.
Es el Superintendente jefe Luis Callejo, le comunica un suceso en las Torres de Córdoba, parece ser que una mujer se ha suicidado arrojándose desde la séptima planta con el bolso y zapatos de tacón rojo puestos. Ha sido identificada como Amparo Rivero.
Agregó el Superintendente: son muchos muertos en la ciudad y, por escasez de personal, el permiso dado a usted de vacaciones, lo aplazamos hasta nueva orden.
La comisaria Valverde cierra el móvil y se queda cabreada: en donde manda capitán no manda marinero, tenía hotel reservado para un esperado y merecido descanso con su nuevo novio en Lisboa y sur de Portugal.
¡Manda huevos! ––es lo único que atina a decirse a sí misma––
En un extremo de la plaza, un hombre misterioso, bien vestido, amparado detrás de la discreción dadas por unas gafas oscuras de lujosa marca, observa con detenimiento el levantamiento del cadáver, aunque mejor y más propio sería llamarle bajada del árbol. Es Daniel Grao, ser peligroso en donde los haya. Vigila los resultados de lo que según su propio convencimiento ha sido un trabajo profesional bien hecho de la Agencia de Cobros y Servicios. Con una copa fría de vino oloroso en la mano, hace planes y cuentas en qué se va a gastar el dinero ganado. Va a estar en Tossa de Mar. Para que luego digan las películas y novelas que el crimen no es rentable, ni se comen perdices.
Apurando la copa, llama al camarero y paga la consumición. Levantándose de la silla encamina sus pasos tranquilos por la calle Larga perdiéndose poco después entre la gente. Misión cumplida.

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NOTA: El escrito es ficción, cualquier parecido con la realidad es simple coincidencia.

VESTIMENTA EN EL FLAMENCO – JEREZ

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Los gitanos tenían sus propios trajes que fueron variando a lo largo de los siglos, pero que siempre les distinguieron del resto. Los rasgos más llamativos del atuendo de las gitanas eran los tocados con bandas o cintas entrecruzadas.
Las gitanas también usaron para cubrirse la cabeza un trozo alargado de tela enrollado como un turbante. Mantos atados sobre uno de los hombros hechos con telas o mantas, en los que en ocasiones envolvían a sus hijos. Otro de los rasgos representativos del traje de las gitanas era el empleo de telas rayadas. Las faldas que usaban las gitanas podían ser largas hasta los pies o dejar ver los tobillos e incluso las pantorrillas.
El Demonio duerme en el cuerpo de los gitanos y se despierta con la zarabanda. Felipe III prohibió en la pragmática de 1619 usar los trajes y lenguas de los gitanos, castigando el incumplimiento con la pena capital, y Felipe IV, en 1633, vetó la aparición de los gitanos en danzas y teatros bajo pena de doscientos azotes y seis años de galeras.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII emerge el traje regional andaluz, cuyo origen se encuentra en el traje de faena de la mujer andaluza. Se popularizó más tarde en las ferias de ganado, cuando acudían las mujeres como acompañantes de los tratantes.
Hasta que no se profesionalizó el flamenco, no se le dio importancia a una indumentaria diferente, siendo en ese momento cuando esta es utilizada como reclamo de los espectáculos. Habrá que esperar hasta bien entrado el siglo XVIII para encontrar los primeros profesionales de este arte.
Tenemos que comprender que las primeras indumentarias usadas para la interpretación del flamenco, fueron las mismas que las llevadas de manera cotidiana.
También asomó la antecesora de la bata de cola flamenca, llamada bata de cola, ya que arrastraba en su parte trasera, gracias a unos pliegues en la espalda que daban el vuelo necesario; siendo estos ajustados al cuerpo por medios de cordones o cintas. Se confeccionaba en pequín (tejido labrado) de seda en tonos pastel, espolinado con delicados adornos florales. El cuerpo tenía el escote redondeado, y la manga de tres cuartos. Debajo asoma la falda o brial con pequeñas tablas superiores que le proporcionaban el vuelo y en los laterales presenta dos pequeñas aberturas que se abrochan por medio de cintas que permiten ocultar algún tipo de bolsillo interior o faldriquera.

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FUENTE: Fátima Franco, otros