LA CESTA DE LA COMPRA Y EL CURRO EN EL JEREZ DEL S. XV (1419-1497)

Un brazo (1 kilo) de ajos valía 1,5 maravedís.
Un brazo (1 kilo) de cebollas valía 1 maravedí.
Una arroba de aceite (16 litros) valía 55 maravedís.
Un pan de una libra valía 2 maravedís.
1 Celemín de garbanzos (4,6 dm³) valía 6 maravedís.
1 Celemín de judías (alubias) valía 7 maravedís.
1 libra (1 lb = 0,4536 kg) de queso de oveja valía 3,5 maravedís.
1 arrelde (4 libras) de cerdo fresco costaba 17 maravedís.
El carbón, además de por cargas, se adquiría por sacos, siendo esto último lo más corriente. El precio nominal de la carga de carbón fluctuó entre 23 y 27 maravedíes, en los años 1449 y 1454.
En aquellos tiempos una peonada, es la extensión que un peón podía trabajar en una jornada. Solían ser unos cuatrocientos metros cuadrados. Un peón cobraba entre 12 y 14 maravedíes.

Los artesanos de la construcción trabajaban de dos formas diferentes, bien a jornal, es decir, recibiendo un salario por cada día de trabajo, o bien a destajo, sistema según el cual se les pagaba una cantidad, estipulada previamente, por una obra completa, sin tener en cuenta el tiempo empleado en realizarla.
El trabajo a jornal era el más usual en la Obra Nueva y, por regla general, los maestros que trabajaban en la Obra Vieja lo hacían a destajo. Los maestros ocupaban el puesto más alto del escalafón dentro del oficio que se tratase y, por tanto, eran los que percibían un sueldo superior. Eran ayudados por otros maestros, de menor categoría por los oficiales, que muchas veces eran sus criados o sus mismos hijos. El último escalón estaba ocupado por los peones que realizaban un trabajo no-cualificado, al contrario de los maestros y oficiales y, muchas veces, trabajan en lo que se les ordenaba, y a fuese para ayudar a los maestros albañiles, carpinteros, herreros…

LOS CAPILLITAS “DUROS” DE JEREZ

Pueden ser altos o bajos, guapos o feos, extravertidos o introvertidos. No tienen miedo a la crítica, ni al qué dirán, ni a que los demás no les acepten. No tienen nada que demostrar a nadie. Ser duro en Jerez de la Frontera, es mucho más que hablar con fuerza.
Durante todo el año mantienen la sana costumbre, y arte, de empinar el codo; son de vino fino, oloroso o amontillado. Cuando llega la cuaresma hacen penitencia. Cuarenta días dejan de beber, se pasan a la cerveza sin alcohol. Tienen muy clara esta frase: “Señor, dame fuerzas para no beber todo aquello que pueda beber. Serenidad para aceptar todo aquello que no pueda copear. Y sabiduría para distinguir una cosa de la otra”.

LA SOLEDAD DEL PENITENTE JEREZANO

A veces asumimos posiciones con demasiada prisa, decimos: soy ateo, agnóstico, creyente… La pregunta no es si crees o no, sino por qué desde hace tanto tiempo nadie puede evitar plantearse este dilema.
No se educa para la soledad, para la reflexión, para el autoconocimiento. Se nos educa para que nuestra agenda sea tan ajetreada que no tengamos un minuto para pensar en nuestras vidas.
Nacemos solos, vivimos solos en una soledad multitudinaria, morimos solos y nos enfrentamos solos a nuestro propio Juicio por únicamente nuestros propios actos. La soledad es un terreno propicio para la locura, si se trata de una soledad espiritualmente estéril. Un viaje alucinado por las cicatrices interiores.

El sistema ha logrado desencadenar una terrorífica guerra que aísla al individuo y lo vuelve más débil y manejable que nunca. Es la sociedad reducida a una simple suma de egos sin alma, enfrentados por el principio de competencia y unidos por la mutua desconfianza. Puedes, como les ocurre a muchos, perder el contacto con la realidad, volverte inadecuado a tu tiempo y refugiarte en lamentos y rencores hacia el presente.

El poder, la ambición, la nostalgia, las dudas, la soledad y el paso del tiempo sobrevuelan. Es esencial convencernos de que hay dominios de soledad, de secreto, a los cuales no todo el mundo tiene acceso. Ese terreno personal que se llena de melodía, de aquel dolor y de aquella dulzura que el cantaor de saetas de Jerez de la Frontera pone cuando pide la soledad, porque quiere hablar consigo.
El Nazareno está solo, vive en la calle de la soledad.

TRES JOYAS MARAVILLOSAS DE LA SEMANA SANTA JEREZANA


(Cristo de la Viga)

Vivimos en un mundo muy ateo y la religiosidad que hay es de poco fundamento, de poco calado, de poca hondura. La Semana Santa en Jerez de la Frontera, no es totalmente un fenómeno religioso, sino una mezcolanza de tradición, rito e idolatría, que es la manera sincera en que los jerezanos creen en su fe verdadera.
Decía el padre Repetto, que en la Semana Santa de Jerez, solo hay dos procesiones realmente y el resto es un “ventilar a los santos”. Para este cura, que no tiene pelos en la lengua, en la Semana Santa de Jerez hay dos o tres procesiones de verdad, las demás son sacar a los santos a ventilar, y que procesión, procesión es la que hace Amor y Sacrificio, con todo el mundo rezando, todo el mundo en penitencia. Y eso es nada menos que el capítulo 7 del ritual romano, donde se explica qué es una procesión, un tiempo de oración, no de cachondeo.


(Palio de la la Virgen del Mayor Dolor)

La verdad es que por estas tierras se han paseado en parihuela a todos los dioses del planeta, se paseaba a Astarté, a Juno, a Orfeo… El pueblo jerezano ha sido muy de pasear a sus dioses. Ahora mismo hace ni más ni menos que lo mismo. Oponerse a eso es oponerse a su concepto de religión. No se entendería de otra manera.
En Jerez de la Frontera, el Barroco toma las calles en un ambiente lúdico del acontecimiento, que se mezcla con la fe estremecedora de muchos, y una música bella de fondo, como las saetas. Al hablar de Semana Santa jerezana debemos mencionar obligatoriamente a esa figura singular conocida como “capillita”. A quienes se les define de frikis de la Semana Santa. El término capillita no es despectivo, es una manera de vida, un sentimiento.
En la Semana Santa jerezana, como tal, es una manifestación única en su género, en donde caben todos.


(Altar de Insignias de La Lanzada)

LA SAETA RELIGIOSA EN JEREZ DE LA FRONTERA

No soy creyente, si espiritual. Según san Agustín: quien canta, reza dos veces. En Jerez la sístole y la diástole de la saeta se potencian, se disparan energéticamente si la escuchamos en la iglesia de San Miguel o en San Mateo. Tu ser se concilia. Es una experiencia única y personal. En estos dos espacios sentimos el alineamiento de los chakras, y visualizamos las energías fluyendo en el lugar, armonizando y limpiando las células de nuestro cuerpo. Los templos cristianos de San Mateo y San Miguel, abren una puerta, un umbral a otros mundos, en donde las personas sensibles experimentan desconexiones de la realidad.

Antiguamente, entre el siglo XIV y XV, con el ánimo de convertir a las gentes, los franciscanos cantaban por las calles unos versos que decían: «Quien perdona a su enemigo / a Dios gana por amigo»; «En asco y horror acaba / todo lo que el mundo alaba»; «Dios vengará sus ofensas / el día que menos piensas»; «¿Cómo se piensa salvar / quien no quiere confesar?». Se llamaban saetas penetrantes o del pecado mortal porque provocan un enorme impacto moral en el auditorio: un flechazo. En tanto los franciscanos anduvieron fundando cofradías aquí y allá, estas saetas entraron a formar parte de las prácticas devocionales, y pasaron de cantarse a la gente a cantarse a las imágenes.
Sin duda alguna, no parecía oportuno pedir que se alejaran del todo de los vicios del mundo, por esto las letrillas empezaron a relatar hechos de la Pasión. Estas saetas se llaman llanas o lisas, porque se cantan en algo parecido al tono recto. Tienen entre cuatro y seis versos octosílabos y las cantaban los hermanos de las cofradías, en los templos y en las procesiones, a modo de oración pública. Es una saeta sobria, que no se aplaude.

“En una cruz lo pusieron,
desnudo y descoyuntado.
Hiel y vinagre le dieron,
con sarcasmo se mofaron
y en el rostro le escupieron”.

Las saetas modernas en Jerez de la Frontera, son saetas flamencas, que se cantan por seguiriyas o carceleras (martinetes).

EL “LIBRO NEGRO” QUE GUARDA LA BIBLIOTECA CENTRAL DE JEREZ

Los españoles saben mucho, y muy bien, de la limpieza artificial de las culpas de la historia. La ordalía o juicio de Dios era un método de administrar justicia (es un decir) propio de la Europa medieval, según el cual era el acusado quien tenía que demostrar su inocencia ante una acusación. Brujas, herejes, negros, judíos y demás perseguidos, oprimidos y esclavizados padecieron esta forma de humillación y castigo hasta tiempos muy recientes (1834). La mecánica era muy sencilla y el acusado no tenía que demostrar su inocencia mediante pruebas, coartadas, testimonios ni documentos: le bastaba con sobrevivir al tormento. Si después de unas sesiones de tortura, seguía entero, Dios había dictaminado que no era culpable. El tal Dios, por desgracia, no se prodigaba en absoluciones: el acusado era condenado en el momento mismo de la acusación, y los latigazos, el potro o la hoguera eran en realidad su pena.

El fanatismo, la intolerancia y el fundamentalismo religioso es un acto repudiable. La Biblioteca Central de Jerez de la Frontera guarda una documentación valiosa que nos permite conocer la parte mas oscura de la humanidad en Occidente.
¡Cuidado!, que estamos cruzando líneas peligrosas, como que todo lo que se diga y se publique en un medio baste para que esa persona ya sea culpable, con la ruina personal que implica y sin derecho a una defensa y un juicio justo.
La Biblioteca Central jerezana, posee una joya de la Inquisición. Es un libro pequeño, lúgubre, tiene pocas hojas, no obstante ha producido mucho dolor, sufrimiento y muerte. Su último propietario tenebroso, en ejercicio, respondía al nombre de D. José Díaz Garate, que ostentaba el siniestro cargo de Notario del Sano Oficio.

UNA VEZ EN LA VIDA, EN JEREZ

De existir Dios (un Ser superior), seguro que nos ha formado de una manera que logramos sentir el amor en el corazón de cada uno de nosotros, y no ilusiones construidas por la fama ni el dinero que ganemos en nuestra existencia. Si tenemos dinero, podemos contratar a alguien para conducir nuestro coche, pero no conseguir  contratar a alguien para que lleve alguna enfermedad propia en lugar de cargarla nosotros mismos.
En la sociedad contemporánea nadie es capaz de contemplación. Hoy día, todo el mundo es artista, todo el mundo quiere decir algo, escribir algo, colgar algo en Internet. Todo el mundo está interesado en hacer cosas, pero nadie tiene tiempo ni interés por mirarlas. Nadie está interesado en ser persuadido por nada.
Internet es fundamentalmente un instrumento de observación y vigilancia de la gente y que todos estamos atrapados dentro de esa máquina, permanentemente expuestos a la mirada del otro.
Hubo en su época, muchas pinturas hechas de la Síndone que se tocaban al sudario para ser veneradas como reliquias Una réplica se trajo a Jerez en 1572 y otra se encuentra en el convento de Santo Domingo en Toledo, de hecho hay cerca de 110 copias conocidas.

El Sudario de la Basílica de la Merced ofrece unas dimensiones similares al original de Turín (4,32 x 1,10). Pero tal vez, la característica más peculiar de esta copia de la Síndone es, que la figura del cuerpo, se encuentra enteramente cubierta por una película o tintura de color anaranjado. Aunque bien pudiera ser para proteger a la propia imagen ya que, como era costumbre, antiguamente era expuesta al público y, o bien por el humo de las velas, o por la costumbre de rozar la tela con pertenencias de seres queridos, esto hubiera podido deteriorar la imagen.
Seas creyente, ateo, o desertor de cualquier cosa, una vez en la vida tienes que contemplar con los sentidos del alma, la réplica de la Síndone de Turín que posee el cenobio jerezano desde el siglo XVI.