PASADIZOS SECRETOS EN LA ISLA DE SAN FERNANDO

2BAR 44_lznNew

guia-del-suspense-en-la-provincia-de-cadiz

“La vida es un mar de mierda que hay que cruzar nadando. Quien no sabe nadar tiene que cruzar tragando”, son las primeras palabras que escuché y apunté, estando cerca de la Calle Real, varado en la barra de un bar entre vinos y cervezas.
A los de la Isla de San Fernando (Cádiz), se les llama cañaillas (Bolinus brandaris), una especie de molusco gasterópodo marino que vive en aguas poco profundas: cañadilla, caracol, búsano, búfalo, cañaílla.
Las cañaíllas son moluscos muy sabrosos, en San Fernando es muy habitual su consumo como tapa o aperitivo.
Los mejores churros del planeta se comen en el Bar 44 (Plaza del Rey), y los pollos asados en Las Palmeras, naturalmente esto es una opinión subjetiva. Lo que sí es real, aunque ya quedan menos, y se cuentan con los dedos de una mano, son esos bares llamados Guichi por los cañaillas, que, ni más ni menos, es una taberna o tugurio en donde todos sus clientes se conocen desde antes de nacer, y de los que se dice que es imposible largarse sin pagar unas docenas de rondas.

LA CALLE_lznNew

La palabra Güichi viene de la inglesa whisky. En el Siglo XIX los ingleses vivieron durante varios años en la Isla. Ante la dificultad de pronunciación de la palabra inglesa por los lugareños y el aporte de agua ya que los viejos taberneros “aguaban” el whisky para mayor producción y más ingresos económicos, nació el “aguichi”, posteriormente quedó en güichi.
La Isla de San Fernando guarda varios pasadizos secretos, por ejemplo el que va desde el Hospital Militar hacia la Casería. En tiempos de los franceses se utilizó para trasladar tanto a los heridos como a los moribundos, ya que cercano a la Casería había una Casa de Miserere, lugar en donde a los que no tenían remedio se les dejaba morir.
Hay otro pasadizo que va desde una de las capillas del Panteón de los Marinos Ilustres, a la Escuela de Suboficiales.
No podemos dejar de nombrar el que comunica la Compañía de María con el Liceo, la iglesia del Carmen.

libro-trazos-jerez-asombroso

3BAR_lznNew

SECRETITOS DE SAN FERNANDO-CÁDIZ

guia-del-suspense-en-la-provincia-de-cadiz

Cuando existe una guerra silenciosa del arte en donde el patrimonio se mueve de un lugar a otro desvaneciéndose en el camino, hablar de ello roza lo imprudente. No solo desaparecen las obras de arte en España de iglesias, monasterios y castillos, mientras por lo bajinis se elevan los murmullos “cantando” que poner a la zorra a cuidar el gallinero no es recomendable.
El patrimonio de las poblaciones españolas, como puedan ser fuentes, pórticos, murales, etc., se van para no volver, aunque mas de unos cuantos terminan adornando las casas de los ediles desaprensivos o abasteciendo un mercado subterráneo no reconocido.
Lo anterior no merma para que nos fijemos en maravillas que pasan desapercibidas por estar donde están, entretanto duran en su timidez salvadas de milagro del expolio como es el caso de los azulejos de San Fernando.

Se da el término “ceramófilo” para referirse a todas aquellas personas fascinadas por el mundo de la cerámica en sus múltiples facetas, por la historia de los barros vidriados, de sus artífices, los ceramistas y por el disfrute de la contemplación de un trabajo artesanal único e irrepetible, producto del efecto del fuego sobre los esmaltes vitrificables.
Desde tiempos remotos en Andalucía, sus antiguos pobladores aprovecharon la calidad de sus barros para elaborar los utensilios domésticos que hicieran más fácil su vida. Posteriormente otros pueblos que poblaron el Sur, aplicaron la cerámica a la decoración, como ocurrió con los árabes, que trajeron un amplio bagaje de conocimientos desde Oriente, introdujeron el color, las formas geométricas en sus alicatados y la depuración de la técnica y del manejo del horno.

Pero no fue hasta finales del siglo XV, cuando un pintor de cerámica genovés que pisó el valle del Guadalquivir, de nombre Francisco Niculoso Pisano, atraído por el emporio que el descubrimiento del Nuevo Mundo iba a suponer para el sur de España, introdujo una faceta clave a la hora de ejecutar piezas en cerámica. En los alfares de Triana, la más importante collación de Sevilla, a orillas del Guadalquivir, se atrevió a pintar sobre un panel de azulejos “en blanco”, sin cocer, como si de un lienzo al óleo se tratara, aplicando los esmaltes de diferentes colores a la escena representada que luego, una vez cocida en el horno, nos brindaba un nuevo modo de expresión artística que lo mismo serviría para un desarrollo ornamental de un edificio que para representar una escena religiosa o profana.
La Península Ibérica se convertiría durante la Edad Media en el lugar de encuentro en el que se darían la mano factores tan diversos como la rica tradición cerámica tardo romana y visigótica, el bagaje tecnológico y el repertorio decorativo de tradición egipcio-mesopotámica, junto a los aportes estéticos y a los nuevos valores del mundo cristiano de procedencia nórdica y mediterránea. Esto dio como resultado un panorama artístico calidoscopio que, pese a la disparidad de elementos de origen, consiguió un grado sorprendente de coherencia estética, equivalente a la alcanzada en otras áreas de la cultura, la sociedad o la economía de la España mudéjar.

En 1771, siendo Asistente de Sevilla Don Pablo Olavide, se produjo la primera división administrativa de la ciudad en cuarteles, barrios y manzanas, que sustituía a la otorgada por Fernando III en 1248 tras la reconquista de Sevilla y que organizaba la ciudad en collaciones parroquiales. Además se comenzó a dar verdadero nombre al callejero, con lo cual surgió la necesidad de su señalización. Esta necesidad fue resuelta por medio de pequeñas losetas de cerámica, que los coleccionistas conocen como “azulejos de Olavide” y que comprenden tres tipos: unos que indican el cuartel, barrio y manzana correspondiente, otros que hacen referencia al nombre dado a la calle, y otros, por último, que indican el número de cada casa. Todavía, hoy, es posible encontrar in situ muchas de estas piezas.
Se han llamado azulejos “de propio”, o también “de censo”, a un tipo de placa o azulejo muy empleado desde el siglo XVII, para, colocado en las fachadas de los inmuebles, dar noticia de la propiedad de los mismos por parte de entidades religiosas o familias nobiliarias. Generalmente representan un escudo o emblema de la institución, a veces completado con un corto texto y/o el número de inventario.
En el dieciocho se extiende la producción de cuadros de santos para adornar las fachadas de las edificaciones religiosas, costumbre que se amplia al uso de paneles de azulejos para componer Vía Crucis, y la de zócalos, que ahora se caracterizan por representar escenas historiadas, en los que a veces el tema se populariza y pierde su carácter religioso. Son muy pocos los conjuntos de azulejos firmados en el siglo XVIII por lo que es difícil la asignación de las obras a sus autores. A principios de siglo, persiste el gusto por las pinturas monocromas (en azul sobre blanco).

Imagen: San José.Hermandad: Devota y Venerable Hermandad y Esclavitud del Bendito Patriarca Señor San José. San Fernando. Cádiz. Pintor: Desconocido. Fábrica: Desconocida.Técnica: Azulejo plano pintado. Fecha: S. XVIII. Ubicación: Fachada de domicilio particular. Calle Real, 119. San Fernando. Cádiz. Medidas: 0,20 m. X 0,30 m. (aprox.)

Imagen: Santa Teresa de Jesús Pintor: Desconocido. Fábrica: Desconocida. Técnica: Azulejo plano pintado. Fecha: Siglo XVIII. Ubicación: Fachada de domicilio particular. Calle Santa Teresa, 26. San Fernando. Cádiz. Medidas: 0,20 m. X 0,20 m. (aprox.)

Imagen: San Rafael Arcángel. Pintor: Desconocido. Fábrica: Desconocida. Técnica: Azulejo plano pintado. Fecha: Siglo XVIII. Ubicación: Fachada de domicilio particular. Calle Velázquez, 16-18. San Fernando. Cádiz. Medidas: 0,15 m. X 0,20 m. (aprox.). Placa.

Imagen: San Joaquín. Pintor: Anónimo. Fábrica: Desconocida. Técnica: Azulejo plano pintado.Fecha: 1781  …..231 AÑOS – Ubicación: Fachada de domicilio particular. Calle San Nicolás, s/n. San Fernando. Cádiz. Medidas: 0,30 m. X 0,45 m. (aprox.)

libro-trazos-jerez-asombroso

EVOLUCIÓN DEL ESCUDO HERÁLDICO DEL AYUNTAMIENTO DE SAN FERNANDO (CÁDIZ)


San Fernando, señorío de la Casa de Arcos hasta 1730, pasó a la jurisdicción de la Corona en 1729 con el reinado de Felipe V, se convierte en Municipio propio e independiente por Real Cédula de Carlos III en 1766.
Año 1812

guia-del-suspense-en-la-provincia-de-cadiz

Los primeros indicios sobre las Armas de la Villa se encuentran recogidos en el acuerdo del Cabildo de 2 de diciembre de 1801, refrendadas por otro de fecha 16 de diciembre del mismo año, donde se describen éstas, en la forma que sigue: «en campo de plata un monte o pradal Sinople (verde) expresivos del cerro en que hay tradición derramaron su sangre los ilustres mártires San Servando y San Germán, con sus imágenes al natural en la cumbre, y en medio de las dos la del Patriarca Sr. San Josef en memoria de los beneficios que recibió este Pueblo por su poderosa protección en la epidemia contagiosa que se apoderó en el año próximo pasado y en la porción inferior en campo de Sinople un puente de plata perfilado de gules (rojo) imitando de escudo en la figura y luz de cinco ojos o Arcos sobre el río de San Pedro, obra magnífica que es de inmemorial antigüedad que tanto distingue a esta, va conteniendo también las antiguas armas de Hércules de que usa la ciudad de Cádiz esculpidas en el mismo Puente y por su parte al escudo las dos columnas con el «nom plus ultra» que siempre los ha adornado y por simero sobre su coronel, el busto de la misma gentilicia deidad con la clava y la piel de león, parte de la cual cae sobre dicho Coronel y un ángulo del Escudo, en cuya vista y reiterando este Ayuntamiento..»


Año 1820

En los años posteriores, se retoma el proyecto y se acuerda solicitar un nuevo escudo para la Ciudad. Así, en 1820 se diseñan diversos modelos para elegir -de entre ellos- el más idóneo.
El escudo heráldico municipal es concedido a la Ciudad por Real Orden de 26 de febrero, cuyo modelo se aprueba en Cabildo de 11 de marzo de 1821. Este modelo es el que remata la fachada de la Casa Consistorial de San Fernando, el denominado cuerpo del reloj.
Sus principales motivos son: el puente Zuazo, símbolo de la trascendencia histórica de la ciudad, principio, medio y fin de la evolución de su término municipal; las columnas de Hércules, símbolo de la fuerza invencible que supuso este enclave; la cinta que las enlaza con la inscripción «Unión y Fuerza» entre la data 1810-1820 y de la que pende una llave, que refuerza la idea de inexpugnabilidad frente al enemigo; el ojo de la Divina Providencia con rayos luminosos, símbolo de la vigilancia permanente, clarificada por la fe providencial; Corona Real cerrada, sosteniendo las ramas de roble y palma, que atribuyen las virtudes de ánimo y constancia, junto con las del triunfo y la victoria o fecundidad. A modo de tenantes, aparecen las figuras alegóricas de la justicia, en el lado diestro y la Fama, en el siniestro.


Año 1859

José Antonio Delgado Orellana, en su obra Heráldica Municipal en la provincia de Cádiz, estudia otro similar que lo fecha en 1859. Diseño idéntico al de las medallas que portan los maceros en los actos oficiales solemnes y en las procesiones cívico-religiosas Asimismo, es el escudo grabado en los clarines que acompañan a la Corporación Municipal cuando concurre a ellas, las denominadas bajo mazas:


Año 1862

Conforme a una certificación del Secretario General se da fe de que el 1 de septiembre de 1813, se saca del legajo el diseño aprobado para hacer un cuadro, que tras la restauración por el pintor isleño Eduardo Martínez, se ha comprobado su datación en 1862, y su autoría por el también pintor isleño Sánchez Márquez. Encargado con motivo de la visita de la reina Dª. Isabel II y que parece, se inspira en el representado en los primeros modelos de 1812 y 1813, permutando los esmaltes y colores heráldicos descritos en éstos, pero conservando algunos motivos. Este modelo de escudo aparece pintado en el tranpantojo del Salón Regio de la Diputación Provincial de Cádiz:


Año 1867

En la sesión de 12 de diciembre de 1867, se acuerda ampliar el uso del escudo acordándose crear una medalla de plata que reprodujese el blasón para que los Capitulares lo ostentasen en los actos oficiales.


Año 1879

Aunque existe un escudo encontrado en orla que enmarca unos grabados de San Fernando, de la Imprenta Alemana de Cádiz, que se podrían fechar alrededor de 1873 por llevar corona mural, año del advenimiento de la I República y donde ya se incorpora, un ancla, entre otros ornamentos militares. Es en las Ordenanzas Municipales de 1879, cuando se imprime un escudo similar al actual, cuya descripción heráldica –como puede observarse en la ilustración que sigue- reitera la simbología expresada más arriba, aunque en esta etapa aparece un nuevo motivo, el sol naciente, añadido al parecer con posterioridad, símbolo de la esperanza en el devenir de la población y que no aparece representado en el boceto original aunque sí en el modelo inmediatamente posterior de 1931. Asimismo, se hace referencia al orlado de ramas de palma y roble, indicadoras de las virtudes «ánimo y constancia» así como a las de «triunfo y victoria».


Año 1931

La corona real, que predomina en todos los modelos es la borbónica o cerrada y en su la aplicación en los documentos oficiales, hubo épocas en que careció de ella como el modelo citado de 1873, ostentando más tarde la Real borbónica hasta la II República en 1931 en que se retoma de nuevo la corona mural como se aprecia en la siguiente ilustración:


Año 1940

El 12 de enero de 1940 y en virtud de la estrecha vinculación de la Ciudad con la Armada, se aprueba por unanimidad, que dada la relación existente entre las Fuerzas Armadas y este Municipio, se convirtiera en realidad la idea de modificar los símbolos que integraban el escudo de San Fernando de ese momento completando los mismos con la adición del ancla, fundamental atributo de la Armada. Y por otra parte, la tradicional corona real cerrada se torna en abierta para timbrar estas Armas. Mencionamos que este modelo de escudo ha sido considerado por la doctrina como pictórico, por lo que no se adapta a las leyes de la heráldica y por este motivo es deseo del Ayuntamiento registrarlo como modelo heráldico:


2012

Escudo español de un solo cuartel. De blanco o plata, un puente de tres ojos de oro mazonado de sable, sobre ondas de azur y plata, sumado de dos columnas dóricas de plata, unidas por una cartela, con la inscripción en sable: «1810 Unión y Fuerza 1820» de la que pende una llave de oro. En jefe, triángulo de oro, resplandeciente de rayos de lo mismo, cargado de un ojo humano, que es símbolo de la Divina Providencia. En el flanco siniestro, sol naciente de oro con rayos resplandecientes de lo mismo. Sobre la boca superior, en el dado diestro: rama de laurel, de sinople y en el siniestro: rama de acacia, de sinople con su fruto, de gules. Ancla acolada de plata y soga de oro mazonada de sable. Al timbre, corona real cerrada, que es un círculo de oro, engastado de piedras preciosas, compuesto de ocho florones de hojas de acanto, visibles cinco, interpoladas de perlas y de cuyas hojas salen sendas diademas sumadas de perlas que convergen en un mundo de azur o azul, con el semimeridiano y el ecuador de oro, sumado de cruz en oro. La corona, está forrada de gules o rojo. En la punta, de cantón diestro al siniestro, filacteria con los Títulos de la Ciudad, que es una cinta flotante de plata, con la inscripción en sable: Muy Leal y Constitucional, Heroica, Invicta, Parlamentaria y Americanista Ciudad de San Fernando.Y cuyos motivos simbolizan: El puente Zuazo, la trascendencia histórica de la ciudad, principio, medio y fin de la evolución del término municipal. Las ondas azur y plata representan al Caño de Sancti-Petri, que limita y rodea al Municipio y al Océano Atlántico, esencial en el desarrollo marinero, en las comunicaciones con América y en la industria de la sal y la construcción naval, aspectos esenciales en la historia y desarrollo de San Fernando. Las columnas en plata, están referidas a las de Hércules, legendario conquistador de las tierras gaditanas y símbolo de la fuerza invencible que supuso este enclave. La llave de oro, simboliza a la inexpugnabilidad frente al enemigo. Las fechas «1810-1820» son las referidas a los dos gritos de libertad dados en la Ciudad, concretamente, contra la invasión francesa. El lema de «Unión y Fuerza», redundan en su significado. El ojo de la Divina Providencia con rayos luminosos, símbolo de la vigilancia permanente, clarificada por la fe. El sol naciente, esperanza de la población isleña en el devenir. Las ramas de laurel y roble que atribuyen las virtudes de la victoria, como expresión de la identificación progresiva del luchador con los motivos y finalidades de su victoria; así como los de fecundidad que tiene toda vegetación y la inmortalidad. El Ancla, la vinculación imperecedera de la Ciudad con la Armada Española. Corona Real cerrada, símbolo de la nueva forma política del estado Español consagrada en nuestra vigente Carta Magna de 1978.


(Manifestamos nuestra gratitud a D. Antonio Guillén Rodríguez por su gran ayuda al facilitarnos documentación)

libro-trazos-jerez-asombroso

LOS ILLUMINATI Y MASONES EN LA ESPAÑA GADITANA


(Escudo actual de San Fernando-Cádiz)

guia-del-suspense-en-la-provincia-de-cadiz

La historia no es realmente como no la cuentan y hay que rehacerla.
Están por todas partes. Hábilmente disfrazados. A veces son sutiles otras veces directos, provocativos y alucinantes. Extraños símbolos, signos, amuletos, y apretones de manos son componentes clave de la conspiración que nos confronta con la fuerza máxima y el mal.
“Esta conspiración satánica sólo tiene éxito porque la gente no puede creer que algo tan colosal y monstruosa realidad existe.”
El mundo es un concurso para nuestras almas. Las personas que están empujando los productos, la violencia y el sexo no están funcionando en forma aleatoria, Ellos tienen símbolos masónicos en sus logotipos. Están construyendo una prisión gigantesca sobre la base de su infierno mental. Este es el Nuevo Orden Mundial.


(El ojo Iluminati que todo lo ve es el culto al Sol negro de Saturno)

Para entender, debemos remontarnos a la historia, al 1 de mayo de 1776, el día en que, un ex sacerdote jesuita, formó su grupo ocultista, que designó como Los Maestros de los Illuminati.
Adam Weishaupt fundó su nuevo grupo sobre la base de la Orden Jesuita, con la cual estaba muy familiarizado. Los Maestros de los Iluminati eran una verdadera sociedad secreta, completamente cerrada al mundo exterior. Tenían un Plan preciso para eliminar todas las religiones e instituciones civiles y gobiernos, reemplazandolos con un nuevo gobierno global, un sistema al que Weishaupt llamó El Nuevo Orden Mundial.
¿Cuáles fueron los planes específicos de este Nuevo Orden Mundial? Nesta Webster, al escribir en su libro, “World Revolution” (Revolución mundial), hizo una lista de las siguientes seis metas:
1. Abolición de la Monarquía y de todo Gobierno organizado.
2. Abolición de la Propiedad Privada.
3. Abolición de la Herencia.
4. Abolición del Patriotismo.
5. Abolición de la familia (del matrimonio y de toda la moralidad, y la institución de la educación comunal de los niños) “Educación comunal de los niños” se refiere a la educación pública administrada por el Estado.
6. Abolición de toda religión.
Para lograr este plan, Weishaupt entendió que necesitaba poder sobrenatural, si iba a destruir con éxito la Civilización Occidental, que era religiosamente cristiana. ¡Por tanto, Weishaupt estableció sus Maestros de los Iluminati con una base ocultista!
La escala masónica se compone de 33 partes, masonería azul o en la que los masones hacen actividades buenas y todo bien, mientras suben de grado pasan a la masonería roja, en la que inician estudios y creencias ocultistas y por ultimo pasan a la masonería negra, donde tienen otros puntos de vista con respecto a la humanidad, acentúan mas sus creencias de idolatría  cuales tienen como objetivo la unificación o la eliminación de religiones.
En España, la masonería moderna o especulativa, que es la masonería en el sentido actual de la palabra, fue establecida en 1727 al fundarse la Matritense, primera logia de Madrid, por lord Wharton, si bien funcionaba otra desde 1726 en Gibraltar. Años después, en 1739, lord Raimond constituía la Gran Logia Provincial de España, con sede en Andalucía. En 1780, se crea el primer Gran Oriente español, que alcanza gran florecimiento con Montijo, sucesor de Aranda. En este primer periodo, la masonería española tiene ya alcance y significación política debido a la actividad de Aranda y, principalmente, de Montijo, en quien se ha querido ver uno de los responsables del motín de Aranjuez.
Logias masónicas históricas de San Fernando (Cádiz)
4 ABRIL 8
COSMOPOLITA 22
LUZ 1
UNION Y FUERZA


San Fernando tenía logia propia desde 1870. Taller “Unión y Fuerza” fundada bajo el Gran Oriente Nacional de España del Vizconde de Ros antes de convertirse en el Gran Oriente Ibérico, con Boletín masónico de San Fernando (1881)
La masonería gaditana ha estado presente en actuaciones relevantes tales como la protección del general Francisco de Miranda, cuando estaba en vida encarcelado en el Penal de las Cuatro Torres de la Carraca (San Fernando-Cádiz), y posterior traslado de su cadáver a lugar seguro mientras se difundía la falsa y estratégica información de que había recibido sepultura en una fosa común del propio penal.
Protagonismo muy relevante en los actos de la formación y promulgación de la Constitución española de 1812 y su repercusión en Hispanoamérica.
En la actualidad tiene mucha importancia por ser Cádiz punto de reunión de La Fraternidad  Skrull & Bones (Calaveras y Huesos)

Skull and Bones se diferencia de otras fraternidades semisecretas en varios puntos.
.- Tanto la lista de sus miembros como sus actividades son un secreto.
.-Es “una sociedad mayor”, debido a que sólo son aceptados los veteranos a los que les queda un año para su graduación.
.-Sus miembros tienen un historial de crímenes más allá de la Orden, aunque se desconoce si estos crímenes son parte de la iniciación o simplemente son un estímulo para rivalizar entre ellos.
.-La Orden inspira de vez en cuando una lealtad fanática. Se sabe de miembros que se han tatuado a cuchillo la insignia de la Orden en su carne.
.-Filosofía: el caos constructivo
“El Caos Constructivo” (podría decirse también desorden provechoso) es la metodología de las familias millonarias para perpetuarse en el poder.

libro-trazos-jerez-asombroso

EL HOMBRE QUE ANDABA SOLO

LA CITA – Tomado de la novela EL HOMBRE QUE ANDABA SOLO por Sir Charles Edward Grove


La cita está acordada a las once de la mañana en el Centro de Visitantes del Parque Natural Bahía de Cádiz. El lugar es idóneo para pasar desapercibido, las modernas instalaciones, el escaso fluir de publico, mas un día desapacible, muy lluvioso, frío como él solo. La meteorología facilita los objetivos que se propone en este mes de enero, durante su estancia en San Fernando.


Al traspasar la entrada y las puertas automáticas de seguridad, justo al final de una rampa, Paco Blas se topa con la recepción.  Mira la hora en su móvil, constata que va bien de tiempo, la puntualidad siempre le caracteriza. Delante de él, en la cola, sólo se encuentran dos o tres personas mayores con apariencia de jubilados. En el recinto, ojeando revistas y folletos un matrimonio se entretiene mientras dos chicos, posiblemente sus hijos, curiosean en la tienda los artículos para llevarse a casa un recuerdo de este Centro de Visitantes del Parque Natural Bahía de Cádiz en la zona de los esteros.


Detrás del mostrador en la sala de recepción se halla Mónica, una agradable joven morena del lugar, alta y delgada, con un piercing en el labio superior, otro en la nariz, mas un tercero en la ceja, es una replica calcada de Noomi Rapace en la película Millennium, en el papel de Lisbeth Salander.


Transcurre poco tiempo hasta que Paco Blas es atendido por Mónica. Al verla y escucharla, reflexiona que es muy acertado lo que siempre se ha dicho referente a las mujeres “cañaillas” de estas tierras gaditanas de San Fernando: “entre la tierra y el cielo no hay mujeres con mas salero”.
Paco Blas, por un momento, se auto complace con la fragancia proveniente de Mónica que le llega a su inmensa nariz. La colonia Adolfo Domínguez, mezclada con el Ph de la chica dan como resultado una frescura femenina de mareo — eso piensa–, mientras ella inclinada sobre un folleto le  va explicando el plano del edificio, su distribución, las partes que componen la visita estructurada, y las aves posibles a observar con un poco de suerte.


Apunta Mónica:  —-Hoy es el momento mas  apropiado para ver una gran variedad de aves debido a que el llamado mal tiempo (no hay tiempo malo apostilla), aleja a paseantes de los alrededores y las aves  pueden campar a sus anchas, acercándose bastante al mirador, sin temor alguno a ser importunadas.
Mientras presta mucha atención a las explicaciones de Mónica por el rabillo del ojo, Paco Blas nota la presencia de dos jóvenes altos y atléticos,  de esos que se pasan horas y horas en el gimnasio. Toman café junto a una maquina expendedoras de bebidas, golosinas y chucherías.


Algo mas tarde, durante la presentación del audiovisual, se llena la sala, mayoritariamente con un grupo de solteros, solteras, viudos, viudas, divorciados, divorciadas, componentes todos de una de esas tantas asociaciones que en los últimos años proliferan como setas en invierno, llevados por un no querer quedarse solos en casa llamados “singles”.
Paco Blas ha llegado al Centro de Atención al Visitante desde el albergue de los llamados sin techo en la calle Lope de Vega, después de pasar dos noches, de las tres que le han admitido, esperando a ser contactado, hasta que recibe  en su Black Berry un e-mail dándole las coordenadas del próximo sitio de reunión. El correo encriptado que le ha llegado trae consigo algunos documentos adjuntos con planos en formato JPG, copiados del Google MAP, indicando donde se ha acordado el encuentro. Tanto la persona que le envía el correo, como él mismo, utilizan correos Hotmail impersonales por seguridad.  Una vez leído el mensaje lo borra.

Paco Blas emplea la red de albergues y comedores de indigentes del territorio nacional, ateniéndose a las advertencias acordadas a seguir, especialmente por su propia supervivencia. Ha sido instruido, sabiendo que en las redes de albergues, alojamientos y comedores sociales son poco probables que los de La Casa, como se le conoce al CNI (Centro de Información para la Defensa), se dejen caer o se inmiscuyan en ellos. Los albergues en concreto utilizados por Paco Blas y compañía, pertenecen a la red de Cáritas, estos a diferencia de los municipales no dan parte a la policía y les son fáciles de colar un documento de identidad arreglado o amañado.


A primeras horas del día y en la mañana, después del opíparo desayuno ofrecido por las monjitas del albergue, Paco Blas ha salido del establecimiento de acogida donde pasó la noche y, en la esquina con la calle San Marcos mira atrás comprobando que nadie le sigue.
Va a buen paso por la Avenida Ronda del Estero hasta llegar al puerto “Gallineras”, ahí hace un alto, deteniéndose a observar los botes en los amarres, poco después reanuda su camino, haciendo una parada en el “Bar El Cruce” para comprar tabaco; lamentablemente la máquina expendedora se encuentra estropeada. Con la amabilidad que caracteriza a las gentes de San Fernando, unos hombres que están de charlas en la puerta del bar,  le indican que vaya a “Casa Pepe”.


En otro lugar de la misma población, en el centro local de caridad y atención al necesitado llamado el “Pan Nuestro”, situado en el polígono industrial Fabricas de San Fernando, el argentino Carlos Torres maldice al hijo de puta que se ha llevado la alcachofa o telefonillo de la ducha. Nunca ha terminado por entender él, cómo las personas que mas se putean y se castigan entre si, son curiosamente los mas pobres y parias de la sociedad.  El gel de baño que le han prestado en el “Pan Nuestro”, está condicionado a ser devuelto una vez él haya terminado su uso de aseo corporal, retornando el bote a través del mostrador del recibidor, el mismo en donde todos los días se recogen y dispensa ropa o alimentos, atendido por señoras y personal voluntariado. El gel ha dejado oliendo a Carlos Torres a esencias de tonto dominguero. Indudablemente este día ni las moscas cojoneras se le han de arrimar, piensa para si mismo mientras da la vuelta al edificio, colocándose en la cola a la espera de escuchar el toque de la campanilla llamando a pasar al salón comedor donde están recién fregados los suelos, limpios los ventanales y las cristaleras por un portugués porrero que ahí trabaja. La risa estridente de una mujer joven y algo tocada de la cabeza cuyo nombre es Chari, le saca de sus pensamientos. Las carcajadas brujeriles de ella se extienden alrededor de todos los presentes,  algunos libidinosos sátiros la contemplan como buitres carroñeros ávidos de sexo,  sintiendo removerse sus braguetas.
Carlos Torres es mas que un curioso hombre mayor, nacido en Kentucky (USA), hijo de un padre de tercera generación de emigrantes nicaragüenses, hecho así mismo en este gran país de múltiples oportunidades, y una madre polaca divorciada de un jodido irlandés borracho maltratador. En  realidad su verdadero nombre es otro muy diferente, ha empleado tantos que ya ni responde al suyo propio, por eso ha adoptado el de un desaparecido.
Anda Carlos Torres en la actualidad por España con documentación oficial clonada, conseguida en aquellos tiempos que le desplazaron a Argentina, cuando trabajaba en La Compañía (CIA), justo en los periodos mas duros de la dictadura del general Videla y sus temerosos escuadrones de la muerte, entre los años mil novecientos setenta y seis, y el ochenta y uno. Carlos Torres conoció a Jorge Rafael Videla en la Escuela de las Américas, ese rocambolesco centro de entrenamiento de militares de habla española en Panamá, financiado por el país de las barras y estrellas. Un verdadero furúnculo a la democracia, mire como se mire.
Cuando joven, Carlos Torres ingresó a la muy temprana edad de dieciocho años en las fuerzas armadas americanas especiales incrustadas en Panamá, propiamente en el llamado Comando Sur. Mas pronto que tarde, sin pedirlo, fue reclutado por los servicios de inteligencia viéndose inmediatamente involucrado en varios sucesos muy llamativos que le provocaron un silencioso reconocimiento posterior y ascenso, aunque no hecho publico por razones de seguridad. Muchas de las acciones eran operaciones encubiertas o de falsa bandera. Prácticamente podemos decir que su bautismo de fuego en primera línea, le llegó con la intervención en la ejecución del accidente de aviación  donde Omar Torrijos, aquel presidente panameño populista murió, un treinta y uno de julio del año mil  novecientos ochenta y uno. Misteriosamente su aeronave DeHavilland Twin Otter (DHC-6), explotó como un castillo de fuegos pirotécnicos en pleno vuelo, desapareciendo para los controladores de radar de inmediato.
La pérdida de la nave se reportó a las veinticuatro horas siguientes, localizándose el impacto del avión muchos días después. En la recuperación del cuerpo del general Torrijos, se empleo a fondo un comando de fuerzas especiales, entre ellos casualmente estaba Carlos Torres en misión de hacer desaparecer elementos involucratorios, como a la par dejar en el escenario del accidente otros en clara maniobra de despiste. Esta misión de alto secreto, fue orquestada y financiada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y respondió al nombre “Operación Halcón al Vuelo”. Se ejecutó con una bomba puesta dentro de una grabadora, introducida en el aeroplano que iba hacia Coclé.


A Carlos Torres se le asignó esta crucial labor muy a regañadientes. La cúpula de mandos tenía reticencias a que un joven tildado de inexperto fuese capaz de sacar adelante la misión, afortunadamente para él, este argumento fue dejado a un lado y abandonado en medio de  las premuras de tiempo, ya que el contrato con Japón de construir un canal a nivel de mar estaba casi cerrándose produciendo un duro y grave revés a los intereses americanos en la zona. Se hacia imprescindible la eliminación del general Torrijos, una vez dadas por fracasadas todas las conversaciones posibles en  las negociaciones del Canal. Prácticamente, en esos momentos, no se contaba con tiempo material para detener la injerencia de los nipones. Si no estoy errado esta decisión fue tan difícil y cruda de tomar, como igual o tanto lo fue, en su momento, dar la orden de apartar del camino al presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy, a mano de tres franco tiradores, el veintidós de noviembre de mil novecientos sesenta y tres, achacándole el magnicidio a un  pobre chivo expiatorio llamado Lee Harvey Oswald, al que muy pronto se le quito de escena con la ayuda de la mafia italiana a cambio de pingües y posteriores favores.
Realmente la Gran Logia Negra no se había visto obligada a tomar esta determinación desde los tiempos en que mandó a ejecutar a Abrahán Lincoln  a través de un sicario que respondía al nombre de Jhon Wikes Booth, bajo la ayuda del paraguas de ocultos facilitadores, siempre ateniéndose al ritual de hacerlo en viernes y tiro a la cabeza. Lógicamente al sicario tampoco se le dejo llegar vivo ante la Justicia, casualmente haciéndole reencarnar antes de tiempo.
El mando se decantó por Carlos Torres, debido a su reciente éxito logrado, tan solo un par de meses antes, en una  actuación en grupo, muy similar, efectiva y eficiente, como fue la muerte del presidente ecuatoriano Jaime Roldós, haciendo explotar por los aires el avión donde viajaba este, acompañado de su mujer más el grueso de colaboradores muy cercanos a él, un veinte y cuatro de mayo del año en curso de mil novecientos ochenta y uno.


Carlos Torres, es a todas luces, un angelito de mucho cuidado, un cabronazo de tomo y lomo. Para poder introducir la grabadora con la bomba en el avión de Torrijos tuvo que seducir a un alto militar gay del séquito del presidente. Lo abordó en un kiosco de revistas en el aeropuerto de Tocumen de la ciudad de Panamá, cuando hizo un comentario en voz alta sobre los titulares de la prensa no apropiados para unas vacaciones, tal como se proponía tener en Farallón.  Después de pasar una noche de apasionado amor en una habitación en el hotel Playa Blanca Resort, le entregó la grabadora diciéndole que quería recoger las palabras del presidente porque le eran de mucho interés económico para sus mandos. El militar nunca llegó a sospechar que transportaba una bomba, la misma que mataría poco después tanto a su jefe como al propio homosexual de  gran rango.


Hoy viene en el Diario de Cádiz, también en la prensa local, el extraño hallazgo de dos jóvenes aparecidos muertos en los servicios de caballeros del Centro de Visitantes del Parque Natural Bahía de Cádiz.
Nadie hizo preguntas, tan sólo Mónica se percató de dos hombres que entraron juntos y salieron por separado, marchándose el de más edad y mayor estatura, entremezclado en medio del grupo de jubilados. Por un instante fugaz se entrecruzaron sus miradas, dejándole una inquieta sensación de ánimo en la chica de San Fernando.

…….¡¡¡¡CONTINUARÁ!!!     –

EL LABERINTO DE LAS SALINAS (SAN FERNANDO – CÁDIZ)

guia-del-suspense-en-la-provincia-de-cadiz

En el Centro de Visitantes del Parque Natural Bahía de Cádiz nos encontramos con un peculiar y singular laberinto, es el llamado “El laberinto de las Salinas”
El laberinto como construcción y símbolo está presente en muchas tradiciones culturales de la humanidad, la historia milenaria de este elemento revela la fascinación que siempre ha despertado en el hombre porque, de algún modo, le habla de la condición humana: existen infinitas situaciones en las que es fácil entrar pero de las que es difícil salir.
Los laberintos tienen diversidad de formas y composición. Hasta nuestros días se han conservado galerías intrincadas y complejas, caminos por cuevas, laberintos arquitectónicos sobre sepulturas, planes sinuosos en las paredes o pisos, marcados con mármol de color o con tejas, senderos tortuosos en el terreno y sinuosidades en el relieve de las rocas.
Con dibujos de laberintos se adornaban las vestiduras de los emperadores cristianos hasta el siglo IX y restos de esta clase de adornos se conservan hasta hoy día en las iglesias y catedrales de aquellos tiempos. Es posible que estos adornos simbolizasen la complejidad del camino de la vida y de los extravíos del hombre. Sobre todo se practicaban mucho los laberintos en la primera mitad del siglo XII. En la Francia de aquellos tiempos, los laberintos se construían de piedra o se representaban en el piso de iglesias y catedrales. Con mayor frecuencia eran llamados “camino a Jerusalén” y simbolizaban el difícil camino terrenal hacia los “lugares santos”, recompensado con la felicidad celestial, por eso, el centro de los laberintos con repetición se denominaba “cielo”.
El laberinto está universalmente reconocido como símbolo de Totalidad y Unidad. Así pues, comenzar este proceso es un renacimiento, es encontrar la espiral de transformación y crecimiento. El camino hacia adentro facilita la peregrinación hacia nuestro interior, la búsqueda de la comunión y conexión con nuestro SER, conocimiento y unión de los diferentes cuerpos con los que nos movemos.  El espacio central es un lugar de meditación, contemplación y recepción de la conexión con la Unidad. El camino de retorno, hacia afuera, conduce a la integración de las vivencias y sensaciones de la unión con el poder del Amor dela Unidad.
Se afirma que si el laberinto se recorre con la mente y el corazón abiertos, se convierte en un espejo que responde a las preguntas acerca de quiénes somos y dónde estamos en nuestra actual vida.
La figura del laberinto es común a muchas culturas antiguas. Ya desde entonces, lejos de representar un juego, el trazo hablaba de los retos para el espíritu.

Todo laberinto, hasta el que se traza como un pasatiempo infantil, tiene una cualidad hipnotizante. Algo abismal arrastra la mirada hacia su interior y basta un descuido para quedar atrapado en sus meandros. Mirar la propia vida en retrospectiva puede ser una experiencia semejante. Uno se percata de las vueltas y revueltas que se han tenido que producir para finalmente estar en este lugar preciso. Y si bien este es uno de los significados del laberinto, el símbolo, complejo como su estructura, guarda en su interior otros varios sentidos que abarcan también el del viaje al más allá.
Durante el medioevo los arquitectos utilizaron el emblema del laberinto trazándolo en los suelos de diversas catedrales. Los fieles lo recorrían simulando la peregrinación hacia Tierra Santa. El acto escondía otro simbolismo atrás del aparente. Dicho recorrido equivalía a la búsqueda de Dios experimentada por el alma.
Cuando una persona muere su alma es transportada más allá de las aguas de la muerte hacia la entrada del mundo subterráneo. Conforme se acerca el alma del muerto alcanza a distinguir la figura de una mujer que agachada sobre la tierra traza un dibujo.
Ella es la guardiana del umbral, y lo que dibuja es un laberinto. Pero cuando el alma está lo suficientemente cerca borra una mitad de lo trazado. El alma entonces, para poder ingresar a la Tierra de los Muertos deberá completar el laberinto. Si falla será devorada por la guardiana.
Para poder superar el reto las personas deben estudiar el secreto del laberinto antes de morir. Comprenderlo es su pase de entrada a la inmortalidad. “El que solo busca la salida no entiende el laberinto y aunque la encuentre, saldrá sin haberlo entendido”
Todo ser humano tiene que resolver el laberinto de su propia existencia si quiere descubrir los arcanos de la creación y escalar hasta las más altas cuotas del Espíritu.

libro-trazos-jerez-asombroso

MARUJEOS EN LA TABERNA DEL TITI


La Real Academia aún no ha incluido este vocablo en el diccionario; pero debería hacerlo cuanto antes, ya que se trata de una palabra precisa, rica y de gran porvenir.
Desde luego no equivale a chismorreo o a cotilleo. Estos términos se aplican al intercambio de chismes, es decir de noticias o bulos pregonados para hacer daño a terceras personas. El marujeo es deporte de más amplio espectro. Marujear es platicar sobre intimidades ajenas sin otro fin que pasar el rato. Las marujas (o los marujos) no pretenden molestar ni difamar, aunque a veces lo consigan. No van por ahí propalando calumnias (¡Dios nos libre!) ni bordeando escabrosidades de mal tono. Son compasivos censores de los tropiezos del prójimo, amables conversadores de trivialidades. Sólo eso.
Dice acertadamente Enrique Monasterio que hay infinitas formas de marujear. El marujeo epistolar, ya en declive, dio paso al telefónico, y, en los últimos años, al móvil y al marujeo en la red o marujeo.net. Hay marujeos de playa, de piscina y de caja de hipermercado; marujeo de madrugada, en chándal color fucsia, y de terraza, al caer la tarde, entre burbujas de cubata y crujidos de patatas fritas.


No sé si tiene algún sentido, si es que debiera por sí mismo tenerlo, aunque bien pensado pocas cosas se puede decir que lo tengan, siguiendo la línea que es de esperar en una persona aparentemente sensata, como todo el mundo supone de él.
Domingo Día Bueno deberá asumir el doloroso e inevitable nuevo rumbo de su vida, de igual modo y manera que cambian las serpientes de piel. Esta determinación la toma mientras los abogados le leen las cláusulas de divorcio, con la misma solemnidad, implicación y seriedad que pueda tener masticar un chicle.
La situación resulta desconocida y las palabras que ahí se plantean suenan lejanas No poseen, en absoluto, relación con él, y eso sin apuntar que se va a quedar en la puta calle, prácticamente con una mano atrás y otra delante, desplumado por su mujer y apuntillado por gilipollas.
En fin, las cosas son como son y hechas están, se dice para sí. Además, no piensa  de ningún modo arrastrar permanentemente ese sentido de culpa consigo mismo que sólo consiguen los católicos, por más que él fuese bautizado en esta religión por nacimiento y cultura, aunque en la práctica, pocas son las ocasiones que ha pisado un templo.
Con precisión de relojero suizo que no equivoca ni bielas ni contrapesos, va Domingo Día Bueno analizando sus posibilidades, sin para nada caer en un solitario y masoquista regodeo morboso con condicionamientos onanísticos. Afortunadamente, ha conseguido dejar atrás esos angustiosos primeros instantes en que la tristeza lo aplastó, y aquellos oscuros intentos de quitarse la vida arrojándose al vacío interior de una copa de whisky. Fueron copas cabalgadas tras un afán suicida. Venturosamente su propósito de borrarse o quitarse de en medio se le pasa rápido.


Se murió nuestro amigo Antonio, propietario de un garito playero, aquí en San Fernando, llamado La Taberna del Titi, en la barriada de Camposoto. Una tragedia para todos los que le conocíamos y éramos su clientela pero más para Manuela que le aguantó durante muchos años su cara acartonada y las largas depresiones. Curiosamente, ninguno de nosotros le vio reírse. Y para una vez que se rió, va y se muere, dejando a su mujer con un palmo de narices.
Lo que  más le irrita a Manuela es no saber, según sus palabras, de qué coño se reía su hombre.
A Antonio lo encontraron en el servicio defecando muy a gustito, con una sonrisa de un lado a otro de la cara.  En uno de sus bolsillos llevaba una nota muy manida, con un poema estampado en ella. No era suyo. Según él, otro se le había adelantado en la idea. A nosotros nos lo leía en voz alta, en voz baja, o sin ninguna voz, sin venir nada a cuento.
Manuela es una mujer entrada en carnes o salida de ellas, según se mire y por el lado que se haga el abordaje. A ella de siempre le ha gustado echarse sus escapaditas amorosas con quien se le antojase en ese momento, incluso antes de que su marido Antonio la palmara sentado en el trono, teniendo esta señorona también devaneos esporádicos con alguno de nosotros, y otros de los que no supimos nunca nada.


A Manuela, a ella, Domingo Día Bueno acudió buscando consuelo. No sabemos si lo halló, pero sí que entre sus grandes pechos se quedó como una ballena varada, pataleando durante esos momentos en que arrastraba desazón e infortunios derivados de su matrimonio.
Ella, la Manuela, es mujer nacida en la Línea de la Concepción, allá en los campos de Gibraltar. Fue iniciada cuando era mozuela en cuestiones del amor y forniqueo por un inglés malaje llamado Peter, al que le gustaba el vino gaditano más que a un niño mamar del pecho de la madre.
De los ojos claros del inglés de Liverpool, se quedó enamorada la bendita Manuela, tanto o igual que el propio cuelgue e intensidad que tenía el hijo de la Gran Bretaña por los vinitos locales y por el hachís traído del moro, nacionalizado en Cádiz a su entrada de contrabando por Barbate o los Caños de Meca.
De los ratos de hacer el amor con Manuela, gusta no solamente sus maneras de dejar el cuerpo apañado, nuevo, listo para pasar revisión, sino también ese puntito personal en cantar coplas al oído en la cama, mientras uno se deshace en esfuerzos, jadeos y buenos intentos, abarcando con los brazos sus inmensidades físicas, las mismas con que la naturaleza pródiga la ha dotado sin escaseces, por el contrario con mucho derroche.


De Josefina, la ex mujer de Domingo Día Bueno, hay que decir que le dio por un toque raro. De la noche a la mañana, un día se levantó de la cama iluminada, diciendo escuchar voces mandándola a salir del armario y no esconder más su lesbianismo.
Todos nos quedamos pasmados cuando nos enteramos del mandato divino. Sabemos que a las cosas del arriba no hay que discutirlas, aunque ya nos habían llegado campanadas de que entre ella y la sobrina de  Antonio, el propietario de la Taberna del Titi, la llamada Encarna, existía un algo más que risitas. Pero Domingo Día Bueno no estaba por la labor de hacernos caso, diciendo que eran habladurías nuestras y envidias por lo “buenorra” que está su Josefina. Además –agrega– ella es una santa, muy religiosa, devota de la virgen morenita de Chipiona, donde suele acudir a su santuario, dos veces por semana.
Un día malo, de esos que no deben suceder y a la par son inevitables, cuando andaba de tratos de caballos Domingo Día Bueno por Chipiona, se le ocurrió seguirla.
Ángel, el caballista preparador de equinos de alta doma, fue quien se lo confirmó, por ser ya voz total del pópulo. Además, por si fuera poco, las dos amantes frecuentaban siempre el mismo hostal, casualmente propiedad del caballista, justo en el centro de Chipiona.
Justificada, entonces, la repentina devoción de su mujer por la virgencita chipionera, milagrosa patrona del pueblo, ese día no hubo ya más ganas de tratos de caballos, se nos desfondó nuestro amigo Domingo Día Bueno, teniendo la poca brillante idea de acudir a desahogarse con el tío de la Encarna: Antonio el tabernero, el amo de la “Taberna del Titi”.
Cuando este Antonio escuchó toda la historia, le entró una risa boba descomunal, descojonándose a no parar, sin poder detener el ataque de carcajadas por más que lo intentaba, yendo cada minuto que pasaba a más y más, para mayor mosqueo del marido humillado.
De repente, lo dejaron solo en la barra a Domingo Día Bueno.  Al tabernero burlón le sobrevino un fuerte apretón de tripas, viéndose obligado a salir, como alma que lleva el diablo, escopetado a los servicios, los mismos donde le hallarían horas después, sentadito y muy risueño.


Ahora la Taberna del Titi se sigue llamando igual, ha pasado a ser propiedad de la viuda y la atienden las dos amantes: Josefina y Encarna, mientras nosotros en las mismas andamos, continuamos siendo parte de la clientela habitual, incluso se nos ha unido de nuevo el amigo Domingo Día Bueno, ya recuperado. Se murmura que Manuela tiene mucho que ver en  esta milagrosa recuperación temprana, ayudado un poco, como no, por la Josefina, su ex mujer, a quien de pascuas a ramos, le da por jugar socarronamente con él y la pareja de esta a tres bandas.