OTROS MUNDOS: VIAJE FANTÁSTICO DEL JEREZANO GINÉS DE MAFRA

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Los preparativos fueron tan incesantes como agotadores, hasta avituallar cinco navíos, para una travesía con duración aproximada de dos años, en el mejor de los casos. Camino de las respectivas bodegas, se embarcan harina, galletas —pan sin levadura cocido dos veces—, judías, lentejas, quesos, anchoas, aceite y “508 botas de vino —30 arrobas cada una—, que se compraron a diversos precios en Jerez y que costaron 511.347 maravedíes“. Como gastos adicionales, 6.234 maravedíes cobrados por Gonzalo Díez en concepto de corretaje, 67.709 más derivados en su caso, de “los guindajes, acarreos y supervisión de las consabidas vasijas” y por último, otros 4.790, como pago a Juan Nicolás, responsable de toda la operación. Caldo todo él, que iría destinado a las “237 personas que formaban la tripulación”, calculándose para la misma, “medio azumbre” —aproximadamente un litro— de ración diaria, siempre que la travesía durara unos setecientos cincuenta y seis días y en el caso que se alargase más, “un tercio de azumbre”, con lo que se tendría para mil ciento treinta y cuatro días.

El 10 de agosto de 1519, iniciaba la aventura de cinco barcos anclados en Sanlúcar, De allí la dura ruta atlántica, el descubrimiento, por fin, del ansiado, complejo y difícil “paso” ubicado en el extremo sur del nuevo continente, cuya denominación no dejaría lugar a dudas: estrecho de Magallanes. Luego, las tranquilas y desesperantes aguas Pacíficas: el camino a la especiería estaba abierto. Pero las penalidades pasadas solo iban a ser un anticipo de lo que estaba por llegar; el primer golpe fue la muerte del jefe expedicionario Fernando de Magallanes, en Cebú –Filipinas, a manos de los indígenas, por lo que tornaría su relevo el capitán Juan Sebastián Elcano, natural del puerto guipuzcoano de Guetaria.

Después de atravesar cl Indico, rodearon cl cabo de Buena Esperanza y bordeando la costa africana, llegaron a Sanlúcar un 6 de septiembre de 1522, una sola nave cuyo nombre lo decía todo, “la Victoria”. En su interior, tan solo 18 tripulantes, “casi cadáveres”, descalzos, hambrientos y en camisa, al mando del de Guetaria, Habrían circunnavegando el planeta tierra.
A Ginés de Mafra aún le quedaban cuatro años más de cautiverio entre los portugueses. Los lusos encerraron a Mafra cinco meses en una jaula en la isla de Banda, otros cinco en Malaca, ambas en Indonesia, y luego dos años más en Cochin, en la India. El jerezano siguió su horroroso peregrinar hasta la cárcel de Limonejo, en Lisboa, donde fue encarcelado otra vez. Y aun así debía de estar satisfecho porque sus compañeros de tripulación morían a puñados debido a los malos tratos y a la insalubridad de las prisiones.
Tras ser liberado, Ginés pasó los siguientes años pagando un precio desorbitado: su mujer, pensando que había muerto, vendió todas sus posesiones y se casó con otro. En 1531, está en América otra vez, esta vez en Guatemala como piloto de Pedro de Alvarado, y poco después lo sitúan en el Perú.

En 1543 protagoniza un hecho inaudito en la época: vuelve a las islas que descubrió con Magallanes. Veintidós años después, con una vuelta al mundo a sus espaldas, cuando muchos de sus vecinos seguían sin creer que la tierra fuera redonda, a Ginés de Mafra le da por volver al Pacífico. Se enrola en la expedición del malagueño Ruy López de Villalobos y busca, nuevamente, las islas de las Especias. Zarpa de la Barra de Navidad, en México, y enfiló proa al sudeste asiático. Esta vez descubre las islas Filipinas y repite el ciclo que vivió con Magallanes. En su testamento deja una relación de sus viajes y un misterio que aún hoy se discute: la isla de Mazaua, situada al norte de la actual Mindanao (El misterio de Mazaua). Mafra describió una isla de setecientas hectáreas, situada a 9.º Norte y con mucho oro. Una isla que nunca más volvió a ver nadie y que pasó como leyenda producida por un exceso de imaginación hasta que en 2001 un grupo de geólogos descubrió que en ese mismo lugar hubo no hace mucho una isla que se hundió tras algún seísmo…

Ginés de Mafra dio la vuelta al mundo dos veces y escribió un bello relato sobre la hazaña. Como premio, su mujer lo abandonó, dándolo por muerto, y los portugueses lo encarcelaron durante casi cinco años, enfurecidos al encontrar un enemigo en sus tierras. Por si fuera poco, le confiscaron sus escritos y persona alguna volvió a verlos jamás. Ginés de Mafra es la imagen real del antihéroe, sin medallas y honores. Es un jerezano de película, con sitio propio en la eternidad.

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FUENTES: José Luis Sánchez Hachero, Mª C. Borrego Plá, otros.

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