EL MÁS OCULTO SECRETO TEMPLARIO EN ANDALUCÍA

EL MÁS OCULTO SECRETO TEMPLARIO EN ANDALUCÍA, LA SEPULTURA DE D. ALONSO FERNÁNDEZ DE LUGO Y GUTIÉRREZ DE ESCALANTE

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Una iglesia modesta andaluza nos depara el encuentro con una sepultura y lápida muy especial. Concretamente es la Iglesia de la Santísima Trinidad de Sanlúcar de Barrameda, conocida popularmente como Iglesia de la Trinidad.
Se describe esta como una iglesia pequeñita y blanca, característica principal de las iglesias de los pueblos marineros, construida fuera del recinto amurallado de Sanlúcar, y que servía de faro a los hombres de la mar, donde se cobijaban y rezaban sus oraciones cuando llegaban tarde y no podían entrar en la Villa. La Trinidad es el segundo templo más antiguo de Sanlúcar, tras la parroquia de Ntra. Sra. de la O y el primero que se construyó en el Barrio Bajo. Se trata de uno de los edificios religiosos más emblemáticos de la ciudad. Esta iglesia mudéjar fue edificada en el siglo XV (1440) en pleno centro histórico, siendo reformada en el siglo XVII.

Estamos muy de acuerdo con Hurtado García y Fernando Arroyo, cuando suponen que las lápidas son un recuerdo, para todos los que a ellas se acercan, de la persona que hay enterrada en esa tumba, por tanto entendemos que allí reposan los restos de un hombre que en su momento, y según el discernir de aquél que diseñó la lápida, encarnó el principio de la dualidad, al Hombre Verdadero, al “Sigilum Templi” en su más profunda acepción, puesto que además en lo alto están las dos cruces “patés”.
La lápida de Sanlúcar de Barrameda, es el documento mas claro en piedra de la posterior presencia del Temple, una vez abolido y perseguido a muerte.
El gnosticismo siempre ha sido y será tachado de herético por la autoridad eclesiástica. En la singular Iglesia de la Trinidad, estamos ante un iniciado en el esoterismo cristiano. Aunque la Iglesia católica no reconozca la existencia de enseñanzas esotéricas en la doctrina cristiana, y la realidad de una gnosis cristiana, simplemente aparenta que no le interesa.

La simbología de la lápida de D. Alonso Fernández de Lugo y Gutiérrez de Escalante nos depara las claves de interpretación del mensaje en la misma, aunque es naturalmente un ejercicio de análisis arduo que toma tiempo.
A pesar de muchas y variadas opiniones contradictorias, parece  ser que la lápida y el sarcófago siempre han estado en el mismo lugar, manteniendo su curiosa orientación respecto a la entrada y el altar mayor. La lápida en si, no cuenta con ningún especial cuidado de conservación y sufre las inclemencias de un “relativo” mal trato más un aparente abandono y consideración respecto a su incalculable valor.

Nuestra primera actuación es cerciorarnos de quien está realmente enterrado bajo la lápida templaría, o a quién pertenece la misma. Aclaramos, entonces, una grave confusión malentendida hasta el sol de hoy, al creer erróneamente en Sanlúcar, que es la tumba y lápida de D. Alonso Fernández de Lugo y de las Casas, General, Justicia y Primer Adelantado de Canarias, conquistador de Gran Canaria, Palma y Tenerife; Capitán General de las Costas de África, persona fallecida en  1525, cuyos restos se encuentran tras el altar mayor de la catedral de La Laguna (Canarias). Parece ser que este señor hizo en vida mil perrerías a los guanches y por esto  para los canarios no es santo de mucha devoción. Los de La Laguna, cuando de pequeños iban a dicho templo o catedral de La Laguna, siempre recitaban aquellos famosos versos que decían: “Aquí yacen, según dice / Seño Juan el campanero, / los restos del bandolero / que conquistó Tenerife“.

El año 1441 D. Alonso Fernández de Lugo y Gutiérrez de Escalante y su mujer Catalina Martínez de Luna, fundan la iglesia y hospital de la Santa Caridad y Obras de Misericordia, fuera del recinto amurallado de la villa de Sanlúcar, a poca distancia de los jardines del palacio de los duques de Medina  Sidonia, dedicándolo especialmente a pobres transeúntes que pasaban a Canarias.
La documentación dice Muere en Sanlúcar en 1450 D. Alonso Fernández de Lugo y Gutiérrez de Escalante, fundador de la iglesia, hospital y cofradía de la Santísima Trinidad. Está enterrado al pie de las gradas del altar mayor de dicha iglesia, bajo una losa azulada con su busto en relieve”. El año de su muerte lo corrobora la propia lápida pudiéndose leer la inscripción “SENOR AVED MERCED DE ESTE TU SIERVO ALONSO DE LUGO QUE FIZO ESTE AL-BERGUE PARA LOS QUE DESECHAN EL MUNDO PASO ANO DE MCCCCL”.

Los templarios otorgaban especial importancia a la cruz de ocho puntas, denominada heraldicamente “Cruz de las Ocho Beatitudes” o “Bienaventuranzas”, que según diversos autores contenía en sí el alfabeto secreto de la Orden. La cruz de ocho puntas, incluida en un polígono, producirá un octógono.  Así pues, dicha cruz serviría como símbolo base para el trazado octogonal en la planta de las capillas mistéricas templarios. En este plano arquitectónico, al signo mediador del “8”, los caballeros constructores añadían la significación central de la cruz, la Unidad, invisible en la construcción material pero sin la cual ésta no existiría.
Los templarios o los cátaros representaron su saber a través de un simbolismo iconográfico destinado a la transmisión iniciática, a la comprensión de los iniciados, no precisamente a los analfabetos. Es la estructura cruciforme de ocho puntas – dos por cada brazo de una cruz griega de aspas iguales – sobre la que, supuestamente, está basado un alfabeto secreto que emplearon los templarios para dar cuenta cabal y críptica de sus transacciones comerciales y de determinados mensajes confidenciales. Las letras en este alfabeto, estarían representadas por ángulos y puntos determinados por la estructura misma de la cruz y podrían ser leídos mediante un módulo en forma de medalla que algunos caballeros portaban pendiente del cuello. Sin necesidad de que hayamos de conceder credibilidad absoluta a esta suposición, no cabe duda de que un alfabeto de esta clase o muy parecido fue utilizado por las logias de constructores medievales.

En 1314 el papa Clemente V suprimió la rica y poderosa orden del Temple. En 1319 el rey Don Dinis asignó las propiedades portuguesas y privilegios de los templarios a la recién fundada Orden de Cristo, que se convirtió así en la continuación del Temple en Portugal. No obstante, la Orden de Cristo mantenía una fuerte vinculación con la corona portuguesa, que se arrogó desde el principio el derecho a nombrar el Gran Maestre. Eso, junto al abandono de la Regla del Temple, en cuanto a nombramiento de cargos, normas de ingreso e independencia frente al poder secular, permite considerar a la Orden de Cristo como una sucesión del Temple en un aspecto meramente formal, a fin de dar cabida al enorme potencial humano y recursos económicos de los caballeros templarios, fundamentales para mantener Portugal a salvo de invasiones o incursiones enemigas.

Después de la soberana chamusquina que hicieron con el Temple, los caballeros que huyeron a otros países formaron nuevas órdenes como por ejemplo: en Portugal la de Cristo, en Finlandia la de San Andrés, en España la Montesa
No es de extrañar que D. Alonso Fernández de Lugo y Gutiérrez de Escalante fuera Comendador de la Orden de los Caballeros de Cristo. La Orden de Cristo es una orden militar portuguesa, heredera del Temple en esta nación.

Otro detalle que refuerza esta teoría, que no es otra que el expresar el caballero en la lápida, su condición de iniciado, es que el personaje elegido para representarle emprende la obra alquímica trabajando con tres principios y cuatro elementos, simbolizados en las tres patas, en el que sólo uno de los rabos de los dos canes se alza entre las piernas del Mago o Alquimista
Los dos ángeles y el Alfa y Omega, el Principio y el Fin, recordando al Mago, lo que él ya sabe: que hoy es el primero y el último día de la Creación, un proceso al que se suma el alquimista, cooperando con el Creador.

El mago, es en resumen, un símbolo de inicio y representa a un individuo capaz de transformar la realidad mediante energías sutiles, a través de los ciclos naturales. Mago el nombre Hebreo equivalente a “Soy” y se le atribuye como sephirat a Kether, la corona. Su sombrero, al igual que la corona, es un objeto circular, cóncavo, colocado sobre la parte más alta del cuerpo humano, y en particular sobre los órganos del conocimiento (ojos, orejas y nariz) y del poder (la boca, con la que se expresa la voluntad), y que se presta tan bien para exprimir un simbolismo de tipo cósmico. La opinión más extendida es que la punta del sombrero funciona como la punta de una pirámide, de forma que el descenso de la energía que se condensa en un punto (el pico) va amplificando, evolucionando, fortificando, multiplicándose hasta que toma contacto con el chacra coronario y por ende a todo el sistema energético de nuestro cuerpo. Como tal, el sombrero es signo de energías superiores, aquellas que se ubican simbólicamente sobre la cabeza, y en este sentido se relaciona con la corona. Como sirve para resguardar del sol, el aire y el agua, es símbolo de protección. Además, el sombrero funciona como protección del cuerpo etérico, si se consagra como tal. La punta hacia arriba, como por ejemplo los cipreses en los cementerios, tiene la finalidad de hacer que la energía acumulada en la tierra ascienda. Se supone, en todo caso, cada operante debe consagrar su sombrero para el fin que sienta y crea necesario, ya sea cónico, plano, un tocado con capucha u optar por un simple pañuelo puesto en la cabeza.

La Historia ha sido muy distorsionada. El encuentro de la lápida es la punta del iceberg, en ella hay muchos mensajes ocultos referidos a datos e informaciones concretas. Encontramos las claves de muchos de los misterios que son clasificados como secretos. Especialmente nos incita a descubrir la realidad o la fantasía de lo que sucedió con los templarios. No pretendemos demonizar ni beatificar. No hay que ensalzar a nadie.

LA DORMICIÓN DE LA VIRGEN GADITANA

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Menudo lío es todo esto, y yo con pocas ganas de entenderlo, mis neuronas se resisten, mientras echan chispas a destajo. En el convento de las Carmelitas Descalzas, una de las edificaciones mas sobresalientes de Sanlúcar de Barrameda, destaca la impresionante figura que representa la “Dormición de la Virgen”.
La representación del cuerpo de la mujer en el imaginario simbólico cristiano ha ocupado habitualmente dos posiciones extremas: máxima exaltación y máxima degradación, lugar de santidad o lugar de pecado, virgen o prostituta. El cuerpo de María, «la Virgen», como madre de Cristo, obtiene una consideración excepcional. La liturgia se dirige a ella como «Tú sola entre las mujeres», y la fe e imaginación populares no podían resignarse a que su destino terreno fuera el común al resto de los mortales. Por ello, ya desde los primeros siglos comenzaron a circular relatos y leyendas al respecto. Las más antiguas toman la forma de la dormición (el cuerpo de María, separado de su alma, habría sido transportado a un lugar oculto, preservado de la corrupción, en espera de la resurrección final).

La palabra ‘dormición’, que se usa principalmente en la Iglesia griega no debe llevarnos a confusión pues significa la muerte de la Virgen María. La muerte no es condición esencial para la Asunción. Y es sabido, también, que el Dogma de la Asunción no dejó definido si murió realmente la Santísima Virgen. Lo que verdaderamente era importante, es que María subió a los Cielos gloriosa en cuerpo y alma, soslayando el problema de si fue asunta al Cielo después de morir y resucitar, o si fue trasladada en cuerpo y alma al Cielo sin pasar por el trance de la muerte, como todos los demás mortales.

Hasta el Siglo IV no hay documento alguno escrito que hable de la creencia de la Iglesia, explícitamente, acerca de la Asunción de María. Sin embargo, cuando se comienza a escribir sobre ella, todos los autores siempre se refieren a una antigua tradición de los fieles sobre el asunto. Se hablaba ya en el Siglo II de la muerte de María, pero no se designaba con ese nombre de muerte, sino con el de “tránsito”, sueño o dormición, lo cual indica que la muerte de María no había sido como la de todos los demás hombres, sino que había tenido algo de particular. Porque aunque de todos los difuntos se decía que habían pasado a una vida mejor, no obstante para indicar ese paso se empleaba siempre la palabra murió, o por lo menos `se durmió en el Señor’, pero nunca se le llamaba como a la de la Virgen así, especialmente, y como por antonomasia, el Tránsito, el Sueño.
¿De qué género de muerte murió la Virgen Santísima? La Virgen no murió ni por martirio ni por muerte violenta; tampoco de enfermedad o vejez. Los teólogos afirman comúnmente que la Virgen murió a causa del ardoroso amor de Dios y del vehemente deseo y contemplación intensísima de las cosas celestiales.

No puedo evitar recordar la pintura Caravaggio, encargada por los carmelitas en 1605, siendo colocada en el retablo en 1606 para ser descolgada en 1607. Una obra revolucionaria para la iconografía, dando una versión completamente profana de la dormición de la Virgen. Aquí se nos presenta un velatorio, con el cadáver de la Virgen rodeado de las figuras auténticamente compungidas de los apóstoles. El cuerpo se halla mostrado de un modo completamente real, no en tránsito, sino muerto, con la carne ya macilenta e hinchada. Los apóstoles se encuentran dispuestos al modo de un relieve, situándose el cuerpo de la Virgen en sesgo. En este cuadro se aprecia una evolución dentro de la obra de Caravaggio, apareciendo numerosas figuras y mostrándonos un fondo bastante detallado. Esta obra fue un fracaso, considerándose como falta de decoro al correrse la voz de que se había inspirado para la figura de la Virgen en el cadáver de una prostituta ahogada en el Tíber.

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Desde luego que en esto de la interpretación de los dogmas, no llueve a gusto de todos y menos tener la última palabra. Por el bien de mi alma, decido poner “punto final en boca”, y continuar el camino.

FUENTE DE LA VIDA: EL JARDÍN DE LAS PILETAS, SANLÚCAR DE BARRAMEDA

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Curioso este Sanlúcar al que poco a poco, día tras día,  voy escudriñando. En su momento por ser un sitio de gran tránsito de personas y mercancías,  Sanlúcar es nombrado por Cervantes en el capítulo II y III de la primera parte de El Quijote (1605), como un lugar de pícaros y ladrones: “Pensó el huésped que el haberle llamado castellano había sido por haberle parecido de los sanos de Castilla, aunque él era andaluz, y de los de la playa de Sanlúcar, no menos ladrón que Caco, ni menos maleante que estudiantado paje….”
En Sanlúcar se habla una variante del “andaluz” cuyas principales características son el seseo, el yeísmo, la sustitución de la [l] por la [r], la pérdida de la [d] y [r] finales, la pérdida o aspiración de la [s] final, extravío de la [d] intervocálica, la aspiración de la [j] y [g] y la frecuente aspiración de la [h]. Asimismo, la escasa tensión articulatoria, propia de los contextos de aspiración, propicia la relajación y la modificación de la mayoría de los grupos consonánticos.
También es predominante el uso del pronombre personal ustedes en lugar de vosotros, pero acompañado con la forma verbal correspondiente a la segunda persona del plural. De este modo se dice: ustedes vais a la playa o ustedes sois de Sanlúcar, en lugar de vosotros vais a la playa o vosotros sois de Sanlúcar. En este mismo sentido es corriente la sustitución del pronombre objeto os por se: venirse a mi casa en vez de veniros a mi casa. Además existe un rico léxico local.

El jardín de Las Piletas, espacio lúdico inseparable de la Sanlúcar romántica y regionalista, se mantuvo abierto al público hasta hace algunas décadas en que se cerró debido a su grave estado de deterioro. Tras varios años de abandono, fue “rehabilitado” por una Casa de Oficios, perdiendo gran parte de su virtualidad original y habiendo desaparecido de sus respectivos pedestales las estatuas de Hipócrates, Galeno y La Fama que culminaron el jardín.
La significación iconográfica de este conjunto escultórico suponía una exaltación de la ciencia y el mundo de la medicina, representado en las figuras de Hipócrates y Galeno, los médicos más famosos de la Antigüedad clásica. La personificación femenina de “La Fama”, como figura principal, aludía a las propiedades medicinales de estos manantiales, cuyas aguas estaban destinadas a triunfar y vencer sobre el mal de la enfermedad. En la zona inferior del pedestal se hallaban dos desaparecidos caballos alados o pegasos, símbolos de la fama y el genio poético.

Situado en un lugar privilegiado, cercano a la playa y al abrigo de la barranca del Espíritu Santo, su entorno inmediato se caracteriza por la existencia de antiguos “navazos” (Navazo es el nombre que en Andalucía se le da a un tipo de huerto ubicado en un arenal próximo a la playa). Se accede a un paseo bordeado de árboles frondosos hasta la glorieta que llega a sus manantiales.  Entre la vegetación  destacan los plátanos orientales, culantrillos, higueras silvestres, calas, papiros, arrayán, árbol del cielo, hiedras, eucaliptos, álamos blancos, cintas, moreras, cipreses, árboles del amor, pitosporos, diferentes especies de arbustos aromáticos y muchas especies arbustivas de carácter medicinal.  Se trata de un espacio de gran calidad ambiental y paisajística y que constituye un rincón de enorme significación sentimental para sanluqueños y veraneantes, ya que su enclave próximo a la playa dio lugar a que tradicionalmente fuera visitado por los bañistas y veraneantes durante la época estival para tomar las aguas salutíferas de sus manantiales.

La importancia histórica del jardín radica en su carácter exclusivo de ser el único que se conserva según su primitivo estado, permaneciendo como fiel testigo de aquella función tradicional de Sanlúcar como centro curativo de descanso y reposo. Por sus propiedades medicinales, las aguas de Las Piletas estaban consideradas, desde antiguo, como uno de los cuatro manantiales más importantes de los veinticinco existentes en la ciudad durante el siglo XIX. Especial relieve estético ostenta Las Piletas tanto por su época de construcción, como por el cuidadoso diseño que presenta y los elementos artísticos que contenía.
Uno de los primeros visitantes de Las Piletas fue el célebre escritor Tomás de Iriarte, que llegó a Sanlúcar (1791) en muy mal estado de salud y, al parecer, se recuperó totalmente gracias a estas aguas.

Leopoldo Cabrera, el de Las Piletas, era un ser todo poderoso para los niños, se encargaba de cuidar los jardines y vender chucherías como pipas , chupa chups , chicles etc. Además de sus reconocidos y famosos altramuces que “apañaba” (cocía) el mismo.
Se cuenta que a Leopoldo, acostumbrado como estaba al trajín de los niños, no le sorprendió la llegada de aquel personaje vestido de escamas y plumas, tampoco que saludara ceremonioso a Esculapio como solían hacer los borrachos que se acercaban a su reino de sombra y agua, menos aún que iniciara el paseíllo por la balaustrada que rodeaba la fuente, si le sorprendió que flotando en el aire se sentara sobre el brocal del agua milagrosa.

De pronto notó que el plácido paseo se había ido llenando de seres y objetos de la más extraña ralea que acompañaban al extraño caminante, siguiendo el compás bailón de unos palillos de conchas, desde los arcos de Bajo Guía; miró el aguador de reojo hacia su castora de manzanilla, estaba llena, nadie podría acusarle de andar viendo visiones.
Pero un sonriente ratón con el rabillo enhiesto (levantado), seguía mirándole a los ojos, la fría máscara de la muerte continuaba preguntando por un Duque de extraño apellido, un anillo intentaba encontrar un dedo en el que engarzarse, mientras que a su lado un joven corazón latía a ritmo de mirabrás (El mirabrás es un palo flamenco, perteneciente al grupo de las Cantiñas).
Leopoldo tomó entre sus manos un generoso puñado de altramuces y se los ofreció a aquellos disfraces como regalo y como señal de despedida, pero ninguno de ellos se movió de su sitio, mientras que con sus gestos seguían señalando hacia la fuente. Esta vez la castora dejó caer su líquido de oro en el gaznate reseco del guarda.

Ante su vista, como si de una mágica procesión se tratara, apareció una paloma cubierta con un turbante, la sombra de una virgen, un nazareno coronado de claveles, una sirena de piedra con cara de enamorada, una gitana rubia que prometía cambiar el destino, miró hacia el fondo del pozo y en él nadaba, aun siendo de día, una luna transparente como velo de seda.
A punto estuvo de echar a correr cuando un caballo en llamas hizo su entrada entre los eucaliptos llevando a la grupa una dama de hielo, a Leopoldo le fallaban las piernas, pero quizá podía más la curiosidad que el terror. Sin embargo, cuando vio llegar hasta su imaginaria barrera de macetas a un toro negro con los ojos más verdes que los juncos del diablo, brincaron sus piernas camino del “barco del arroz” que emergió como un fantasma entre los hundidos arrecifes, al tiempo que un sin fin de ratoncitos ebrios daban buena cuenta de la manzanilla que había derramado en su alocada carrera.

Fue entonces cuando el caminante alzando su cabeza canosa sobre las humedades del brocal llamó a cada uno de los personajes por su nombre y, con más cuidado del que sus manos de sarmiento parecían a simple vista prometer, guardó a aquellas menudas marionetas en una dorada caja de sorpresas.
En ella duermen desde entonces un sueño mágico del que sólo la mirada de un niño podrá un día hacerlas despertar.

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SANLÚCAR DE BARRAMEDA ESOTÉRICA: LAS COVACHAS

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Covacha quiere decir: cueva pequeña. Las Covachas de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), son una galería porticada o logia formada por diez arcos ojivales que recaen sobre pilares, sobre cada uno de los cuales hay dragones.
Según Borges, en el dragón hay nueve semblanzas: sus cuernos se parecen a los del ciervo, su cabeza a la del camello, sus ojos a los de un demonio, su cuello al de la serpiente, su vientre al de un molusco, sus escamas a las de un pez, sus garras a las del águila, las plantas de sus pies a las del tigre, y sus orejas a las del buey. Algunos hay que en lugar de orejas tienen cuernos, pero oyen bien, posiblemente a través de éstos. Sus huesos, dientes y saliva tienen virtudes medicinales. Puede ser visible o invisible a voluntad. En la Primavera sube a los cielos, en Otoño se sumerge en el mar. Hay Dragones Celestiales, que llevan en sus lomos los palacios de los dioses; Dragones Divinos, que rigen los vientos y las lluvias; Dragones Terrestres, protectores de arroyos y ríos y Dragones Subterráneos, guardianes de tesoros…

La cueva es una de las moradas más típicas de los dragones. Se cuenta que los dragones que no tienen alas, o no son aficionados a volar, prefieren las cuevas por encima de cualquier otro hábitat. Muchos dragones construyen ellos mismos sus cuevas utilizando sus zarpas o su aliento de fuego (que es tan potente que deshace la roca y la tierra). Los dragones que gustan de los tesoros también suelen elegir este tipo de morada para ocultarlos por ser de más fácil defensa ante eventuales saqueadores y de más seguro resguardo.
Algunos dragones hacen tratos con arquitectos o enanos para que les construyan sus cuevas, y luego viven allí, rodeados de riquísimos ornamentos. Otros, como los de Las Covachas en Sanlúcar, simplemente fueron criados o sentenciados a vivir en una cueva a los únicos efectos de custodiar alguna cosa muy preciada (tesoro, portal, elemento mágico), luego son olvidados por sus dueños; o bien, en otros casos, ignoran que sus amos ya han fallecido y, por lo tanto, ellos permanecen “prisioneros” de ninguno, custodiando con su vida el tesoro de nadie.

El dragón, a diferencia de la mayoría de las criaturas, posee una clase de magia que persiste más allá de la vida y de la muerte, por lo que ciertas partes de su cuerpo continúan teniendo propiedades mágicas a través del tiempo. Poseer un ojo de dragón significa tener el don de la videncia, el poder de contemplar las cosas que suceden a gran distancia y los hechos que ocurrieron en el pasado o que ocurrirán en el futuro. El ojo de dragón logra ver más allá de lo evidente y puede atravesar las tinieblas que cubren las cosas que el ojo humano no puede ver.
Mucho del folclore del dragón nos dice que los dragones eran bestias repugnantes y malévolos enemigos de la humanidad. Pero los dragones nacieron en un tiempo distinto al del hombre; un tiempo de caos; un tiempo de creación fuera de la destrucción. El dragón es una figura simbólica fabulosa y universal encontrada en la mayoría de las culturas a través del mundo.
Se le representa más bien como una serpiente enroscada en el centro de la Tierra, origen de la creación del mundo. El cielo y las constelaciones se mostraban casi siempre también con una gran serpiente que recubría la Tierra, tanto en Occidente como en Oriente. Ahora bien, simbólicamente, ha sido ligado e identificado con este fabuloso potencial de energías primordiales -a la vez destructoras y creadoras, celestes y terrestres—, que el hombre lleva en él y que también están en la Tierra. Como si una fuerza increíble, superando todo lo que podamos imaginar, fuera retenida prisionera en el seno de la Tierra igual que dentro del ser humano.

Entre sus primeras formas, los dragones fueron relacionados con la Gran Madre, el dios del agua y el dios guerrero del sol. Estas capacidades tenían el poder de ser tanto benevolentes como destructivos y eran criaturas todo-poderosas en el universo. A causa de estas cualidades, los dragones asumieron los papeles tomados por Osiris y Set en la mitología egipcia. En el inicio del período egipcio se desarrolló un considerable culto de adoración al dragón – y a la serpiente. Este culto gradualmente se esparció a Babilonia, India, el Oriente, las Islas Pacíficas y finalmente al continente norte americano, ya que más y más culturas comenzaron a reconocer y a apreciar los poderes especiales y la inteligencia de los dragones. El culto alcanzó su cúspide durante los días del Imperio Romano y desapareció con la llegada del cristianismo.

En cada civilización la figura del dragón juega un papel importante como dios, guardián, y en algunos casos como demonio, pero todos están de acuerdo en que era un ser muy poderoso y en algunas civilizaciones es reconocido también por su gran sabiduría. Pero no solo eso: los dragones a menudo pasan por tener un significado espiritual mayor en varias religiones y culturas del mundo. En la simbología cristiana se recurre con mayor frecuencia a la figura del dragón para expresar la noción del ego, su tremendo poder y la terrible amenaza que supone para la vida humana.
La forma del dragón surgió de su poder particular de controlar las aguas de la tierra y dio origen a muchos de los atributos distinguidos por diferentes personas cuando se desarrolló todo el mito. Para los cristianos europeos el dragón era una bestia maligna, un ser diabólico En muchas de las mitologías anteriores al cristianismo se le consideraba un ser del inframundo que llevaba la muerte y la destrucción. Para los cristianos de la Edad Media encarnaba el pecado y el hecho de representarse bajo la figura de santos y mártires simbolizaba la victoria de la fe sobre el diablo. En las leyendas de la época guardaban grandes tesoros o princesas cautivas y el héroe que lograse matarlos habría logrado vencer a la más astuta e imponente de las criaturas.

Los Dragones fueron tenidos, en toda la antigüedad, como símbolos de la eternidad y de la sabiduría. Durante la Edad Media, se le consideró símbolo de apostasía y de traición, aunque también de cólera y envidia. La palabra latina draco, que dio origen al vocablo “dragón”, significa “la serpiente”, por ello el Cristianismo lo ha asociado históricamente a este animal diabólico y pecaminoso. Algunas traducciones la palabra “dragón” se utiliza para describir a la Bestia (es decir: el Diablo), mientras que en la iconografía religiosa se representan algunos santos cristianos en el acto de matar a un dragón. Muchos dragones representaban la Sabiduría. Matar un dragón era considerado un pasaporte a la riqueza, y la demostración de que un héroe era realmente hábil y astuto.
Como Dragón en Las Covachas,  representa simbólicamente a nuestra naturaleza inferior que debe ser vencida y dominada. De hecho el dragón es una representación idealizada y fantástica de los saurios prehistóricos. De ellos, nos guste o no, proviene y desciende zoológicamente el ser humano. Y hay que vencer a este dragón-saurio en nosotros y sus tendencias agresivas, egoístas, separativas y materialistas sublimando por entero a nuestra naturaleza. Esto, por cierto, no es fácil. De ahí la imagen de “bañarse en la sangre del dragón”.

El dragón sanluqueño encierra nuestra parte de sombra, eso que hay en nosotros y que, pese a la fuerza interna que tiene, no queremos aceptar pero que está allí. La sombra es una realidad del mundo dual que nos hace que si amamos a algo odiamos a lo contrario, que si deseamos esto, evitamos aquello. La pureza no puede existir en un mundo dual y de eso es de lo que se encarga el Dragón en Sanlúcar, en decirnos que hay parte de sombra en nosotros. La famosa idea del amor incondicional sólo es posible si no hay sombra, y porque no es siempre posible vivir así, tememos al dragón. En resumen: el Dragón defiende todo aquello que no queremos ver, por eso se le teme. ¿Qué es entonces vencer al dragón? Es alcanzar la pureza del sentimiento y pensamiento no dual, es afrontar la vida desde una posición de auténtico Iluminado, es trascender de nuestra condición humana para empezar a entrar en la dimensión Espiritual.

Los dragones son seres alados retratados en las mitologías antiguas de la mayoría de las culturas. Se relacionan con los dioses alados de los cielos que vinieron a la Tierra para crear la raza humana y son una simbología muy importante en el diseño creacional de nuestra realidad.
De ahí que para el hombre, vencer al dragón se convirtiera en una búsqueda, para hacerse con estas fuerzas primordiales, primitivas, que le encadenan en el ciclo infernal e interminable del nacimiento y la muerte, seguido de un nuevo nacimiento y una nueva muerte, etc. Una vez más, los mitos y los símbolos del dragón se integran en la simbología alquimista. Al igual que el ciervo, el gran principio femenino y mercurial, el dragón debía ser sacrificado para que pudiera serle extraído el azufre, el gran principio masculino. Esta mágica y poderosa criatura cumple siempre uno de estos dos roles fundamentales: o bien el de destructor, o bien el de guardián. Estos dos conceptos resultan, a simple vista, opuestos e irreconciliables y están siempre presentes en Las Covachas de Sanlúcar de Barrameda.

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LA DAMA BLANCA Y EL HOTEL CON ENCANTO EN SANLÚCAR DE BARRAMEDA

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El Hilton de Las Vegas fue el sitio donde Elvis Presley se presentó por varios años. Siempre se quedaba en el ático, y su fantasma ha sido visto en los bastidores del teatro donde cantaba.
Marilyn Monroe fue huésped frecuente del Roosevelt Hotel. Aunque siempre se quedó en la suite 1200 con vista a la alberca, han visto su fantasma en el espejo del vestíbulo.
Aahh… como nos atraen estos lugares con leyendas. Fantasmas, asesinatos, y niñas sonriendo mientras se alejan por pasillos interminables. Y que gustito, para cualquiera, pasar una noche en el hotel ABBA PALACIO DE ARIZÓN, un lugar idóneo para los amantes del suspense, aunque no del terror.


(Patio sXVII)

Según nos cuenta Patricia, Diego de Arizón fue un rico comerciante de Indias que vivió en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en el siglo XVIII. Siguiendo las crónicas, su familia era la más codiciosa que había en Sanlúcar. Su humilde morada tenía un patio porticado con columnas de mármol rojo, almacenes para mercancías y hasta un oratorio. Porque lo codicioso no quita lo beato.
Desde su torre mirador podía controlar la salida y llegada de las flotas ultramarinas. Entre copa y copa de manzanilla no se perdía detalle.
Pero claro, tanto viajar al Nuevo Mundo acabó pasándole factura. Su mujercita, Margarita Zerver, se sentía sola en esa jaula de oro. Así que buscó el calorcito humano en su criado, Juan Peix. Comenzaron yendo a solas al campo y a comer langostinos a Bajo de Guía mientras contemplaban el atardecer en Doñana. De ahí a compartir la alcoba, hubo solo un paso. En las ausencias de don Diego, se retiraban la doña Margarita y el don Juan a sitios ocultos, subiendo éste las más de las noches, luego que imaginaba estar recogida la familia, a la sala del dormitorio de la referida, donde pernoctaba, saliendo por la mañana en ropas menores. El arrejuntamiento era de dominio público. Como suele suceder en estos casos, lo sabía todo Cristo menos el cornudo.

Un día, el esclavo turco de nombre Cristóbal José, fue con el cuento a su amo. El pobre Diego, que venía tan contento, cargadito de plata indiana, se llevó un disgusto que “pa qué te cuento”. Vamos, que le arruinaron el expolio. Pero como era hombre juicioso, actuó con cautela. Llegó a casa a media noche y se ocultó en el desván. Allí agazapado escuchó al criado entrar a la alcoba de su Marga y todo lo que sucedió a continuación. Después de haber presenciado el festival pasional no le cupo duda de que la acusación era cierta. Entonces decidió tomarse la justicia por su mano. Tras la carnicería los emparedó.
Tiempo más tarde, fue detenido y ajusticiado. Muchos testigos dieron fe del adulterio de su esposa. La defensa alegaba que había actuado legítimamente, al ver agraviado su honor. El 26 de Septiembre de 1736 se dictó la sentencia. Fue condenado a pena de muerte, y posteriormente indultado por Felipe V a cambio de una sustanciosa indemnización. Ese dinerillo tan bien habido, el rey (este no estaba pasmado) lo invirtió en las obras del Palacio Real de Madrid.
Según cuenta la leyenda, las noches de luna llena puede verse a una dama vestida de blanco deambular por la casa y el torreón, hoy magnifico hotel ABBA PALACIO DE ARIZÓN, un regio cuatro estrellas al mando de su atento director D.Tristán Martínez.

También por los rincones sanluqueños se cuenta que justo cuando el viejo galeón cargado de oro de las Indias decidió tomar baños de luna en los arrabales de la Barra, un velo de sal cubrió el medallón de plata que presidía la estancia donde hacía años aguardaba su llegada.
La blasfemia había sonado demasiado hiriente hacia los cielos. El viejo Marqués, asomado a la espadaña que dominaba los océanos, creyó por un momento en su poderío y cuando vio entrando en la bocana el barco cargado de tesoros sintió la necesidad del reto: “Quiera Dios o no quiera, ya soy rico”.

Perdió el desafío. Segundos después la proa de su buque insignia bailaba sobre los ostiones del castillo y su sangre pintaba de azul las piedras de la hacienda y la seriedad de sus blasones.
Años después de los hechos narrados, el huraño Ibrahim atusaba una tarde su blanca barba en el lóbrego local del Callejón de los Perros. La ruina del de Arizón había arrastrado consigo a muchos indianos que basaban sus riquezas en los negocios del Marqués y el viejo judío había sabido reservar sus doblones para trocarlos por tan jugosa ruina.
En un arcón de cuero repujado guardaba, entre legajos que demostraban su noble procedencia, magníficos engarces de zafiros, collares de esmeraldas, adornos de oro y de marfil, gemas de todos los tamaños y colores, pero quizá fuera aquel medallón el que había conquistado sus sueños.

Todas las noches antes de dormir aterrorizado en su jergón de usurero, admiraba la delicada belleza de la dama enmarcada en el interior del medallón como si de una reliquia se tratara, parecía aguardar el momento de escapar de entre aquellos arabescos de plata para tomar posesión del palacio que el Marqués le había prometido.
Bien sabía Ibrahim que no fue el oro perdido la causa de tan gran desgracia en el marquesado, bien sabía que fueron aquellos ojos azules como las mareas de Santiago, los que habían envenenado el alma del comerciante. En el frío corazón de aquel engaste se guardaban los secretos del amor y los ardores de la última pasión.
No lo había notado antes, pero una noche al observar con detenimiento las filigranas que adornaban la tapa del medallón, descubrió, como si de un dibujo más se tratara, una fecha: 15 de agosto de 1712. Al principio no le dio importancia, pareciera que el artífice de aquella joya hubiera querido dejar junto a su firma el día de su terminación.


(Capilla)

Pero aquella fecha se le había quedado grabada en su pensamiento. Miró al calendario que adornaba su angosto despacho y sintió un sobresalto: estaban precisamente en la noche del 15 de agosto. Corrió hacia el arcón tropezando con los cientos de cachivaches que había ido amontonando en los distintos cuartuchos de su cubil, lo abrió sin poder disimular su excitación, al levantar la tapa que cubría el hermoso retrato se le escapó un grito de terror. El rostro de la mujer había desaparecido.
Subió temblando al más alto torreón de su casa, desde donde podía divisar, acunado por el viento de levante, el ahora sombrío caserón del desaparecido cargador de Indias y al punto, como si de un gato acosado se tratara, sus hirsutos cabellos se erizaron: al ver cómo, tras los raídos visillos del salón de baile, la silueta de una dama vestida de blanco llenaba de sombra y luz con el resplandor de una trémula vela los oscuros rincones del abandonado palacio.

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(Aquí se emparedó a doña Margarita Zerver y a su criado-amante: Juan Peix)

SIETE MACHOS, ELIXIR GADITANO


Ser antropólogo en la provincia Cádiz puede ser una profesión de alto riesgo muy sacrificada, te acechan por doquier los peligros a cada dos por tres. Puedes morir horriblemente mutilado o atropellado si das un traspié a la entrada de un “bache o tabanco” (bar), cuando no, angustiosamente atragantado comiéndote un langostino o una tortillita de camarones, en ese preciso momento en el cual ya te creías puesto a salvo, después de haber sorteado con mucho esfuerzo profundas “botas” (barriles) de vino que te entorpecen el paso, o salen en tu camino con sus tremendas y voraces fauces para engullirte de un solo bocado sin misericordia alguna.


Sanlúcar de Barrameda es conocida por unas cosas, y por otras también.  Los curas de esta maravillosa e histórica localidad siempre han sido “tremendos” en cuanto a enamorados y falderos, sin pasar por alto su muy peculiar y reconocida “potencia” sexual, envidiada por más de uno.
Son muchos, nombrarlos nos tomaría tiempo y espacio, por ejemplo en la actualidad el llamado “EL Caribe”, apodado así por encontrarse este hombre de sotana y confesión viviendo entre un bar llamado La Habana y la iglesia Santo Domingo. En 1970-80  otro buen hombre de Dios, párroco de la iglesia de San Nicolás, tuvo la mala suerte de sufrir un accidente de coche yendo a alguna parte con su querida, formando un monumental revuelo y escándalo en la población sanluqueña. Nos guardamos nombres para no molestar a su descendencia que fue numerosa y con diferentes mujeres.


En 1774 se produjo en Sanlúcar un trágico suceso en el convento de carmelitas descalzos. Fray Pablo de San Benito que pertenecía a esta comunidad carmelita, mató por desamor, engaño y celos a la joven María Luisa de Tasara, que vivía enfrente del edificio conventual delante de la mirada atónita de su madre. El fraile estaba enamorado apasionadamente de la joven quien le había dado muchas ilusiones, ante el rumor de su próximo matrimonio, el religioso enloqueció de celos y la apuñaló después de haberla confesado en privado.
El fraile fue condenado a muerte, pero el Rey conmutó esta pena por la de cadena perpetua en Puerto Rico, isla caribeña en donde contribuyó a aumentar su población.


Removiendo Roma con Santiago y sin dejar piedra o adoquín quieto, llevado por el único y “noble” propósito de encontrar la piedra fundamental del “vigor” sexual de los religiosos sanluqueños. Hemos hallado que del convento de carmelitas descalzos salió el famoso “candié” gaditano. Un bebedizo o pócima del que se suponía el remedio universal para todos los males, al menos en aquellos que manifestaban alguna debilidad evidente: mujeres parturientas o con menstruación complicada muy sangrantes, niños desfallecidos, etc.
Este preparado que se elaboraba con azúcar, yema de huevo, vino dulce moscatel, se servía en un vaso de cristal con el papel de estraza a modo de tapadera, agitándose posteriormente para el perfecto ligado de todos los ingredientes. Los monjes carmelitas descalzos habían creado realmente un vigorizante  con toque espirituoso.


(El azúcar batida da la espumita al elixir)
No contento con la información recabada, y rizando el rizo no di brazo a torcer hasta conseguir el elixir del cura del accidente del coche, mas conocido en Sanlúcar por el sobrenombre de “Siete Machos”, apodo dado por la aportación generosa al censo natal local de los años setenta y ochenta del siglo pasado.
El Siete Machos es básicamente el mismo “candié” de los carmelitas descalzos, preparado con vino oloroso,  más una pizca de nuez moscada, miel de abeja, y canela , constituyendo un potente vigorizante sexual, alegría de quien lo toma y agradecimiento de la pareja. El triunfo y vuelta al ruedo está garantizado.

(OLOROSO SAN RAFAEL de Barbadillo)

                                                                                                                     (Obra de María Esperanza C.R)