EL CANTE, LA MUJER, Y EL SEÑORITO

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El Cante, es una bomba de memoria histórica de efecto retardado que conquista cada minuto del tiempo con la única ayuda de su arte. Historias silenciadas. Historias convertidas en testimonios que ya nada ni nadie podrán borrar.
El hombre con poder en el Sur, el llamado “señorito”, de mucho tiempo atrás ha tenido mecanismos de represión específicos dirigidos contra las mujeres desfavorecidas y económicamente desprotegidas. Recordemos bien que el flamenco se ha nutrido de “las hambres”.
Los abusos sexuales y la represión, más su impacto moral entre las mujeres del mundo del flamenco ha sido poco investigado.

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El apartado de las violaciones es, precisamente, uno de ellos. La violencia sexual que sufrieron muchas niñas apenas despuntaban sus pechos, viéndose impotentes al llamado del “señorito” para “servir en la casa”, fue una forma de represión de género, una forma de someter al trabajador del campo por medio del terror y la vergüenza. O ibas a la casa del “señorito” o tu familia era despedida, arrojada a la incertidumbre y las miserias. No había más alternativas.
La violencia sexual de la mujer en el campo, es un aspecto de la historia del Sur, aún poco conocido y difícil de investigar, porque esta forma de violencia era y es practicada en un contexto social de permisividad o de impunidad, fundamental para dejar que las situaciones no afloren o que las denuncias no sean consideradas.
Los abusos sexuales cometidos por los “señoritos”, acababan cubriéndose por el miedo y el silencio de las víctimas: La culpabilización y la falta de credibilidad que se imponía sobre las mujeres afectadas y sus familiares, evitaban la denuncia y desembocaba en el silencio, que durante décadas ha permanecido.
Al jornalero que destacaba con su voz en el cante, se le “invitaba” a las fiestas del “señorito” y sus amigos, en donde era obligado a beber y permanecer hasta el amanecer, así reventasen. No extraña el alto grado de alcohólicos entre ellos.

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Miedo, pavor se tenía si el reconocimiento o elección para la juerga flamenca caía sobre una mujer, ya fuese casada esta o no. Ya se sabía a lo que iba sentenciada. Por esto su intervención directa en el flamenco ha sido poca, quedándole como única salida a su arte la saeta al paso de la imagen. Esta saeta tan solo era permitida en la puerta o ventana de su vivienda. Las mujeres que se atrevieron a ir a mas en el flamenco, fueron muy criticadas.
Afortunadamente, poco a poco los tiempos y el respeto a la mujer va llegando a trancas y barrancas, para goce de todos y beneficio del arte, del propio Cante flamenco. Ahora no es como antes. Eso sí, la rémora social del “señorito” sigue perdurando aunque en franco retroceso.

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tarra & duarte_

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