UNA CAPSULA DE ILUSIÓN EN EL TIEMPO: MONASTERIO DE LA CARTUJA EN JEREZ Y SUS MONJAS DE CLAUSURA

UNA CAPSULA DE ILUSIÓN EN EL TIEMPO: MONASTERIO DE LA CARTUJA EN JEREZ Y SUS MONJAS DE CLAUSURA

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La sociedad occidental, tal y cómo la conocemos se viene abajo. Mientras algunos buscan soluciones mágicas, lo cierto es que en el ambiente ronda un tufo pestilente de “fraude” incrustado en todos los ámbitos y rincones de la sociedad. Es triste decirlo pero todo suena a engaño.
No escapa a esto también la Iglesia institucional arrastrada por haber apostado por lo terreno, encontrándose muy alejada de lo espiritual e inmersa en escándalos económicos (Banca Ambrosiana), asesinatos (P2), descomposición social (pederastia).
En la España Barroca el término beguina se utilizaba de forma peyorativa para caracterizar a las beatas alumbradas, embaucadoras o cualquier mujer que practicara una vida religiosa ajena a las normas civiles y eclesiásticas. En realidad Beguinas era simplemente una forma de vida creada por mujeres y dirigida a las mujeres. “Quisieron ser espirituales pero no religiosas. Quisieron vivir entre mujeres pero no ser monjas. Quisieron rezar y trabajar, pero no en un monasterio. Quisieron ser fieles a sí mismas pero sin votos. Quisieron ser cristianas pero ni en la Iglesia constituida ni, tampoco, en la herejía. Quisieron experimentar en su corporeidad pero sin ser canonizadas ni demonizadas”. “Para hacer viable en su mundo este deseo personal, inventaron la forma de vida beguina, una forma de vida exquisitamente política, que supo situarse más allá de la ley, no en contra de ella. Nunca pidieron al papado que confirmara su manera de vivir y de convivir ni se rebelaron, tampoco, contra la Iglesia”.
En los tiempos que corren este camino es casi intransitable aunque no imposible. El feminismo que se ha vuelto “hembrismo” en una guerra manipulada de dividir al hombre y a la mujer, envenena, destruye la pareja, la familia y favorece a aquellos que aplauden la homosexualidad como forma de vida (No interpretar como un juicio homófobo).

En el Monasterio de la Cartuja de Jerez, las hermanas de Belén, de la Asunción de la Virgen y de San Bruno, su vida, está caracterizada por ser: vida litúrgica, vida de silencio y soledad, de comunión fraterna, de obediencia, vida de estudio de la verdad y de trabajos manuales con los que se sustentan. En España las hermanas de Belén tienen comunidades en el monasterio de santa María de Sigena-Huesca y en la Cartuja de la Defensión-Jerez de la Frontera. A pesar de seguir la regla cartujana, una regla de intensa y rígida vida espiritual esta orden monástica no sufre crisis vocacional. Y esto es algo bueno en unos tiempos en que la vida del espíritu religioso está en crisis. Es una vida pobre y austera, sumergida en una adoración continua del Dios de todo. Los monasterios de esta Familia monástica intentan ser imagen de la gruta de Belén, lugar de silencio, soledad y pobreza, donde sólo Dios reina en lo oculto y donde ellas se reservan exclusivamente para Él.

La familia monástica de Belén nace en 1950, cuando el Papa Pío XII promulga, el 1 de noviembre de dicho año, el dogma de la Asunción de la Virgen María. Doce semanas después de la promulgación, en el pueblo de Chambres se constituye la primera comunidad de religiosas. Con túnicas blancas y con el pelo tapado, las Hermanas de Belén se enfrentan al día sabiendo que su ‘deber’ es dar la vida a Dios y a la Virgen. Una clausura que en ningún momento la entienden como un encierro, sino todo lo contrario. Para ellas significa libertad, no imposición. La interpretación que le dan a las escrituras estas mujeres es una interpretación amorosa desde el fondo del espíritu. Entienden una Iglesia por el espíritu y al poder de la oración infinito, la oración transforma. Sin la oración no podemos tener experiencia mística ya que abre el alma. La mística no es propia de unos cuantos. LA MÍSTICA ES LA CERTEZA DE LA PRESENCIA, en donde el temor de dios es el temblor que tiene el alma hacia lo desconocido. No hay temor de Dios, no hay miedo.
La mujer ha formado parte de la mística occidental, ha formado parte de la mística en todas las religiones. Las mujeres fueron evangelizadoras y cuando se institucionalizó la iglesia desaparecieron. En un principio hubo diaconas que se dedicaban a la comunidad, al servicio de la comunidad. Siempre sempiternas sospechosas en la mística cristiana, tanto por carecer de una línea tradicional de maestros capaces de interpretarlas, como por la dificultad real de distinguir las visiones auténticas de todo tipo de fenómenos puramente psicológicos.

En los tres primeros siglos de la cristiandad hubo ordenes diaconisas, eran diáconos ordenados después se dedicaban a la ayuda de la comunidad junto con las viudas; cuando se consolido la institución, las mujeres pasaron a un segundo plano. Estas mujeres se caracterizan por una sólida formación cultural y teológica, unida a una experiencia mística personal profunda, acompañada, con frecuencia, de experiencias visionarias y/o extáticas que sorprenden a sus contemporáneos que carecen de elementos para juzgarlas pero que no pueden descalificarlas como fruto de la histeria femenina, ante la solidez teológica de sus escritos. Todo ello acompañado de una vida de radical austeridad y libertad de espíritu, que adopta tres modelos fundamentales: las monjas cistercienses, las beguinas y las reclusas, modelos que en algunas de ellas corresponden a distintos momentos de su vida y de tiempo en la historia.

Entre las nubes de incienso, el crepitar de las velas y los melodiosos cantos, se desarrollan en el interior de la Cartuja de Jerez, las ceremonias religiosas del cristianismo, en especial los domingos tarde, teniendo como eje central de los ritos, la Misa. La oración de las monjas de clausura es como el corazón que bombea la sangre a todas partes del cuerpo. Su presencia silenciosa y orante da vida a la Iglesia y además es un consuelo constante a Cristo. En medio de una vida de oración, de silencio, de recogimiento, de trabajo manual y físico, de penitencias corporales,… estas almas van adentrándose en el corazón de Dios y gracias a esa intimidad con Él, van haciendo de este mundo un mundo más humano y más del Creador.
El hombre necesita tocar, oler, ver, gustar, oír… no conoce ni se expresa sino por sus sentidos. Necesitamos de la sensibilidad del Monasterio de la Cartuja en Jerez y sus monjas de clausura. Aquí los cantos corales enganchan y también se convierten en lenguaje, pues no sólo son lenguaje, sino también los gestos… ¡y también el silencio!

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9 comentarios sobre “UNA CAPSULA DE ILUSIÓN EN EL TIEMPO: MONASTERIO DE LA CARTUJA EN JEREZ Y SUS MONJAS DE CLAUSURA

  1. Fui novicio cartujo de la Defension.Presiento el fuerte halo de santidad que debe desprender todo el recinto monacal, desde el Sagrario hasta las sepulturas del gran claustro.Es absolutamente sagrado.Propiedad exclusiva del Altísimo. Cuesta muy poco comprender el regalo que nos hace el mismo Jesús a sus hermanos y a todos los humanos de buena fe que se acercan a este lugar que ha sido y espero que es donde el Espíritu se sobrepone a la materia. Aquí el hombre carnal se anuló para que viviera el espiritual y así pudo haber trato y gozo del Señor.Núnca lo hubiera sido de otra forma. Hay que olvidarse en lo que se pueda de la manera de ser de cada uno que queda muy lejos siempre de la voluntad de Dios y acercarse a este lugar con asombro y expectación. Pensando también que lo habitaron personas en extremo temerosas del Señor.Un lenguaje hoy desconocido pero actual desde las Cartujas.

  2. Bonito artīculo, pero creo que los homosexuales son obra de Dios quiera usted o no. Resta mucha espiritualidad esa fobia y conocimiento de cuànto amor puede caber en una persona.

  3. Hola Alberto
    ¿Feminismo es a la homosexualidad como el machismo también lo podría ser?
    La Cartuja de Jerez, sitio de oración, no de fobias. Nada le turbe mi buen amigo, solo Dios basta.
    Atentamente
    Eduardo

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