PASADIZOS SECRETOS EN LA ISLA DE SAN FERNANDO

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“La vida es un mar de mierda que hay que cruzar nadando. Quien no sabe nadar tiene que cruzar tragando”, son las primeras palabras que escuché y apunté, estando cerca de la Calle Real, varado en la barra de un bar entre vinos y cervezas.
A los de la Isla de San Fernando (Cádiz), se les llama cañaillas (Bolinus brandaris), una especie de molusco gasterópodo marino que vive en aguas poco profundas: cañadilla, caracol, búsano, búfalo, cañaílla.
Las cañaíllas son moluscos muy sabrosos, en San Fernando es muy habitual su consumo como tapa o aperitivo.
Los mejores churros del planeta se comen en el Bar 44 (Plaza del Rey), y los pollos asados en Las Palmeras, naturalmente esto es una opinión subjetiva. Lo que sí es real, aunque ya quedan menos, y se cuentan con los dedos de una mano, son esos bares llamados Guichi por los cañaillas, que, ni más ni menos, es una taberna o tugurio en donde todos sus clientes se conocen desde antes de nacer, y de los que se dice que es imposible largarse sin pagar unas docenas de rondas.

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La palabra Güichi viene de la inglesa whisky. En el Siglo XIX los ingleses vivieron durante varios años en la Isla. Ante la dificultad de pronunciación de la palabra inglesa por los lugareños y el aporte de agua ya que los viejos taberneros “aguaban” el whisky para mayor producción y más ingresos económicos, nació el “aguichi”, posteriormente quedó en güichi.
La Isla de San Fernando guarda varios pasadizos secretos, por ejemplo el que va desde el Hospital Militar hacia la Casería. En tiempos de los franceses se utilizó para trasladar tanto a los heridos como a los moribundos, ya que cercano a la Casería había una Casa de Miserere, lugar en donde a los que no tenían remedio se les dejaba morir.
Hay otro pasadizo que va desde una de las capillas del Panteón de los Marinos Ilustres, a la Escuela de Suboficiales.
No podemos dejar de nombrar el que comunica la Compañía de María con el Liceo, la iglesia del Carmen.

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SECRETITOS DE SAN FERNANDO-CÁDIZ

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Cuando existe una guerra silenciosa del arte en donde el patrimonio se mueve de un lugar a otro desvaneciéndose en el camino, hablar de ello roza lo imprudente. No solo desaparecen las obras de arte en España de iglesias, monasterios y castillos, mientras por lo bajinis se elevan los murmullos “cantando” que poner a la zorra a cuidar el gallinero no es recomendable.
El patrimonio de las poblaciones españolas, como puedan ser fuentes, pórticos, murales, etc., se van para no volver, aunque mas de unos cuantos terminan adornando las casas de los ediles desaprensivos o abasteciendo un mercado subterráneo no reconocido.
Lo anterior no merma para que nos fijemos en maravillas que pasan desapercibidas por estar donde están, entretanto duran en su timidez salvadas de milagro del expolio como es el caso de los azulejos de San Fernando.

Se da el término “ceramófilo” para referirse a todas aquellas personas fascinadas por el mundo de la cerámica en sus múltiples facetas, por la historia de los barros vidriados, de sus artífices, los ceramistas y por el disfrute de la contemplación de un trabajo artesanal único e irrepetible, producto del efecto del fuego sobre los esmaltes vitrificables.
Desde tiempos remotos en Andalucía, sus antiguos pobladores aprovecharon la calidad de sus barros para elaborar los utensilios domésticos que hicieran más fácil su vida. Posteriormente otros pueblos que poblaron el Sur, aplicaron la cerámica a la decoración, como ocurrió con los árabes, que trajeron un amplio bagaje de conocimientos desde Oriente, introdujeron el color, las formas geométricas en sus alicatados y la depuración de la técnica y del manejo del horno.

Pero no fue hasta finales del siglo XV, cuando un pintor de cerámica genovés que pisó el valle del Guadalquivir, de nombre Francisco Niculoso Pisano, atraído por el emporio que el descubrimiento del Nuevo Mundo iba a suponer para el sur de España, introdujo una faceta clave a la hora de ejecutar piezas en cerámica. En los alfares de Triana, la más importante collación de Sevilla, a orillas del Guadalquivir, se atrevió a pintar sobre un panel de azulejos “en blanco”, sin cocer, como si de un lienzo al óleo se tratara, aplicando los esmaltes de diferentes colores a la escena representada que luego, una vez cocida en el horno, nos brindaba un nuevo modo de expresión artística que lo mismo serviría para un desarrollo ornamental de un edificio que para representar una escena religiosa o profana.
La Península Ibérica se convertiría durante la Edad Media en el lugar de encuentro en el que se darían la mano factores tan diversos como la rica tradición cerámica tardo romana y visigótica, el bagaje tecnológico y el repertorio decorativo de tradición egipcio-mesopotámica, junto a los aportes estéticos y a los nuevos valores del mundo cristiano de procedencia nórdica y mediterránea. Esto dio como resultado un panorama artístico calidoscopio que, pese a la disparidad de elementos de origen, consiguió un grado sorprendente de coherencia estética, equivalente a la alcanzada en otras áreas de la cultura, la sociedad o la economía de la España mudéjar.

En 1771, siendo Asistente de Sevilla Don Pablo Olavide, se produjo la primera división administrativa de la ciudad en cuarteles, barrios y manzanas, que sustituía a la otorgada por Fernando III en 1248 tras la reconquista de Sevilla y que organizaba la ciudad en collaciones parroquiales. Además se comenzó a dar verdadero nombre al callejero, con lo cual surgió la necesidad de su señalización. Esta necesidad fue resuelta por medio de pequeñas losetas de cerámica, que los coleccionistas conocen como “azulejos de Olavide” y que comprenden tres tipos: unos que indican el cuartel, barrio y manzana correspondiente, otros que hacen referencia al nombre dado a la calle, y otros, por último, que indican el número de cada casa. Todavía, hoy, es posible encontrar in situ muchas de estas piezas.
Se han llamado azulejos “de propio”, o también “de censo”, a un tipo de placa o azulejo muy empleado desde el siglo XVII, para, colocado en las fachadas de los inmuebles, dar noticia de la propiedad de los mismos por parte de entidades religiosas o familias nobiliarias. Generalmente representan un escudo o emblema de la institución, a veces completado con un corto texto y/o el número de inventario.
En el dieciocho se extiende la producción de cuadros de santos para adornar las fachadas de las edificaciones religiosas, costumbre que se amplia al uso de paneles de azulejos para componer Vía Crucis, y la de zócalos, que ahora se caracterizan por representar escenas historiadas, en los que a veces el tema se populariza y pierde su carácter religioso. Son muy pocos los conjuntos de azulejos firmados en el siglo XVIII por lo que es difícil la asignación de las obras a sus autores. A principios de siglo, persiste el gusto por las pinturas monocromas (en azul sobre blanco).

Imagen: San José.Hermandad: Devota y Venerable Hermandad y Esclavitud del Bendito Patriarca Señor San José. San Fernando. Cádiz. Pintor: Desconocido. Fábrica: Desconocida.Técnica: Azulejo plano pintado. Fecha: S. XVIII. Ubicación: Fachada de domicilio particular. Calle Real, 119. San Fernando. Cádiz. Medidas: 0,20 m. X 0,30 m. (aprox.)

Imagen: Santa Teresa de Jesús Pintor: Desconocido. Fábrica: Desconocida. Técnica: Azulejo plano pintado. Fecha: Siglo XVIII. Ubicación: Fachada de domicilio particular. Calle Santa Teresa, 26. San Fernando. Cádiz. Medidas: 0,20 m. X 0,20 m. (aprox.)

Imagen: San Rafael Arcángel. Pintor: Desconocido. Fábrica: Desconocida. Técnica: Azulejo plano pintado. Fecha: Siglo XVIII. Ubicación: Fachada de domicilio particular. Calle Velázquez, 16-18. San Fernando. Cádiz. Medidas: 0,15 m. X 0,20 m. (aprox.). Placa.

Imagen: San Joaquín. Pintor: Anónimo. Fábrica: Desconocida. Técnica: Azulejo plano pintado.Fecha: 1781  …..231 AÑOS – Ubicación: Fachada de domicilio particular. Calle San Nicolás, s/n. San Fernando. Cádiz. Medidas: 0,30 m. X 0,45 m. (aprox.)

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EVOLUCIÓN DEL ESCUDO HERÁLDICO DEL AYUNTAMIENTO DE SAN FERNANDO (CÁDIZ)


San Fernando, señorío de la Casa de Arcos hasta 1730, pasó a la jurisdicción de la Corona en 1729 con el reinado de Felipe V, se convierte en Municipio propio e independiente por Real Cédula de Carlos III en 1766.
Año 1812

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Los primeros indicios sobre las Armas de la Villa se encuentran recogidos en el acuerdo del Cabildo de 2 de diciembre de 1801, refrendadas por otro de fecha 16 de diciembre del mismo año, donde se describen éstas, en la forma que sigue: «en campo de plata un monte o pradal Sinople (verde) expresivos del cerro en que hay tradición derramaron su sangre los ilustres mártires San Servando y San Germán, con sus imágenes al natural en la cumbre, y en medio de las dos la del Patriarca Sr. San Josef en memoria de los beneficios que recibió este Pueblo por su poderosa protección en la epidemia contagiosa que se apoderó en el año próximo pasado y en la porción inferior en campo de Sinople un puente de plata perfilado de gules (rojo) imitando de escudo en la figura y luz de cinco ojos o Arcos sobre el río de San Pedro, obra magnífica que es de inmemorial antigüedad que tanto distingue a esta, va conteniendo también las antiguas armas de Hércules de que usa la ciudad de Cádiz esculpidas en el mismo Puente y por su parte al escudo las dos columnas con el «nom plus ultra» que siempre los ha adornado y por simero sobre su coronel, el busto de la misma gentilicia deidad con la clava y la piel de león, parte de la cual cae sobre dicho Coronel y un ángulo del Escudo, en cuya vista y reiterando este Ayuntamiento..»


Año 1820

En los años posteriores, se retoma el proyecto y se acuerda solicitar un nuevo escudo para la Ciudad. Así, en 1820 se diseñan diversos modelos para elegir -de entre ellos- el más idóneo.
El escudo heráldico municipal es concedido a la Ciudad por Real Orden de 26 de febrero, cuyo modelo se aprueba en Cabildo de 11 de marzo de 1821. Este modelo es el que remata la fachada de la Casa Consistorial de San Fernando, el denominado cuerpo del reloj.
Sus principales motivos son: el puente Zuazo, símbolo de la trascendencia histórica de la ciudad, principio, medio y fin de la evolución de su término municipal; las columnas de Hércules, símbolo de la fuerza invencible que supuso este enclave; la cinta que las enlaza con la inscripción «Unión y Fuerza» entre la data 1810-1820 y de la que pende una llave, que refuerza la idea de inexpugnabilidad frente al enemigo; el ojo de la Divina Providencia con rayos luminosos, símbolo de la vigilancia permanente, clarificada por la fe providencial; Corona Real cerrada, sosteniendo las ramas de roble y palma, que atribuyen las virtudes de ánimo y constancia, junto con las del triunfo y la victoria o fecundidad. A modo de tenantes, aparecen las figuras alegóricas de la justicia, en el lado diestro y la Fama, en el siniestro.


Año 1859

José Antonio Delgado Orellana, en su obra Heráldica Municipal en la provincia de Cádiz, estudia otro similar que lo fecha en 1859. Diseño idéntico al de las medallas que portan los maceros en los actos oficiales solemnes y en las procesiones cívico-religiosas Asimismo, es el escudo grabado en los clarines que acompañan a la Corporación Municipal cuando concurre a ellas, las denominadas bajo mazas:


Año 1862

Conforme a una certificación del Secretario General se da fe de que el 1 de septiembre de 1813, se saca del legajo el diseño aprobado para hacer un cuadro, que tras la restauración por el pintor isleño Eduardo Martínez, se ha comprobado su datación en 1862, y su autoría por el también pintor isleño Sánchez Márquez. Encargado con motivo de la visita de la reina Dª. Isabel II y que parece, se inspira en el representado en los primeros modelos de 1812 y 1813, permutando los esmaltes y colores heráldicos descritos en éstos, pero conservando algunos motivos. Este modelo de escudo aparece pintado en el tranpantojo del Salón Regio de la Diputación Provincial de Cádiz:


Año 1867

En la sesión de 12 de diciembre de 1867, se acuerda ampliar el uso del escudo acordándose crear una medalla de plata que reprodujese el blasón para que los Capitulares lo ostentasen en los actos oficiales.


Año 1879

Aunque existe un escudo encontrado en orla que enmarca unos grabados de San Fernando, de la Imprenta Alemana de Cádiz, que se podrían fechar alrededor de 1873 por llevar corona mural, año del advenimiento de la I República y donde ya se incorpora, un ancla, entre otros ornamentos militares. Es en las Ordenanzas Municipales de 1879, cuando se imprime un escudo similar al actual, cuya descripción heráldica –como puede observarse en la ilustración que sigue- reitera la simbología expresada más arriba, aunque en esta etapa aparece un nuevo motivo, el sol naciente, añadido al parecer con posterioridad, símbolo de la esperanza en el devenir de la población y que no aparece representado en el boceto original aunque sí en el modelo inmediatamente posterior de 1931. Asimismo, se hace referencia al orlado de ramas de palma y roble, indicadoras de las virtudes «ánimo y constancia» así como a las de «triunfo y victoria».


Año 1931

La corona real, que predomina en todos los modelos es la borbónica o cerrada y en su la aplicación en los documentos oficiales, hubo épocas en que careció de ella como el modelo citado de 1873, ostentando más tarde la Real borbónica hasta la II República en 1931 en que se retoma de nuevo la corona mural como se aprecia en la siguiente ilustración:


Año 1940

El 12 de enero de 1940 y en virtud de la estrecha vinculación de la Ciudad con la Armada, se aprueba por unanimidad, que dada la relación existente entre las Fuerzas Armadas y este Municipio, se convirtiera en realidad la idea de modificar los símbolos que integraban el escudo de San Fernando de ese momento completando los mismos con la adición del ancla, fundamental atributo de la Armada. Y por otra parte, la tradicional corona real cerrada se torna en abierta para timbrar estas Armas. Mencionamos que este modelo de escudo ha sido considerado por la doctrina como pictórico, por lo que no se adapta a las leyes de la heráldica y por este motivo es deseo del Ayuntamiento registrarlo como modelo heráldico:


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Escudo español de un solo cuartel. De blanco o plata, un puente de tres ojos de oro mazonado de sable, sobre ondas de azur y plata, sumado de dos columnas dóricas de plata, unidas por una cartela, con la inscripción en sable: «1810 Unión y Fuerza 1820» de la que pende una llave de oro. En jefe, triángulo de oro, resplandeciente de rayos de lo mismo, cargado de un ojo humano, que es símbolo de la Divina Providencia. En el flanco siniestro, sol naciente de oro con rayos resplandecientes de lo mismo. Sobre la boca superior, en el dado diestro: rama de laurel, de sinople y en el siniestro: rama de acacia, de sinople con su fruto, de gules. Ancla acolada de plata y soga de oro mazonada de sable. Al timbre, corona real cerrada, que es un círculo de oro, engastado de piedras preciosas, compuesto de ocho florones de hojas de acanto, visibles cinco, interpoladas de perlas y de cuyas hojas salen sendas diademas sumadas de perlas que convergen en un mundo de azur o azul, con el semimeridiano y el ecuador de oro, sumado de cruz en oro. La corona, está forrada de gules o rojo. En la punta, de cantón diestro al siniestro, filacteria con los Títulos de la Ciudad, que es una cinta flotante de plata, con la inscripción en sable: Muy Leal y Constitucional, Heroica, Invicta, Parlamentaria y Americanista Ciudad de San Fernando.Y cuyos motivos simbolizan: El puente Zuazo, la trascendencia histórica de la ciudad, principio, medio y fin de la evolución del término municipal. Las ondas azur y plata representan al Caño de Sancti-Petri, que limita y rodea al Municipio y al Océano Atlántico, esencial en el desarrollo marinero, en las comunicaciones con América y en la industria de la sal y la construcción naval, aspectos esenciales en la historia y desarrollo de San Fernando. Las columnas en plata, están referidas a las de Hércules, legendario conquistador de las tierras gaditanas y símbolo de la fuerza invencible que supuso este enclave. La llave de oro, simboliza a la inexpugnabilidad frente al enemigo. Las fechas «1810-1820» son las referidas a los dos gritos de libertad dados en la Ciudad, concretamente, contra la invasión francesa. El lema de «Unión y Fuerza», redundan en su significado. El ojo de la Divina Providencia con rayos luminosos, símbolo de la vigilancia permanente, clarificada por la fe. El sol naciente, esperanza de la población isleña en el devenir. Las ramas de laurel y roble que atribuyen las virtudes de la victoria, como expresión de la identificación progresiva del luchador con los motivos y finalidades de su victoria; así como los de fecundidad que tiene toda vegetación y la inmortalidad. El Ancla, la vinculación imperecedera de la Ciudad con la Armada Española. Corona Real cerrada, símbolo de la nueva forma política del estado Español consagrada en nuestra vigente Carta Magna de 1978.


(Manifestamos nuestra gratitud a D. Antonio Guillén Rodríguez por su gran ayuda al facilitarnos documentación)

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LOS ILLUMINATI Y MASONES EN LA ESPAÑA GADITANA


(Escudo actual de San Fernando-Cádiz)

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La historia no es realmente como no la cuentan y hay que rehacerla.
Están por todas partes. Hábilmente disfrazados. A veces son sutiles otras veces directos, provocativos y alucinantes. Extraños símbolos, signos, amuletos, y apretones de manos son componentes clave de la conspiración que nos confronta con la fuerza máxima y el mal.
“Esta conspiración satánica sólo tiene éxito porque la gente no puede creer que algo tan colosal y monstruosa realidad existe.”
El mundo es un concurso para nuestras almas. Las personas que están empujando los productos, la violencia y el sexo no están funcionando en forma aleatoria, Ellos tienen símbolos masónicos en sus logotipos. Están construyendo una prisión gigantesca sobre la base de su infierno mental. Este es el Nuevo Orden Mundial.


(El ojo Iluminati que todo lo ve es el culto al Sol negro de Saturno)

Para entender, debemos remontarnos a la historia, al 1 de mayo de 1776, el día en que, un ex sacerdote jesuita, formó su grupo ocultista, que designó como Los Maestros de los Illuminati.
Adam Weishaupt fundó su nuevo grupo sobre la base de la Orden Jesuita, con la cual estaba muy familiarizado. Los Maestros de los Iluminati eran una verdadera sociedad secreta, completamente cerrada al mundo exterior. Tenían un Plan preciso para eliminar todas las religiones e instituciones civiles y gobiernos, reemplazandolos con un nuevo gobierno global, un sistema al que Weishaupt llamó El Nuevo Orden Mundial.
¿Cuáles fueron los planes específicos de este Nuevo Orden Mundial? Nesta Webster, al escribir en su libro, “World Revolution” (Revolución mundial), hizo una lista de las siguientes seis metas:
1. Abolición de la Monarquía y de todo Gobierno organizado.
2. Abolición de la Propiedad Privada.
3. Abolición de la Herencia.
4. Abolición del Patriotismo.
5. Abolición de la familia (del matrimonio y de toda la moralidad, y la institución de la educación comunal de los niños) “Educación comunal de los niños” se refiere a la educación pública administrada por el Estado.
6. Abolición de toda religión.
Para lograr este plan, Weishaupt entendió que necesitaba poder sobrenatural, si iba a destruir con éxito la Civilización Occidental, que era religiosamente cristiana. ¡Por tanto, Weishaupt estableció sus Maestros de los Iluminati con una base ocultista!
La escala masónica se compone de 33 partes, masonería azul o en la que los masones hacen actividades buenas y todo bien, mientras suben de grado pasan a la masonería roja, en la que inician estudios y creencias ocultistas y por ultimo pasan a la masonería negra, donde tienen otros puntos de vista con respecto a la humanidad, acentúan mas sus creencias de idolatría  cuales tienen como objetivo la unificación o la eliminación de religiones.
En España, la masonería moderna o especulativa, que es la masonería en el sentido actual de la palabra, fue establecida en 1727 al fundarse la Matritense, primera logia de Madrid, por lord Wharton, si bien funcionaba otra desde 1726 en Gibraltar. Años después, en 1739, lord Raimond constituía la Gran Logia Provincial de España, con sede en Andalucía. En 1780, se crea el primer Gran Oriente español, que alcanza gran florecimiento con Montijo, sucesor de Aranda. En este primer periodo, la masonería española tiene ya alcance y significación política debido a la actividad de Aranda y, principalmente, de Montijo, en quien se ha querido ver uno de los responsables del motín de Aranjuez.
Logias masónicas históricas de San Fernando (Cádiz)
4 ABRIL 8
COSMOPOLITA 22
LUZ 1
UNION Y FUERZA


San Fernando tenía logia propia desde 1870. Taller “Unión y Fuerza” fundada bajo el Gran Oriente Nacional de España del Vizconde de Ros antes de convertirse en el Gran Oriente Ibérico, con Boletín masónico de San Fernando (1881)
La masonería gaditana ha estado presente en actuaciones relevantes tales como la protección del general Francisco de Miranda, cuando estaba en vida encarcelado en el Penal de las Cuatro Torres de la Carraca (San Fernando-Cádiz), y posterior traslado de su cadáver a lugar seguro mientras se difundía la falsa y estratégica información de que había recibido sepultura en una fosa común del propio penal.
Protagonismo muy relevante en los actos de la formación y promulgación de la Constitución española de 1812 y su repercusión en Hispanoamérica.
En la actualidad tiene mucha importancia por ser Cádiz punto de reunión de La Fraternidad  Skrull & Bones (Calaveras y Huesos)

Skull and Bones se diferencia de otras fraternidades semisecretas en varios puntos.
.- Tanto la lista de sus miembros como sus actividades son un secreto.
.-Es “una sociedad mayor”, debido a que sólo son aceptados los veteranos a los que les queda un año para su graduación.
.-Sus miembros tienen un historial de crímenes más allá de la Orden, aunque se desconoce si estos crímenes son parte de la iniciación o simplemente son un estímulo para rivalizar entre ellos.
.-La Orden inspira de vez en cuando una lealtad fanática. Se sabe de miembros que se han tatuado a cuchillo la insignia de la Orden en su carne.
.-Filosofía: el caos constructivo
“El Caos Constructivo” (podría decirse también desorden provechoso) es la metodología de las familias millonarias para perpetuarse en el poder.

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EL HOMBRE QUE ANDABA SOLO

LA CITA – Tomado de la novela EL HOMBRE QUE ANDABA SOLO por Edward Grove

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La cita está acordada a las once de la mañana en el Centro de Visitantes del Parque Natural Bahía de Cádiz. El lugar es idóneo para pasar desapercibido, las modernas instalaciones, el escaso fluir de publico, mas un día desapacible, muy lluvioso, frío como él solo. La meteorología facilita los objetivos que se propone en este mes de enero, durante su estancia en San Fernando.

Al traspasar la entrada y las puertas automáticas de seguridad, justo al final de una rampa, Paco Blas se topa con la recepción.  Mira la hora en su móvil, constata que va bien de tiempo, la puntualidad siempre le caracteriza. Delante de él, en la cola, sólo se encuentran dos o tres personas mayores con apariencia de jubilados. En el recinto, ojeando revistas y folletos un matrimonio se entretiene mientras dos chicos, posiblemente sus hijos, curiosean en la tienda los artículos para llevarse a casa un recuerdo de este Centro de Visitantes del Parque Natural Bahía de Cádiz en la zona de los esteros.

Detrás del mostrador en la sala de recepción se halla Mónica, una agradable joven morena del lugar, alta y delgada, con un piercing en el labio superior, otro en la nariz, mas un tercero en la ceja, es una replica calcada de Noomi Rapace en la película Millennium, en el papel de Lisbeth Salander.

Transcurre poco tiempo hasta que Paco Blas es atendido por Mónica. Al verla y escucharla, reflexiona que es muy acertado lo que siempre se ha dicho referente a las mujeres “cañaillas” de estas tierras gaditanas de San Fernando: “entre la tierra y el cielo no hay mujeres con mas salero”.
Paco Blas, por un momento, se auto complace con la fragancia proveniente de Mónica que le llega a su inmensa nariz. La colonia Adolfo Domínguez, mezclada con el Ph de la chica dan como resultado una frescura femenina de mareo — eso piensa–, mientras ella inclinada sobre un folleto le  va explicando el plano del edificio, su distribución, las partes que componen la visita estructurada, y las aves posibles a observar con un poco de suerte.

Apunta Mónica:  —-Hoy es el momento mas  apropiado para ver una gran variedad de aves debido a que el llamado mal tiempo (no hay tiempo malo apostilla), aleja a paseantes de los alrededores y las aves  pueden campar a sus anchas, acercándose bastante al mirador, sin temor alguno a ser importunadas.
Mientras presta mucha atención a las explicaciones de Mónica por el rabillo del ojo, Paco Blas nota la presencia de dos jóvenes altos y atléticos,  de esos que se pasan horas y horas en el gimnasio. Toman café junto a una maquina expendedoras de bebidas, golosinas y chucherías.

Algo mas tarde, durante la presentación del audiovisual, se llena la sala, mayoritariamente con un grupo de solteros, solteras, viudos, viudas, divorciados, divorciadas, componentes todos de una de esas tantas asociaciones que en los últimos años proliferan como setas en invierno, llevados por un no querer quedarse solos en casa llamados “singles”.
Paco Blas ha llegado al Centro de Atención al Visitante desde el albergue de los llamados sin techo en la calle Lope de Vega, después de pasar dos noches, de las tres que le han admitido, esperando a ser contactado, hasta que recibe  en su Black Berry un e-mail dándole las coordenadas del próximo sitio de reunión. El correo encriptado que le ha llegado trae consigo algunos documentos adjuntos con planos en formato JPG, copiados del Google MAP, indicando donde se ha acordado el encuentro. Tanto la persona que le envía el correo, como él mismo, utilizan correos Hotmail impersonales por seguridad.  Una vez leído el mensaje lo borra.

Paco Blas emplea la red de albergues y comedores de indigentes del territorio nacional, ateniéndose a las advertencias acordadas a seguir, especialmente por su propia supervivencia. Ha sido instruido, sabiendo que en las redes de albergues, alojamientos y comedores sociales son poco probables que los de La Casa, como se le conoce al CNI (Centro de Información para la Defensa), se dejen caer o se inmiscuyan en ellos. Los albergues en concreto utilizados por Paco Blas y compañía, pertenecen a la red de Cáritas, estos a diferencia de los municipales no dan parte a la policía y les son fáciles de colar un documento de identidad arreglado o amañado.

A primeras horas del día y en la mañana, después del opíparo desayuno ofrecido por las monjitas del albergue, Paco Blas ha salido del establecimiento de acogida donde pasó la noche y, en la esquina con la calle San Marcos mira atrás comprobando que nadie le sigue.
Va a buen paso por la Avenida Ronda del Estero hasta llegar al puerto “Gallineras”, ahí hace un alto, deteniéndose a observar los botes en los amarres, poco después reanuda su camino, haciendo una parada en el “Bar El Cruce” para comprar tabaco; lamentablemente la máquina expendedora se encuentra estropeada. Con la amabilidad que caracteriza a las gentes de San Fernando, unos hombres que están de charlas en la puerta del bar,  le indican que vaya a “Casa Pepe”.

En otro lugar de la misma población, en el centro local de caridad y atención al necesitado llamado el “Pan Nuestro”, situado en el polígono industrial Fabricas de San Fernando, el argentino Carlos Torres maldice al hijo de puta que se ha llevado la alcachofa o telefonillo de la ducha. Nunca ha terminado por entender él, cómo las personas que mas se putean y se castigan entre si, son curiosamente los mas pobres y parias de la sociedad.  El gel de baño que le han prestado en el “Pan Nuestro”, está condicionado a ser devuelto una vez él haya terminado su uso de aseo corporal, retornando el bote a través del mostrador del recibidor, el mismo en donde todos los días se recogen y dispensa ropa o alimentos, atendido por señoras y personal voluntariado. El gel ha dejado oliendo a Carlos Torres a esencias de tonto dominguero. Indudablemente este día ni las moscas cojoneras se le han de arrimar, piensa para si mismo mientras da la vuelta al edificio, colocándose en la cola a la espera de escuchar el toque de la campanilla llamando a pasar al salón comedor donde están recién fregados los suelos, limpios los ventanales y las cristaleras por un portugués porrero que ahí trabaja. La risa estridente de una mujer joven y algo tocada de la cabeza cuyo nombre es Chari, le saca de sus pensamientos. Las carcajadas brujeriles de ella se extienden alrededor de todos los presentes,  algunos libidinosos sátiros la contemplan como buitres carroñeros ávidos de sexo,  sintiendo removerse sus braguetas.
Carlos Torres es mas que un curioso hombre mayor, nacido en Kentucky (USA), hijo de un padre de tercera generación de emigrantes nicaragüenses, hecho así mismo en este gran país de múltiples oportunidades, y una madre polaca divorciada de un jodido irlandés borracho maltratador. En  realidad su verdadero nombre es otro muy diferente, ha empleado tantos que ya ni responde al suyo propio, por eso ha adoptado el de un desaparecido.
Anda Carlos Torres en la actualidad por España con documentación oficial clonada, conseguida en aquellos tiempos que le desplazaron a Argentina, cuando trabajaba en La Compañía (CIA), justo en los periodos mas duros de la dictadura del general Videla y sus temerosos escuadrones de la muerte, entre los años mil novecientos setenta y seis, y el ochenta y uno. Carlos Torres conoció a Jorge Rafael Videla en la Escuela de las Américas, ese rocambolesco centro de entrenamiento de militares de habla española en Panamá, financiado por el país de las barras y estrellas. Un verdadero furúnculo a la democracia, mire como se mire.
Cuando joven, Carlos Torres ingresó a la muy temprana edad de dieciocho años en las fuerzas armadas americanas especiales incrustadas en Panamá, propiamente en el llamado Comando Sur. Mas pronto que tarde, sin pedirlo, fue reclutado por los servicios de inteligencia viéndose inmediatamente involucrado en varios sucesos muy llamativos que le provocaron un silencioso reconocimiento posterior y ascenso, aunque no hecho publico por razones de seguridad. Muchas de las acciones eran operaciones encubiertas o de falsa bandera. Prácticamente podemos decir que su bautismo de fuego en primera línea, le llegó con la intervención en la ejecución del accidente de aviación  donde Omar Torrijos, aquel presidente panameño populista murió, un treinta y uno de julio del año mil  novecientos ochenta y uno. Misteriosamente su aeronave DeHavilland Twin Otter (DHC-6), explotó como un castillo de fuegos pirotécnicos en pleno vuelo, desapareciendo para los controladores de radar de inmediato.
La pérdida de la nave se reportó a las veinticuatro horas siguientes, localizándose el impacto del avión muchos días después. En la recuperación del cuerpo del general Torrijos, se empleo a fondo un comando de fuerzas especiales, entre ellos casualmente estaba Carlos Torres en misión de hacer desaparecer elementos involucratorios, como a la par dejar en el escenario del accidente otros en clara maniobra de despiste. Esta misión de alto secreto, fue orquestada y financiada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y respondió al nombre “Operación Halcón al Vuelo”. Se ejecutó con una bomba puesta dentro de una grabadora, introducida en el aeroplano que iba hacia Coclé.

A Carlos Torres se le asignó esta crucial labor muy a regañadientes. La cúpula de mandos tenía reticencias a que un joven tildado de inexperto fuese capaz de sacar adelante la misión, afortunadamente para él, este argumento fue dejado a un lado y abandonado en medio de  las premuras de tiempo, ya que el contrato con Japón de construir un canal a nivel de mar estaba casi cerrándose produciendo un duro y grave revés a los intereses americanos en la zona. Se hacia imprescindible la eliminación del general Torrijos, una vez dadas por fracasadas todas las conversaciones posibles en  las negociaciones del Canal. Prácticamente, en esos momentos, no se contaba con tiempo material para detener la injerencia de los nipones. Si no estoy errado esta decisión fue tan difícil y cruda de tomar, como igual o tanto lo fue, en su momento, dar la orden de apartar del camino al presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy, a mano de tres franco tiradores, el veintidós de noviembre de mil novecientos sesenta y tres, achacándole el magnicidio a un  pobre chivo expiatorio llamado Lee Harvey Oswald, al que muy pronto se le quito de escena con la ayuda de la mafia italiana a cambio de pingües y posteriores favores.
Realmente la Gran Logia Negra no se había visto obligada a tomar esta determinación desde los tiempos en que mandó a ejecutar a Abrahán Lincoln  a través de un sicario que respondía al nombre de Jhon Wikes Booth, bajo la ayuda del paraguas de ocultos facilitadores, siempre ateniéndose al ritual de hacerlo en viernes y tiro a la cabeza. Lógicamente al sicario tampoco se le dejo llegar vivo ante la Justicia, casualmente haciéndole reencarnar antes de tiempo.
El mando se decantó por Carlos Torres, debido a su reciente éxito logrado, tan solo un par de meses antes, en una  actuación en grupo, muy similar, efectiva y eficiente, como fue la muerte del presidente ecuatoriano Jaime Roldós, haciendo explotar por los aires el avión donde viajaba este, acompañado de su mujer más el grueso de colaboradores muy cercanos a él, un veinte y cuatro de mayo del año en curso de mil novecientos ochenta y uno.

Carlos Torres, es a todas luces, un angelito de mucho cuidado, un cabronazo de tomo y lomo. Para poder introducir la grabadora con la bomba en el avión de Torrijos tuvo que seducir a un alto militar gay del séquito del presidente. Lo abordó en un kiosco de revistas en el aeropuerto de Tocumen de la ciudad de Panamá, cuando hizo un comentario en voz alta sobre los titulares de la prensa no apropiados para unas vacaciones, tal como se proponía tener en Farallón.  Después de pasar una noche de apasionado amor en una habitación en el hotel Playa Blanca Resort, le entregó la grabadora diciéndole que quería recoger las palabras del presidente porque le eran de mucho interés económico para sus mandos. El militar nunca llegó a sospechar que transportaba una bomba, la misma que mataría poco después tanto a su jefe como al propio homosexual de  gran rango.

Hoy viene en el Diario de Cádiz, también en la prensa local, el extraño hallazgo de dos jóvenes aparecidos muertos en los servicios de caballeros del Centro de Visitantes del Parque Natural Bahía de Cádiz.
Nadie hizo preguntas, tan sólo Mónica se percató de dos hombres que entraron juntos y salieron por separado, marchándose el de más edad y mayor estatura, entremezclado en medio del grupo de jubilados. Por un instante fugaz se entrecruzaron sus miradas, dejándole una inquieta sensación de ánimo en la chica de San Fernando.

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…….¡¡¡¡CONTINUARÁ!!!     –

EL LABERINTO DE LAS SALINAS (SAN FERNANDO – CÁDIZ)

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En el Centro de Visitantes del Parque Natural Bahía de Cádiz nos encontramos con un peculiar y singular laberinto, es el llamado “El laberinto de las Salinas”
El laberinto como construcción y símbolo está presente en muchas tradiciones culturales de la humanidad, la historia milenaria de este elemento revela la fascinación que siempre ha despertado en el hombre porque, de algún modo, le habla de la condición humana: existen infinitas situaciones en las que es fácil entrar pero de las que es difícil salir.
Los laberintos tienen diversidad de formas y composición. Hasta nuestros días se han conservado galerías intrincadas y complejas, caminos por cuevas, laberintos arquitectónicos sobre sepulturas, planes sinuosos en las paredes o pisos, marcados con mármol de color o con tejas, senderos tortuosos en el terreno y sinuosidades en el relieve de las rocas.
Con dibujos de laberintos se adornaban las vestiduras de los emperadores cristianos hasta el siglo IX y restos de esta clase de adornos se conservan hasta hoy día en las iglesias y catedrales de aquellos tiempos. Es posible que estos adornos simbolizasen la complejidad del camino de la vida y de los extravíos del hombre. Sobre todo se practicaban mucho los laberintos en la primera mitad del siglo XII. En la Francia de aquellos tiempos, los laberintos se construían de piedra o se representaban en el piso de iglesias y catedrales. Con mayor frecuencia eran llamados “camino a Jerusalén” y simbolizaban el difícil camino terrenal hacia los “lugares santos”, recompensado con la felicidad celestial, por eso, el centro de los laberintos con repetición se denominaba “cielo”.
El laberinto está universalmente reconocido como símbolo de Totalidad y Unidad. Así pues, comenzar este proceso es un renacimiento, es encontrar la espiral de transformación y crecimiento. El camino hacia adentro facilita la peregrinación hacia nuestro interior, la búsqueda de la comunión y conexión con nuestro SER, conocimiento y unión de los diferentes cuerpos con los que nos movemos.  El espacio central es un lugar de meditación, contemplación y recepción de la conexión con la Unidad. El camino de retorno, hacia afuera, conduce a la integración de las vivencias y sensaciones de la unión con el poder del Amor dela Unidad.
Se afirma que si el laberinto se recorre con la mente y el corazón abiertos, se convierte en un espejo que responde a las preguntas acerca de quiénes somos y dónde estamos en nuestra actual vida.
La figura del laberinto es común a muchas culturas antiguas. Ya desde entonces, lejos de representar un juego, el trazo hablaba de los retos para el espíritu.

Todo laberinto, hasta el que se traza como un pasatiempo infantil, tiene una cualidad hipnotizante. Algo abismal arrastra la mirada hacia su interior y basta un descuido para quedar atrapado en sus meandros. Mirar la propia vida en retrospectiva puede ser una experiencia semejante. Uno se percata de las vueltas y revueltas que se han tenido que producir para finalmente estar en este lugar preciso. Y si bien este es uno de los significados del laberinto, el símbolo, complejo como su estructura, guarda en su interior otros varios sentidos que abarcan también el del viaje al más allá.
Durante el medioevo los arquitectos utilizaron el emblema del laberinto trazándolo en los suelos de diversas catedrales. Los fieles lo recorrían simulando la peregrinación hacia Tierra Santa. El acto escondía otro simbolismo atrás del aparente. Dicho recorrido equivalía a la búsqueda de Dios experimentada por el alma.
Cuando una persona muere su alma es transportada más allá de las aguas de la muerte hacia la entrada del mundo subterráneo. Conforme se acerca el alma del muerto alcanza a distinguir la figura de una mujer que agachada sobre la tierra traza un dibujo.
Ella es la guardiana del umbral, y lo que dibuja es un laberinto. Pero cuando el alma está lo suficientemente cerca borra una mitad de lo trazado. El alma entonces, para poder ingresar a la Tierra de los Muertos deberá completar el laberinto. Si falla será devorada por la guardiana.
Para poder superar el reto las personas deben estudiar el secreto del laberinto antes de morir. Comprenderlo es su pase de entrada a la inmortalidad. “El que solo busca la salida no entiende el laberinto y aunque la encuentre, saldrá sin haberlo entendido”
Todo ser humano tiene que resolver el laberinto de su propia existencia si quiere descubrir los arcanos de la creación y escalar hasta las más altas cuotas del Espíritu.

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MARUJEOS EN LA TABERNA DEL TITI


La Real Academia aún no ha incluido este vocablo en el diccionario; pero debería hacerlo cuanto antes, ya que se trata de una palabra precisa, rica y de gran porvenir.
Desde luego no equivale a chismorreo o a cotilleo. Estos términos se aplican al intercambio de chismes, es decir de noticias o bulos pregonados para hacer daño a terceras personas. El marujeo es deporte de más amplio espectro. Marujear es platicar sobre intimidades ajenas sin otro fin que pasar el rato. Las marujas (o los marujos) no pretenden molestar ni difamar, aunque a veces lo consigan. No van por ahí propalando calumnias (¡Dios nos libre!) ni bordeando escabrosidades de mal tono. Son compasivos censores de los tropiezos del prójimo, amables conversadores de trivialidades. Sólo eso.
Dice acertadamente Enrique Monasterio que hay infinitas formas de marujear. El marujeo epistolar, ya en declive, dio paso al telefónico, y, en los últimos años, al móvil y al marujeo en la red o marujeo.net. Hay marujeos de playa, de piscina y de caja de hipermercado; marujeo de madrugada, en chándal color fucsia, y de terraza, al caer la tarde, entre burbujas de cubata y crujidos de patatas fritas.


No sé si tiene algún sentido, si es que debiera por sí mismo tenerlo, aunque bien pensado pocas cosas se puede decir que lo tengan, siguiendo la línea que es de esperar en una persona aparentemente sensata, como todo el mundo supone de él.
Domingo Día Bueno deberá asumir el doloroso e inevitable nuevo rumbo de su vida, de igual modo y manera que cambian las serpientes de piel. Esta determinación la toma mientras los abogados le leen las cláusulas de divorcio, con la misma solemnidad, implicación y seriedad que pueda tener masticar un chicle.
La situación resulta desconocida y las palabras que ahí se plantean suenan lejanas No poseen, en absoluto, relación con él, y eso sin apuntar que se va a quedar en la puta calle, prácticamente con una mano atrás y otra delante, desplumado por su mujer y apuntillado por gilipollas.
En fin, las cosas son como son y hechas están, se dice para sí. Además, no piensa  de ningún modo arrastrar permanentemente ese sentido de culpa consigo mismo que sólo consiguen los católicos, por más que él fuese bautizado en esta religión por nacimiento y cultura, aunque en la práctica, pocas son las ocasiones que ha pisado un templo.
Con precisión de relojero suizo que no equivoca ni bielas ni contrapesos, va Domingo Día Bueno analizando sus posibilidades, sin para nada caer en un solitario y masoquista regodeo morboso con condicionamientos onanísticos. Afortunadamente, ha conseguido dejar atrás esos angustiosos primeros instantes en que la tristeza lo aplastó, y aquellos oscuros intentos de quitarse la vida arrojándose al vacío interior de una copa de whisky. Fueron copas cabalgadas tras un afán suicida. Venturosamente su propósito de borrarse o quitarse de en medio se le pasa rápido.


Se murió nuestro amigo Antonio, propietario de un garito playero, aquí en San Fernando, llamado La Taberna del Titi, en la barriada de Camposoto. Una tragedia para todos los que le conocíamos y éramos su clientela pero más para Manuela que le aguantó durante muchos años su cara acartonada y las largas depresiones. Curiosamente, ninguno de nosotros le vio reírse. Y para una vez que se rió, va y se muere, dejando a su mujer con un palmo de narices.
Lo que  más le irrita a Manuela es no saber, según sus palabras, de qué coño se reía su hombre.
A Antonio lo encontraron en el servicio defecando muy a gustito, con una sonrisa de un lado a otro de la cara.  En uno de sus bolsillos llevaba una nota muy manida, con un poema estampado en ella. No era suyo. Según él, otro se le había adelantado en la idea. A nosotros nos lo leía en voz alta, en voz baja, o sin ninguna voz, sin venir nada a cuento.
Manuela es una mujer entrada en carnes o salida de ellas, según se mire y por el lado que se haga el abordaje. A ella de siempre le ha gustado echarse sus escapaditas amorosas con quien se le antojase en ese momento, incluso antes de que su marido Antonio la palmara sentado en el trono, teniendo esta señorona también devaneos esporádicos con alguno de nosotros, y otros de los que no supimos nunca nada.


A Manuela, a ella, Domingo Día Bueno acudió buscando consuelo. No sabemos si lo halló, pero sí que entre sus grandes pechos se quedó como una ballena varada, pataleando durante esos momentos en que arrastraba desazón e infortunios derivados de su matrimonio.
Ella, la Manuela, es mujer nacida en la Línea de la Concepción, allá en los campos de Gibraltar. Fue iniciada cuando era mozuela en cuestiones del amor y forniqueo por un inglés malaje llamado Peter, al que le gustaba el vino gaditano más que a un niño mamar del pecho de la madre.
De los ojos claros del inglés de Liverpool, se quedó enamorada la bendita Manuela, tanto o igual que el propio cuelgue e intensidad que tenía el hijo de la Gran Bretaña por los vinitos locales y por el hachís traído del moro, nacionalizado en Cádiz a su entrada de contrabando por Barbate o los Caños de Meca.
De los ratos de hacer el amor con Manuela, gusta no solamente sus maneras de dejar el cuerpo apañado, nuevo, listo para pasar revisión, sino también ese puntito personal en cantar coplas al oído en la cama, mientras uno se deshace en esfuerzos, jadeos y buenos intentos, abarcando con los brazos sus inmensidades físicas, las mismas con que la naturaleza pródiga la ha dotado sin escaseces, por el contrario con mucho derroche.


De Josefina, la ex mujer de Domingo Día Bueno, hay que decir que le dio por un toque raro. De la noche a la mañana, un día se levantó de la cama iluminada, diciendo escuchar voces mandándola a salir del armario y no esconder más su lesbianismo.
Todos nos quedamos pasmados cuando nos enteramos del mandato divino. Sabemos que a las cosas del arriba no hay que discutirlas, aunque ya nos habían llegado campanadas de que entre ella y la sobrina de  Antonio, el propietario de la Taberna del Titi, la llamada Encarna, existía un algo más que risitas. Pero Domingo Día Bueno no estaba por la labor de hacernos caso, diciendo que eran habladurías nuestras y envidias por lo “buenorra” que está su Josefina. Además –agrega– ella es una santa, muy religiosa, devota de la virgen morenita de Chipiona, donde suele acudir a su santuario, dos veces por semana.
Un día malo, de esos que no deben suceder y a la par son inevitables, cuando andaba de tratos de caballos Domingo Día Bueno por Chipiona, se le ocurrió seguirla.
Ángel, el caballista preparador de equinos de alta doma, fue quien se lo confirmó, por ser ya voz total del pópulo. Además, por si fuera poco, las dos amantes frecuentaban siempre el mismo hostal, casualmente propiedad del caballista, justo en el centro de Chipiona.
Justificada, entonces, la repentina devoción de su mujer por la virgencita chipionera, milagrosa patrona del pueblo, ese día no hubo ya más ganas de tratos de caballos, se nos desfondó nuestro amigo Domingo Día Bueno, teniendo la poca brillante idea de acudir a desahogarse con el tío de la Encarna: Antonio el tabernero, el amo de la “Taberna del Titi”.
Cuando este Antonio escuchó toda la historia, le entró una risa boba descomunal, descojonándose a no parar, sin poder detener el ataque de carcajadas por más que lo intentaba, yendo cada minuto que pasaba a más y más, para mayor mosqueo del marido humillado.
De repente, lo dejaron solo en la barra a Domingo Día Bueno.  Al tabernero burlón le sobrevino un fuerte apretón de tripas, viéndose obligado a salir, como alma que lleva el diablo, escopetado a los servicios, los mismos donde le hallarían horas después, sentadito y muy risueño.


Ahora la Taberna del Titi se sigue llamando igual, ha pasado a ser propiedad de la viuda y la atienden las dos amantes: Josefina y Encarna, mientras nosotros en las mismas andamos, continuamos siendo parte de la clientela habitual, incluso se nos ha unido de nuevo el amigo Domingo Día Bueno, ya recuperado. Se murmura que Manuela tiene mucho que ver en  esta milagrosa recuperación temprana, ayudado un poco, como no, por la Josefina, su ex mujer, a quien de pascuas a ramos, le da por jugar socarronamente con él y la pareja de esta a tres bandas.

 

SAN SERVANDO Y SAN GERMÁN, LA ROMERÍA DE LOS CAÑAILLAS DE SAN FERNANDO EN EL CERRO DE LOS MÁRTIRES

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Los cañaillas son los oriundos de la Isla San Fernando en Cádiz, una isla de la cual se tiene constancia ha estado poblada continuamente a partir del Neolítico
Los primeros seres humanos identificaron –posiblemente por el olfato- los sutiles poderes que se encerraban en las plantas, atribuirían sus virtudes a algo invisible y sutil que las habitaba: al mundo de los espíritus y a la magia, entendida ésta no como un acto de fe, sino como un esfuerzo en el que se unen la mente consciente y el poder inconsciente para lograr una concentración de fuerza y energía dirigidas a la consecución de un objetivo.

La romería consiste en el traslado de los Santos, en procesión, desde la Iglesia hasta la Ermita, donde se celebra misa y es día de júbilo en las familias isleñas por ser fiesta local.
A los pies de la Ermita, distintas carpas y chiringuitos amenizan el día con actuaciones y degustaciones gastronómicas. Es típico de esta romería el consumo de productos de la estación otoñal, como castañas, nueces, piñones, almendras…

Es una fiesta agrícola cristianizada en un lugar de enorme poder energético y trasfondo mágico, motivo por el cual siempre ha estado poblado  y tenido culto. Se celebra el 23 de octubre, una semana antes de la noche de Todos los Santos.


En la antigüedad las castañas eran el alimento de los difuntos en su viaje al Más Allá. En la actualidad para aplacar las iras de los difuntos, además de encenderles las típicas lamparillas de aceite en la noche de Todos los Santos, hay costumbre de dejar unas castañas como ofrenda y así las almas de los difuntos no se interesarán por otros frutos, ni estropean la cosecha guardada.

Llevando una castaña en el bolsillo, nos aseguramos la buena suerte. Si soñamos con un castaño quiere decir protección, ningún enemigo va a conseguir desviarnos de nuestro camino. Si soñamos que comemos castañas crudas significa que debemos ser previsores para alcanzar nuestros objetivos; si comemos castañas cocidas o asadas, presagia visitas de amigos en casa.

Hay una brujería muy buena, eso dicen las brujitas locales, que  para romper definitivamente las relaciones: se necesitan cinco nueces con su cáscara, que hay que hervir en dos litros de agua hasta que se reduzca a la mitad. Luego se echa el agua (separadas ya las nueces) en el baño y hay que sumergirse tres veces. Así se cortan las ligaduras kármicas. Muy importante: NO HAY QUE VOLVER A MANTENER RELACIONES SEXUALES bajo ningún concepto con la persona de la que nos estamos desligando.

En cuanto a las nueces la tradición que manda que en la fiesta de los fieles difuntos se dé a elegir a una chica soltera entre dos nueces, una vacía y otra llena, si escoge la vacía, no se casará ese año, si escoge la llena, pronto encontrará marido.
Si encontramos una nuez con tres “costuras”, en lugar de las dos que normalmente tiene, debemos guardarla, porque tiene un gran poder mágico para atraer la prosperidad y como protección. También es normal colocar  una nuez en la cuna de los bebés para protegerlos de las maldiciones y encantamientos. Se recomienda a las embarazadas que lleven una nuez sin romper en el bolsillo para evitar el aborto
Referente a las almendras, estas simbolizan el secreto que debe ser descubierto para poder nutrirse de él, física o espiritualmente. Se dice que de una rama de almendro era la vara mágica de Aarón.
Los hombres (no sirve para las mujeres) que quieran que su relación perdure, han de cortar con sus propias manos una ramita de almendro, cortar de ella un pedacito pequeño y llevarlo consigo durante una luna (28 días). Al cabo de este tiempo, tocar disimuladamente a su amada con dicho trocito y por fin guardarlo en una caja de plata; mientras la ramita permanezca allí, continuará la relación.

En la época neolítica de la Isla de San Fernando, existía el matriarcado y un máximo predominio de la Diosa y su culto en el
sentido más estricto de la palabra. Se la veneró bajo diversas formas, con nombres personales. Incluso en las edades posteriores, y a pesar de la enorme influencia del cristianismo y de otras religiones, la Diosa Madre persiste en la magia, las supersticiones, disfrazada de lujuria, de alegría, de maternidad, etc. Sin darnos cuenta, todavía nos referimos a ella cuando hablamos de la madre naturaleza o a madre tierra. La importancia de la colaboración femenina en la generación, considerada entonces aún más valiosa que ahora, contribuyó a subordinar la vieja idea de la divinidad masculina a la feminidad triunfante de la Gran Diosa, y a que los órganos y funciones femeninas y maternales se convirtieran en los signos por excelencia de la vida, y de la muerte (como termino terreno de esta) y la existencia de ultratumba (como renacimiento).

Por aquí, en estas tierras, hallamos a la triada terrestre: Persefone, Demeter y Hecate; y a la triada celeste: Artemisa, Selene y de nuevo Hécate (que era considerada una diosa triple por si misma). Incluso la idea sobrevivió al cristianismo encarnada en la Virgen María, su madre, Sta. Ana y su abuela, Santa Emerencia
El simbolismo de la “diosa madre” es un referente de Gaia, de la naturaleza, y de la vida… Luego fue sepultada (parcialmente) por el simbolismo del dios padre, referente de la ciencia y la destrucción… Luego, el dios abstracto.


Los santos Servando y Germán nacieron en La Emérita Augusta, hoy conocida por Mérida, en el seno de una familia de la grandeza romana, hermanos de diez hermano/as más, que tenían sus padres Marcelo y Nónia, los cuales fueron todos martirizados y degollados. Algunos historiadores dicen que ella, la madre, no murió de forma violenta.
Marcelo, o Publio Elio Marcelo, que así se llamaba,  era centurión del poderoso ejército romano y cuyos dos hijos Servando – que significa “el que guarda” y Germán “lancero guerrero”, – servían en las legiones romanas como soldados, por eso se les representan vestidos con esas faldas que se usaban entonces como parte del uniforme.
Marcelo, murió martirizado en Tánger el día 29 de octubre, fecha que conmemora la iglesia católica en recuerdo de aquel santo varón, los demás hermanos fueron cayendo en la siguiente cronología: los tres primeros que cayeron en el suplicio, fueron Claudio, Lupercio y Victorio, degollados en León por sentencia de Diogeniano, sus reliquias se guardan en el convento de San Claudio en León, celebrándose fiestas en su recuerdo el 30 de Octubre. A continuación fueron sus hermanos Celedonio y Emeterio, los que alcanzaron la palma de la gloria que se traduce en su muerte por martirio y degollamiento. Esto ocurría en Calahorra celebrándose fiestas en su honor el día 3 de marzo.
Por una razón o por otra, los cañaillas de la Isla de San Fernando en Cádiz a estos santos metidos con calzador, ni pitos ni flautas y ellos soterradamente van a lo suyo que es un sentimiento milenario por su Señora a quien la llevan marcada a sangre y fuego en su corazón, Aún perdura en el subconsciente colectivo las diosas Isis, Astarté y otras que el pueblo cañailla ha ocultado sabiamente.

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DIA DE TODOS LOS SANTOS EN SAN FERNANDO (CÁDIZ)

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A unos se les da bien unas cosas, a otros las suyas propias, y a Paco Blas se le ha otorgado, sin saber él por qué razón y para qué, el don de ver a los seres muertos. No todos naturalmente, si no sería un guirigay, tan solo a unos cuantos. Con algunos de ellos puede hablar, con otros no cruza ni media palabra.
Ver fantasmas o muertos, por denominarlos de alguna manera, tiene desde luego sus incomodidades para Paco Blas, por ejemplo escuchar sus pasos en el pasillo o dentro de su propia habitación en el momento que no lo desea, le ponen verdaderamente atacado de los nervios, y si encima intenta conciliar una siesta, ésta ese día es siesta perdida. Ni que decir cuando el desencarnado de turno ha sido inquieto en vida.
A los muertos Paco Blas los ve desenfocados, al principio le costó trabajo acostumbrarse a este tipo de visión, mas con el correr del tiempo se habitúo a ello y ya no echa de menos la falta de nitidez en los seres desencarnados,  sus ritmos de vivencias y cosas.
A estas alturas de sus años, puede decir sin temor a equivocarse que tiene buenas artes y mañas para charlar con estas personas fallecidas, mientras a su alrededor los demás tan sólo notan en él como si estuviera rezando o hablando en voz baja cosas ininteligibles.
Ochocientas cincuenta y siete monedas, ahí están”, escucha le dice refiriéndose al Callejón de Cróquer, un pintoresco pasaje en la isla San Fernando con tiestos a lado y lado del mismo. Quien se dirige a Paco Blas es un hombre de unos sesenta y pocos años con buen porte y altura, atuendo militar de la época napoleónica. Respondió en vida al nombre de  Francisco, llevando de apellido Miranda. Nació en tierras de ultramar, lo que hoy día es Venezuela, muriendo en el Penal de la Carraca o de las Cuatro Torres, por masón, enamorado, mujeriego, pendenciero y revoltoso.
—Ochocientas cincuenta y siete monedas de oro es una buena suma, en los días de ayer y no menos en los de hoy—, le contesta Paco Blas mientras se encuentra acodado sobre la barra del Bar Reverte en la calle Real, apurando una copa de vino de Chiclana, acompañada con la especialidad del local, consistente en  flamenquines.


Un día de Todos los Santos, de un año cualquiera, en el apeadero y estación de trenes Bahía Sur,  conozco a Paco Blas mientras hago tiempo a la espera  del próximo tren, el que me correspondía lo he perdido por estar haciendo el tonto. A estas horas el recibidor de la estación está prácticamente vacío, ha pasado la hora punta donde las gentes van dale que te pego a lo suyo, repletas de ilusiones y preocupaciones, ensimismadas en mundos sin sentido.
No sé por qué  Paco Blas se sienta a mi lado, la cuestión es que pronto  pegamos hebra. Me contó él,  como de golpe sus cosas se le torcieron en un abrir y cerrar de ojos, yéndole todo de mal en peor, hasta encontrarse con sus huesos durmiendo en la calle.
En su huida hacia adelante y a la par a ninguna parte, se halló un día sentado en un banco en el pueblo gaditano de San Fernando, cerca del albergue Hogar Federico Ozanám, en la mismísima calle Lope de Vega numero cincuenta de la antigua calle Comedias, llamada así en recuerdo al primer teatro en el pueblo del cual tan solo queda en el barrio uno pequeño reciclado en casa de alterne con putas venidas a menos, frecuentado por gentes de dudosa reputación y mal vivir.
En este albergue de acogida a las personas sin techo, regentado por las hermanas de la Orden de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, llamó a su puerta preguntando por Sor Ana, diciendo que le enviaban los Caballeros Hospitalarios de Cádiz. Quien le recibe y atiende en la portería es un antiguo cabo de la Legión, desdentado a causa de las arenas del Sahara, las mismas que a pesar del uso de pañuelos para cubrirse la cara, se te cuelan en las encías, causando a la larga y a la corta el desarbolado de toda la dentadura.
Con un maletín y cuatro cosas es admitido Paco Blas a pasar la noche bajo la condición de hablar con la asistenta social al día siguiente.
La habitación en el albergue asignada a Paco Blas es la tres y la cama adjudicada la uno, figurando en la tarjeta de admisión: 3-1, perdiéndose su nombre a todos los efectos. Entre los suelos limpios y las camas hechas se entretiene mirando el techo machacado por los pensamientos que cruzan por su cabeza, sin ofrecerle respiro alguno.
Esa noche se duerme pronto, inquieto, conciliando el sueño a saltos, despertándose a menudo llevado por la intranquilidad de su situación, viendo y sintiendo como en  poco tiempo ha caído desde el andamio de la comodidad  para verse rodeado de gente atormentada, ladronzuelos, yonquis, asiduos de prisiones y todo tipo de desterrados de reinos inciertos,
De sonido de fondo tiene Paco Blas, los ronquidos sobrenaturales de un compañero de habitación retumbando entre las paredes, acompasados con ventosidades sonoras, verdaderas descargas de fusilería dirigidas directamente a sus pesadillas.
Dormir, dormir, lo que se llama dormir, obviamente no puede, aunque de vez en cuando logra fundirse con la obscuridad total de la habitación. En estas se encuentra, cuando le ve a él por primera vez, llamándole la atención sus movimientos, los mismos que pueda tener alguien que desea pasar desapercibido. Se dirige a la puerta de entrada del cuarto, la abre y cierra con ruido. En la oscuridad puede apreciar Paco Blas que es un hombre joven, delgado, bien formado, cabello largo, un poco rizado, va con el dorso desnudo, viste tan solo ropa interior. A sus sentidos todo es rápido y claro, tan claro como minutos después le sigue el propietario de los ronquidos, con la diferencia que este sí regresa, eso si, es de anotar que no lo ve tan nítidamente como al joven.
A la mañana siguiente, después de varios días de haber estado tirado en la calle, sobre su cuerpo rueda el agua caliente de la ducha que completa con un meticuloso afeitado de oreja a oreja, cuidando de no dejar pelo en su barba sin tronchar. Se pone muda limpia, de las pocas que aún le quedan de la espantada precipitada en Granada capital. Del Albaicín  fue expulsado por no pagar el alquiler a su arrendataria Ángela, una enfermera cuyo principal atributo y único es el poseer un culo bíblico, majestuoso y monumental tamaño tres estadios.
Las calles de San Fernando son rectas, de un pueblo que floreció como Cádiz a partir de las naves que regresaban de las Indias, en sus atarazanas se reparó infinidad de barcos militares, no sorprende entonces que su población haya estado relacionada con la marina, engalanando la ciudad con casas señoriales.
En la plaza de la Iglesia Mayor se topa Paco Blas con el  joven de la noche anterior por tercera vez entrando a través de ese inmenso portón que da acceso al templo principal de la población. Desde el otro lado de la plaza y junto al hotel Roma no duda en reconocerlo. He dicho por tercera vez, dando a entender hay una segunda que no debe uno de saltar. La segunda ocasión fue en el cuarto de las duchas mientras se encontraba bañándose dispuesto a empezar el día, Estaba solo porque madrugó, evitando las aglomeraciones posteriores de gente,  antes que la campana sonará en el albergue llamando al desayuno.
Tenía él  la cortina del baño entreabierta, dejada a ex profeso para vigilar su bolsa de aseo, donde guarda además  de las cosas propias de baño, la cartera, el pasaporte, el móvil,  Le mira directamente a sus ojos a través del espejo. Él también le atisba. Esta vez va en vaqueros, camiseta y zapatillas deportivas. Todo es rápido y no le presta más atención por encontrarse pendiente  de cuidar sus pertenencias a la par de los que van o vienen. Cuando sale de la ducha ya se ha marchado y pronto se olvida del joven, hasta este preciso momento cuando lo encuentra de nuevo, como ya he dicho entrando en la Iglesia Mayor parroquial de San Pedro, San Pablo y los Desagravios en la plaza principal del pueblo.
Dentro de la Iglesia Mayor de San Pedro y San Pablo, está sentado paco Blas en el segundo banco, un poco antes se ha arrodillado por impulso delante del retablo de Nuestra Señora de la Soledad y el Santísimo Cristo de la Redención. Al poco tiempo toma conciencia de él, el mismo que vio por primera vez en la habitación del albergue, que situándose a su lado le dice con voz hueca: “ve al Panteón de los Marinos Ilustres”.  Todo acontece muy rápido, poco más y no escucha sus palabras, ya no siente su presencia, tan solo sus últimas indicaciones: “Bajo la lámpara de los treinta y dos escudos”.
El joven se llamaba en vida José Monge Cruz. Veinticuatro años debe tener José Monge Cruz, ha tomado esta apariencia porque es la época en que fue más feliz llevando consigo la compañía de los acordes de Paco de Lucía y el sobrenombre de Camarón de la Isla. Ahora frecuenta y recorre sus pasos, de un lado a otro, aquí en su isla natal, vestido de traje blanco. En el “Bar 44” le ve Paco Blas a menudo, se sienta frente a él mientras toma los domingos en la mañana café con leche y churros. Le mira, Paco Blas observa. Se deja estar. Sus ojos no son de aquí, ni de otro lado, dan tranquilidad y sentimiento. De ellos siente muchas cosas en el resonar de sus silencios, mientras los colores de los murales del propio bar le trasladan a tiempos cuando existían montañas blancas en las salinas y cuando del yunque del padre del Camarón en la fragua saltaban las chispas chisporroteando el compás y el cante por lo bajito. En este “Bar 44”  se reúnen los que salen en la madrugada a faenar por ser el  primero en abrir las puertas permitiendo meter en el cuerpo un golpe de alcohol, calor y fuego.


Con él, el único, uno de los grandes del flamenco, recorre Paco Blas, a ratos, tramos de las calles pasando por Las Siete Revueltas o el Callejón de las Ánimas colgado de las historias que le va contando, del ayer, del presente y del mañana. Yendo los dos, de un lado para otro, en este más que curioso San Fernando, van a parar a un lugar en donde se extraía el barro para hacer ladrillos, dando nombre al parque que ahí se ha construido llamado El Parque del Barrero. En estos mismos espacios, por allá en los años 1810 cuando los españoles estaban a la gresca con los franceses, tres ejércitos (ingleses, portugueses y españoles) montaron un guateque para fastidiar al enemigo, o sea a los franceses.
Después de esquivar y rodear los dos un lúgubre sitio impregnado de dolor, miedos, angustias y sufrimiento en el que se escuchan los lamentos de una mujer muy joven, tira de él  José Monge Cruz y llevándolo a uno de los rincones del parque donde hay un escrito sobre piedra que le hace leer en voz alta, un par de repetidas veces.
“Cuando el Sol ilumine mi despertar temprano,
Cuando sienta en el aire el aroma de una flor,
Cuando contemple a un niño,
Cuando mi risa se funda en otras risas,
Cuando las nubes oscurezcan el cielo,
Cuando me encuentre solo y abatido,
Cuando mi llanto quede preso en mi pecho,
Cuando mirándome al espejo me dé cuenta del tiempo
que ha pasado,
Cuando transcurra la diaria rutina,
Cuando me sienta vivo…
tu rostro soñado se cruzará una vez más,
en mi camino…
y sabré con certeza que permaneces viva”.

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MASONES SOBRESALIENTES EN EL PANTEÓN DE MARINOS ILUSTRES – SAN FERNANDO (CÁDIZ)

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Una gran mayoría de las casas importantes de Cádiz miran al mar que la circunda. Esta antigua ciudad mercante, museo viviente de un pasado milenario, babel del comercio mediterráneo y de la ruta a las Indias Occidentales, baluarte de la resistencia española a la invasión napoleónica y sede de las famosas Cortes liberales de 1812, fue un hervidero de actividad masónica, como lo corroboran numerosos estudios recientes, y fue también, secretamente, el taller de forja de la revolución de la independencia americana.
1717 es el año que suele darse para señalar el inicio de la masonería moderna. En esta fecha, cuatro logias londinenses fundaron la Gran Logia de Londres. En 1723, fueron redactadas las “Constituciones de Anderson” que contienen las primeras formulaciones de los nuevos fines de la masonería en las que se basan la mayor parte de los masones, los “regulares” -, todavía, hoy.
El término masón viene del francés maçon, que significa albañil. Eran los antiguos picapedreros o constructores de catedrales que se juntaban por gremios. En 1711 dos pastores protestantes hacen las primeras constituciones masónicas en Inglaterra y deciden que en lugar de hablar de Jesucristo o la Virgen María, ya que eran protestantes y no es una sociedad religiosa, decidieron llamar al ser supremo el Gran Arquitecto del Universo en lugar de Dios, Alá o Yahvé.
El Tribunal de la Inquisición en 1738, prohibió la Masonería. Esta prohibición fue sancionada por el apoyo de la autoridad real, mediante un edicto del Rey Fernando VI, en 1751. Y mantenida por Carlos III, pese a su aureola de ilustrado. Este, siendo Rey de Nápoles, había prohibido la masonería bajo severas penas, por considerarla “gravísimo negocio o perniciosa secta para el bien de Nuestra Santa Religión y del Estado”.
Estas prohibiciones supusieron una barrera casi infranqueable que impidió, prácticamente, el desarrollo de las ideas masónicas.
La primera logia de la que se tiene noticia en España fue la fundada, el 15 de febrero de 1728, en la madrileña calle de San Bernardo, por el Duque de Wharton, con el nombre de “Las Tres Flores de Lys”.
La segunda logia que se creó en el continente europeo fue en Gibraltar. Se constituyó el 9 de marzo de 1729. Llevaba el nombre de “Lodge of St. John of Jerusalem”. Estaba registrada con el número 51, inmediatamente después de la de Madrid, como “Gibral­tar Lodge”. En 1750 algunos militares franceses e ingleses celebraron diversas reuniones masónicas en Barcelona, pero no llegaron a constituir logias regulares. En 1755, fueron denunciados ante el Tribunal de la Inquisición, un grupo de súbditos extranjeros que se reunía en Cádiz.
En 1772, unos soldados holandeses de la Guardia Walona de Su Católica Majestad el Rey de España, constituyeron una logia, en Madrid, por mediación de “La Discrète Imperiale” de Alost, dependiente del Gran Maestre Provincial de los Piases Bajos. Según los procesos inquisitoriales que se incoaron en aquella época los masones que había, en la España del siglo XVIII, eran en su mayor parte súbditos extranjeros, iniciados en sus respectivos países, que estaban sólo de paso, y que descono­cían muchas veces, incluso, la prohibición que pesaba sobre la Masonería en los territorios de la Corona Española.
Hablar de la masonería gaditana es hablar de más de doscientos años de presencia de masones en estas latitudes. Desde la época dorada de la actividad comercial de sus puertos con América, Cádiz ha constituido una fuente inagotable de logias y de masones. No es casualidad que la presencia de comerciantes, marinos y transeúntes de las más diversas nacionalidades conformasen el carácter abierto y liberal de la población que supo asimilar las costumbres, gustos y novedades que le aportaba esta presencia. De hecho, la primera noticia documentada que se tiene en Cádiz de un masón es en el año 1777 y referida a la documentación que se recoge al fallecimiento de un vicecónsul ruso en esta ciudad. En 1755, hay clara constancia de que Cádiz un grupo de franceses e ingleses, procedentes de Gibraltar, tuvieron reuniones y diversos contactos antes de ser delatado a la Inquisición.
A finales del siglo XVIII existía en Cádiz dos logias de rito escocés, pero su labor en sus principios era fundamentalmente comercial. Sabido es que las sociedades secretas surgen de un sentido de solidaridad ante un peligro o ante una necesidad de cooperación. Una de estas logias es, sin duda, de las más antiguas de España.
El comercio con el extranjero estaba escasamente salvaguardado por el estado, de tal manera que los comerciantes que necesitaban de una series de ayudas, contactos, medidas de autoprotección, solamente en las secretas podían encontrar todas estas necesidades.
La casa en que acostumbraban a reunirse, principalmente para extranjeros sobre todo franceses era la llamada “de la Camorra” (bautizada así por el pueblo, por los ruidos de las discusiones que en él se originaban), se sospechaban actividades de tipo masónico, ateneo artístico-literario. Se supone que, en un principio, fines comerciales y culturales fuesen los únicos que llevaron a los comerciantes de Cádiz a la creación de este círculo, quizá el primero que se funda en España, que se crea, con el fin de recibir y poner al alcance de sus socios los periódicos extranjeros, así como los libros más importantes que se publicaba en España y fuera de ella.
Se conoce, incluso, dos nombres de ciudadanos franceses que en 1794 fueron delatados a la Inquisición por francmasones y por retención de libros prohibidos, constan dos nombres de dos gaditanos oficiales de la Marina en la logia de la Reunión Española de Brest en 1801.


Ignacio María Álava y Sáenz de Navarrete


Gabriel Císcar y Císcar


Federico Gravina y Napoli


Casto Méndez Núñez


Francisco Antonio Mourelle de la Rúa


Victoriano Sánchez Barcáiztegui


Cayetano Valdés Flores

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