LA SOLEDAD DEL PENITENTE JEREZANO

A veces asumimos posiciones con demasiada prisa, decimos: soy ateo, agnóstico, creyente… La pregunta no es si crees o no, sino por qué desde hace tanto tiempo nadie puede evitar plantearse este dilema.
No se educa para la soledad, para la reflexión, para el autoconocimiento. Se nos educa para que nuestra agenda sea tan ajetreada que no tengamos un minuto para pensar en nuestras vidas.
Nacemos solos, vivimos solos en una soledad multitudinaria, morimos solos y nos enfrentamos solos a nuestro propio Juicio por únicamente nuestros propios actos. La soledad es un terreno propicio para la locura, si se trata de una soledad espiritualmente estéril. Un viaje alucinado por las cicatrices interiores.

El sistema ha logrado desencadenar una terrorífica guerra que aísla al individuo y lo vuelve más débil y manejable que nunca. Es la sociedad reducida a una simple suma de egos sin alma, enfrentados por el principio de competencia y unidos por la mutua desconfianza. Puedes, como les ocurre a muchos, perder el contacto con la realidad, volverte inadecuado a tu tiempo y refugiarte en lamentos y rencores hacia el presente.

El poder, la ambición, la nostalgia, las dudas, la soledad y el paso del tiempo sobrevuelan. Es esencial convencernos de que hay dominios de soledad, de secreto, a los cuales no todo el mundo tiene acceso. Ese terreno personal que se llena de melodía, de aquel dolor y de aquella dulzura que el cantaor de saetas de Jerez de la Frontera pone cuando pide la soledad, porque quiere hablar consigo.
El Nazareno está solo, vive en la calle de la soledad.

DE JEREZ A JEREZ Y TIRO PORQUE ME TOCA

Según Ibn Galib, la capital de la Cora era Saris Saduna, es decir Jerez; sin embargo, al- Udri primero, y más tarde, al- Himyai sitúan su capital en Qalsana (Calsena), ciudad yerma, localizada por Dozy en la confluencia de los ríos Guadalete y Majaceite, al sur de Arcos de la Frontera. Otra ciudad yerma, no lejos de Qalsana, es Lakka, que correspondía a la antigua ciudad romana de Lacca, exportadora de aceite a Roma, y que daba nombre al río que por ella pasaba Wadi Lakka, o Guadalete. Dice al-Mimyari que la antigua capital de la región había sido Medina Sidonia, llamada a partir de finales del s. IX, Madinat Ibn al- Salim.
Los límites de la Cora de Saduna (=Sidonia) parecen relativamente fáciles de determinar con los textos de al-Razi y de Ibn Galib; por el Norte limitaba con las coras de Sevilla y Morón; al Este lindaba con la gran Cora de Écija (ya que, según el-Razi y otras fuentes, éste incluía a la ciudad de Ronda) y con la Rayya; por el sur limitaba con la Cora de Algeciras, en la laguna de La Janda, y por el oeste, con el Atlántico. Incluiría gran parte de los actuales partidos judiciales de
Sanlúcar, Jerez, Arcos, Puerto de Santa María, Chiclana, Medina Sidonia, Grazalema y Olvera.

LA LÚGUBRE INQUISICIÓN EN JEREZ

Andalucía se ha estudiado con la intención de hacer un relato único y reduccionista desde el nacionalcatolicismo, con la eliminación del influjo morisco, sefardí o sufí. Se ha enseñado desde una sola religión, lengua y poder.
Nos encontramos ante una “mutilación” del pasado y la necesidad de reconstruir la memoria con un rastro de huellas “apabullante”.
“Es un proceso donde una cultura y una fuerza política que tiene una cierta supremacía intenta dominar otros pueblos y descaracterizarlos, obligarlos a disfrazarse en sus identidades, cambiar de nombres, mantener las puertas abiertas para que la Inquisición pueda mirar todo lo que pasa en la casa. O sea, asistimos realmente a un proceso de colonización”.
Se puede decir sin ninguna duda que la Inquisición actuó en Jerez desde el año 1481. La confiscación y aplicación al fisco regio de todos los bienes que poseyesen los condenados a partir de 1479, fecha de la bula de instauración de la Inquisición, daría lugar en Jerez a las numerosas quejas que se mencionan en las actas capitulares, pues afectaba a todos los bienes que el condenado por herejía hubiese enajenado a partir de dicha fecha, y significaba su pérdida por parte de sus poseedores.

Son tratables las certezas académicas en donde añaden una represión religiosa, política, social y cultural desde un “norte de reinos sin ciudades hacia un sur de ciudades sin reinos”. “Traen a extranjeros, belgas, franceses o alemanes y se les entregan las tierras para que las ocupen condenando a los que estaban ya aquí a ser nadie”. Felipe V se considera español siendo francés y en cambio se niega la españolidad a Abderramán III “que es hispano de los pies a la cabeza”.

Marc Sala nos dice que cuando los moros invadieron la península y empezaron a conquistar territorio, con ellos trajeron ciencia e higiene. Sus fuentes, piscinas y baños y sus costumbres sanitarias chocaron frontalmente con la fe cristiana. Es por eso que se extendió la creencia de que no había que bañarse si se era cristiano y que la suciedad era virtud. Es más, se llegó al punto de que si se podía pasar un año entero con la misma ropa sin habérsela quitado nunca se llegaría obtendría el “olor de santidad”.
Era tal la aversión al agua que el propio Cardenal Cisneros, aconsejó a los Reyes Católicos que cerrasen y prohibieran los baños moros en Granada después de su reconquista. “El único agua que tocarán los moros será el agua bendita” se cree que llegó a decir. En la Inquisición, la purificación se alcanzaba a través del fuego.

LOS FANTASMAS DE GOYA. PELICULA COMPLETA. en Español

FUENTE: Marc Sala, F.J. García Rodrigo, V. Feréal, M.García Guzmán otros
Película: LOS FANTASMAS DE GOYA – Milos Forman

LA VIRGEN MORENITA DE CHIPIONA – DOCUMENTO FOTOGRÁFICO

La leyenda dice que la veneró San Agustín en su oratorio, más ante la inseguridad de que se apoderaran de ella los vándalos en sus incursiones en Hispania, se trasladó a las costas gaditanas por los eremitas agustinianos.
Transcurrido un tiempo fue guardada en un pozo, bajo una higuera, para evitar la profanación de los musulmanes, y hallada de modo milagroso en el siglo XIV por un canónigo reglar de León. Junto al Santuario se erigió el Humilladero, para reafirmar esta devoción remozada en la leyenda.
Nuestra Señora de Regla, existe en el monasterio del mismo nombre en la localidad gaditana de Chipiona. Las fotos son de inicios del s XX.

CABALLOS DE FUEGO Y GLORIA EN SANLÚCAR DE BARRAMEDA

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Me entremezclo, dejándome engullir por el ambiente, en medio de la gente que anualmente acude a las playas de Sanlúcar de Barrameda a presenciar un evento de enorme belleza plástica que invade e inunda nuestras pupilas de los ojos con una paleta de infinitud de vivos colores, armonizados bajo la batuta de una briza suave de poniente.
Mientras los cascos de los caballos retumban en nuestros corazones, pasando veloces en pos de la efímera gloria, no puedo evitar pensar en el dios Febo.
La mitología cuenta que para descansar, el Dios Febo desenganchaba los caballos de fuego de su carroza al llegar a las costas de Sanlúcar.
Febo, dios del sol, estaba encargado de dar luz y calor a la Tierra. Sobre su carro esplendente- tirado por caballos indómitos que sólo obedecían a su auriga- recorría diariamente la amplia ruta del espacio. Los rayos ardientes del carro pasaban a una justa distancia de la superficie de la tierra. El curso era regular, de oriente a occidente, y la luz y el calor, nunca excesivos, maduraban las mieses y hacían felices a los hombres. Entre éstos vivía entonces Faetón, gallardo hijo de Febo y su esposa Climena, cuyo corazón rebosaba de orgullo cuando veía pasar en lo alto el espléndido carro de su padre. Éste no podía detenerse nunca para hacer una caricia a su hijo; ni siquiera una mirada podía dirigirle, ocupado siempre en conducir sus indómitos corceles.
Faetón no se consolaba de esta falta de consideración de su padre. En más de una ocasión fue ridiculizado por los hombres, quienes sospechaban que la paternidad de Febo era pura fábula y mentira. Para demostrar al mundo que él era, efectivamente, hijo del dios del sol, el joven se presentó a éste, en su morada celestial.
Febo recibió a su hijo en su sala esplendente, sentado en su trono de luz, acompañado de las cuatro Estaciones y circundado por las veinticuatro doncellas de las Horas.
-¿Qué ocurre, hijo?- preguntó el dios a Faetón- ¿Qué pena te apesadumbra? ¿Qué te falta allá, sobre la Tierra?
-Padre mío: tu indiferencia hacia mí cuando pasas, guiando tus corceles por la ruta del cielo, hace pensar a los hombres que no es cierto que soy hijo tuyo. Necesito demostrarles que están en un error. A decir verdad, yo mismo dudo a veces de que seas realmente mi padre.
-¡No lo dudes, Faetón! Tú eres hijo mío, te lo aseguro. Para darte una prueba de ello, prometo concederte el don que me pidas.
-¿Cualquiera que sea mi deseo?
– Cualquier deseo tuyo será satisfecho, hijo mío; habla.
– Pues bien, quiero ver lo que ningún ojo humano ha visto hasta ahora: la esfera de cristal del Universo desde la ruta que recorres diariamente en la bóveda del cielo. Quiero subir sobre tu carro de luz y guiar un día entero tus veloces caballos.

Al oír tales palabras, Febo se arrepintió de haber prometido que iba a acceder a cualquier petición de su hijo. No podía permitir que éste corriera el riesgo de una catástrofe, provocando un desastre irreparable.
-Hijo mío-exclamó el dios en tono persuasivo-: no tienes idea de lo que significa regir esos corceles para que no se aparten de la ruta fijada. Son caballos indómitos, que sólo la mano de un dios puede sujetar.
Faetón meneó la cabeza. Quería significar que ninguna razón podía apartarlo de su propósito. Debía concedérsele lo prometido.
-¿No comprendes, hijo, que un solo momento de descuido, un instante de debilidad, hará que el carro se desvíe de la ruta? Un pequeño alejamiento de la Tierra provocaría la muerte de todos los seres vivos por falta de calor; una pequeña aproximación secaría los arroyos, los ríos, los mares y todas las fuentes quedan vida a las plantas, a los animales y a los hombres.
Ni los argumentos ni el tono doliente y persuasivo de Febo conmovieron al terco joven.
-Quiero demostrar a los hombres que soy digno hijo del dios del sol. Estoy seguro de que guiaré con firmeza tus caballos.

Agotados todos los argumentos, Febo recurrió a los ruegos y súplicas; pero Faetón mantuvo firmemente su decisión. La promesa debía ser cumplida.
A la hora señalada por Zeus desde los tiempos más remotos, el carro del sol estaba listo para emprender la diaria carrera por el firmamento. En el momento en que el joven empuñó las riendas, Febo, temeroso de lo que pudiera hacer su hijo, le hizo las últimas recomendaciones.
-Espero que Zeus te dé fuerzas para mantener sujetos a los caballos durante la jornada entera. No descuides ni un instante las riendas. No te distraigas y, sobre todo, no trates de mirar hacia abajo.
Faetón ardía de impaciencia. Con las riendas en su puño firme, esperaba el minuto preciso del comienzo de la carrera. Estaba seguro de que el éxito coronaría felizmente su audaz empresa, logrando así la consideración y el respeto que le negaban los hombres.
Al comienzo, la carrera se desarrolló normalmente. Parecía que los caballos no habían advertido el cambio de auriga. El carro refulgente hora daba las sombras, y los caballos seguían la ruta acostumbrada.
“Ahora se despiertan los pájaros en sus nidos. A mi paso me saludan las aves con sus cantos. Todos los elementos de la tierra elevan hacia mí himnos de gracia. Ellos no saben, ni pueden imaginarse, que no es Febo el que guía hoy el carro del sol”.

Así iba pensando Faetón mientras los corceles, regidos por las riendas tensas, seguían por la ruta del cielo. El joven se imaginaba el espectáculo que a su paso se desarrollaba sobre la Tierra, cintas de ríos y arroyos centelleantes, brillo de olas marinas, verde de praderas inmensas, juego de nubes y trabajo fecundo de hombres laboriosos. ¡Qué hermoso debía ser ese espectáculo visto desde las alturas! Y en un momento de debilidad, en un instante de olvido de las recomendaciones paternas, el inexperto auriga dirigió la mirada hacia abajo. Fue un momento, más breve que el zigzaguear de un relámpago. Una de las riendas quedó floja; uno de los corceles lo advirtió y se separó lateralmente; los otros fueron atraídos por el primero, y el carro se desvió de la ruta.
Faetón quiso enderezar el curso para tomar el rumbo cierto, pero sus brazos no tuvieron fuerza suficiente para ello. Los corceles siguieron apartándose, indóciles al puño que los regía.

Cuando el carro del sol se acercó a la Tierra, vastas regiones ardieron de súbito. Campos y ciudades fueron presa de las llamas, y en poco tiempo, cultivos, arboledas, aldeas y urbes se transformaron en ceniza. Grandes humaredas se elevaron al cielo, y Faetón se desesperaba al comprobar la inutilidad de sus esfuerzos. Aferrado a las riendas, veía con espanto que los caballos se alejaban ahora de la tierra. Un frío intenso sembró la muerte sobre vastas regiones. Ni plantas ni animales sobrevivieron en ellas. Los hombres corrían despavoridos en busca de los rayos del sol, pero éstos eran tan débiles por su lejanía, que el calor era insuficiente para mantener la vida.
Cuando Zeus, advertido del curso irregular del carro del sol, vio desde su trono que era una mano inexperta la que empuñaba las riendas, tomó uno de sus rayos y lo lanzó al espacio.
El rayo golpeó en pleno pecho al audaz auriga, y éste soltó las riendas y se precipitó en el vacío. El carro del sol se detuvo un momento, y Febo volvió a ocupar supuesto. Todo volvió a su quicio, la vida de la Tierra retomó su curso normal, y el desastre ocurrido asumió el carácter de un incidente pasajero. Pero en el país de Faetón persistió el recuerdo de su audaz empresa.

En la desembocadura del rio Guadalquivir, entre el horizonte del Parque de Doñana y el Paseo Marítimo, es el magnífico escenario en que discurren las Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda.
Tradicionalmente se ha admitido que el origen de las “Carreras de Caballos en la playa de Sanlúcar de Barrameda” estuvo en las competiciones informales que realizaban los dueños de ganado equino que era utilizado para el transporte de pescado desde el antiguo puerto de Bajo de Guía hasta los mercados locales y de poblaciones cercanas.
El espectáculo suele empezar sobre las seis y media de la tarde y concluye en torno a las nueve y media de la noche con más de 35.000 personas disfrutando del momento: la puesta de sol, con los pura sangre galopando por la orilla y Doñana al fondo.
Las casas de apuestas infantiles también compiten por ser las más originales. El objetivo del concurso, decidir qué niño posee la caseta más original de todo el ancho de La Pileta, La Calzada y Bajo Guía.
Casi todos los niños obsequian a los apostantes con unas gominolas. Todas las pujanzas se sitúan entre los cinco céntimos y el euro, un precio simbólico, motivo de alegría. No es extraño ver a adultos celebrando el éxito de su predicción, siempre junto a las casetas infantiles que les han dotado de ese momento de ilusión.

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MISTERIOS EN LA DESEMBOCADURA DEL GUADALQUIVIR

Fantasmas y apariciones del Palacio de Orleáns-Borbón y en el Castillo de  Santiago

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Si vamos a alborotar el avispero o meternos donde no se nos llama, lo mejor es ir preparados. El ritual de protección de la orden de los caballeros de Jerusalén te puede ayudar mucho, eso si, no implica que te libres, al cien por cien, de empotrarte en algún berenjenal morrocotudo. Esto del “mundo desconocido” o del “mas allá”, se las trae con poca gracia y salero.


(Ritual )

Cada día se implanta el interés por visitar de primera mano,  lugares con sucesos paranormales. El nuevo turismo de fantasmas se incrementa silenciosamente, soterrado bajo la adrenalina que mueve. Las joyitas del turismo de fantasmas en la provincia de Cádiz, las encontramos en Sanlúcar de Barrameda.
Al ya tratado aquí:  “LA DAMA BLANCA Y EL HOTEL CON ENCANTO EN SANLÚCAR DE BARRAMEDA” https://eltrotedelaculebra.wordpress.com/category/la-dama-blanca-y-el-hotel-con-encanto-en-sanlucar-de-barrameda/      es de obligado abordaje, inmiscuirnos en  el Palacio de Orleans-Borbón y en el Castillo de Santiago.


A nadie del lugar escapa que el fantasma de Don Alfonso d’Orleans-Borbón Principe d’Orléans (1912-1936), campea a sus anchas por las dependencias del palacio, se le suele ver por alguna de las estancias del que fuera palacio familiar y hoy Casa Consistorial. Te puedes cruzar con él en las escaleras  que van a la planta alta o en los jardines, especialmente junto a los dragos.
Era de todos conocido que la Infanta Beatriz veía con frecuencia a su hijo muerto en la guerra, con el que, según contaba, mantenía conversaciones de lo más banales. Algunos miembros del servicio de palacio, sobre todo los más ancianos, también afirmaban haberse encontrado con él cerca de los aposentos que había ocupado en vida, aunque nunca le oyeron pronunciar una palabra.
José Luis de Vilallonga se casó en Sanlúcar de Barrameda y se quedó en el Palacio de Orleans. El caso es que, vestido ya para la ceremonia, empezó a bajar por las escaleras para reunirse con doña Beatriz, del brazo de la cual tenía que entrar en la iglesia. Estaba ya en los últimos peldaños cuando salió a su encuentro Don Alfonso, con su guerrera inmaculada y sus alas de aviador.


(Palacio de Orleáns-Borbón)

  • Métete en cualquier sitio – dijo -, porque ahora va a bajar Pip y trae mala suerte ver a la novia antes de la boda. Sin esperar respuesta dio media vuelta y desapareció. Aquel aviador se parecía a don Álvaro, pero no era don Álvaro. Era el otro hijo abatido durante la contienda. Cuando minutos después se encontró con doña Beatriz, no pudo contenerse y le dijo en voz baja:
  • Yo también lo he visto.

La Infanta no se inmutó. Ni siquiera preguntó a quién había visto. Lo daba por entendido.

Podríamos definir el término “FANTASMA” como la representación visual, acústica o táctil del cuerpo no físico de una persona fallecida que, por diferentes motivos o circunstancias de su transitar como ser humano por el mundo de la vida, se ve aferrado a la misma bajo otra forma de existencia no física, manifestándose de diferentes formas ante seres humanos (familiares o amigos dependiendo del grado de vinculación entre ellos u otras personas y desconocidas para éste ente) y en determinados lugares dependiendo de la carga psíquica existente para ellos y en ellos.
Los fantasmas o espectros son polémicos fenómenos que admiten numerosas definiciones. Pueden ser calificados como:
1) El alma o espíritu de una persona muerta, que frecuenta algún lugar que tenía gran significación emocional durante su vida pasada.
2) La personalidad que adquiere un ser humano después de fallecido, aún atado a la vida.
3) Una clase de memoria psíquica de cierto ser o cosa muerta o destruida pero que sigue existiendo, en una forma semi-corpórea.

(Palacio de Orleáns-Borbón)

De acuerdo con los diversos testimonios divulgados, los fantasmas suelen tomar la forma de seres humanos, de animales e incluso de vehículos. Existen registros acerca de fantasmas -generalmente, de seres humanos difuntos- en la mayoría de las culturas de todo el mundo. Pero no hay consenso acerca de si los fantasmas son proyecciones de la imaginación o tienen existencia objetiva.
El Castillo de Santiago fue construido entre 1468 y 1492, es decir, a finales de la Edad Media, por el II Duque de Medina Sidonia: Don Enrique Pérez de Guzmán y Fonseca el Magnífico.


(Castillo de  Santiago)

Los fenómenos que a menudo suceden en su interior son verdaderamente anómalos. En el bar -restaurante llamado “La Cantina de la Guardia”, del interior del castillo, revientan en él las bombillas, sin ton ni son, y las velas que adornan sus mesas se encienden espontáneamente. Durante la jornada laboral, el primero en llegar al restaurante es el cocinero, encontrando en algunas ocasiones música en el interior y a todo volumen. Una señora cliente que se hallaba disfrutando de la buena comida, tuvo necesidad de ir a los servicios para aliviar el vientre pero al poco rato se la vio salir en polvareda, con cara desencajada, pidiendo la cuenta y diciendo que había escuchado gritos de dolor y padecido mucho miedo. A lo anterior hay que sumar las quejas reiteradas, formuladas por algunas personas asistentes a las salas de exposiciones, al ver figuras extrañas en las ventanas poco amigables.


Para los amantes del misterio este castillo es cita obligada, no les dejará impasibles, se lo aseguro.


 (Dragos, jardines del Palacio de Orleáns-Borbón)


 (Palacio de Orleáns-Borbón)


  (Palacio de Orleáns-Borbón)


(Castillo de  Santiago)


(Castillo de  Santiago)


(Castillo de  Santiago)

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PASO DEL GUADALQUIVIR


Se despereza la barcaza, levantan la rampa de acceso, los motores rugen, emergen turbulencias en las aguas y todo se estremece aparatosamente. Una señora “estupenda” que está a mi vera acompañada de una niña pequeña, se sujeta a mi brazo en acto reflejo. Yo me dispongo a irme con ella al fondo del rio si es necesario o donde haga falta.
La barcaza de la armada española que transporta peregrinos del Rocío, de una a orilla a otra del rio, es atendida por marinos vestidos de azul, descendientes de aquellos bajitos mal encarados y con muy mala leche que tanto pánico sembraron con sus abordajes temerarios entre los barcos enemigos. Los mismos que hicieron “cantar la gallina” a los ingleses en Cartagena de Indias capitaneados por el “medio hombre”, D. Blas de Lezo.


De este lugar donde me encuentro, partió Magallanes  en 1519 con una tripulación de 265 hombres de distintas razas y nacionalidades, regresando tres años después  Juan Sebastián Elcano con la nave Concepción y tan solo 18 hombres. Habían confirmado la esfericidad de la Tierra y completado la primera vuelta al mundo.
La peregrinación es una de las formas de viajar más antiguas y tiene unas dimensiones espirituales entroncadas con las raíces comunes de la conciencia colectiva de la mayor parte de las sociedades. La romería es un sitio único para ahondar en las características esenciales de la cultura Andaluza. El cruce en barcazas del río Guadalquivir con sus carretas, caballos es uno de los momentos más especiales para las hermandades gaditanas, que atraviesan el río, en dos jornadas por las que circulan por este paraje casi 10.000 personas.


El fenómeno rociero se caracteriza por su autenticidad frente a otros aspectos más economicistas de otros modelos de Turismo religioso, como por ejemplo el que tiene lugar en Lourdes, Fátima, Roma o Santiago de Compostela, por poner algunos ejemplos, en los que predominan aspectos más económicos de otros modelos de Turismo religioso.
Aquí se produce una cohesión social y cultural que permite que el grupo realice el ritual de la peregrinación rociera año tras año y transmita ciertos valores (hermandad, altruismo, comunicación, etc.) que son los que convierten la misma en un paradigma dentro del mundo de las peregrinaciones católicas. El Rocío es pues un fenómeno social y turístico privilegiado, porque en él confluyen los tres sentidos del concepto de patrimonio: el artístico, el cultural etnológico y el natural.


Me hacen gracia entre los rocieros los llamados “Planchaos” que son aquel  grupo de hermanos que nunca aparecen en los actos y cultos de la hermandad y que cuando surgen lo hacen para hacerse notar y presumir. Normalmente vienen muy limpitos y maqueados. Su fin lucimiento, se la dan de muy rocieros con sus plantas y sus cantes; pero a la hora de la misa, del rosario, del ángelus… desaparecen. Ahora si, en el momento de las presentaciones y actos públicos están los primeros luciendo palmito.
El Guadalquivir, este mítico rio del rey Argantonio, representa nuestro paso por la vida, y en ocasiones el paso hacia otro plano astral. Guarda  la magia de un lugar sagrado, y en su punto más concurrido como en el que nos encontramos, comparte su vivencia que no deja a nadie indiferente. Estamos inmersos en un viaje al corazón sagrado de la peregrinación tartésica, donde se practican sorprendentes ceremonias y rituales milenarios soterrados.


Pasar el Guadalquivir en la romería del Rocío, lleva a cabo un proceso de transformación donde va uno muriendo a determinados estadios para nacer a otros.
A igual que hay que sacar aire a las ruedas de las carretas para que estas se agarren y afiancen  en la arena, nosotros debemos dejar en la orilla los “egos” plañideros de nuestro “yo” y cruzar el rio sabedores que al final del camino renaceremos como persona “nueva”. Naturalmente el precio a pagar es alto y durante el trayecto las penalidades son muchas. Hay que estar bien preparados, las mortificaciones son abundantes.
Desde el punto de vista espiritual, pasar el rio e introducirnos en  el camino no es nunca la mera traslación en el espacio, sino la tensión de búsqueda y de cambio que determina el movimiento y la experiencia que se deriva del mismo, en donde hacer el camino no es nunca una huida, ni un sometimiento, es evolución…  es buscar. El rociero sufre un proceso iniciático, es decir de transformación.


Este “viaje” es fiesta, romería, camino, amor, anécdota, chanza y vino. Y también es lágrima, desazón, sudor, cansancio, súplica, sentimientos y privaciones. Y, aún más, es bullicio, soledad, ilusión, desesperanza, hambre, hartazgo, tristeza… catarsis, estrépito, fracaso mezquindad, largueza…. fuerza, olores, calor, día, noche y sombras. Lo demás son imperfecciones.
En el entorno privilegiado de Doñana, la peregrinación se transforma en Romería y estalla en color, hermandad, nostalgia por las ausencias, alegrías, tristezas etc., conformando un universo, mezcla entre lo religioso y lo pagano, difícil de controlar por parte de la jerarquía católica.  El camino al Rocio se puede considerar como una expresión genuina de la religiosidad de muchos andaluces.