EL CIERRO DE DOLOR, MUERTE Y MIEDO – SAN FERNANDO – CÁDIZ

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Las poblaciones de provincia tienen un encanto especial, un sin sabor, un sin sentido. En el interior de estas hay lugares en que el tiempo se ha marchado o no ha nacido, permitiendo que otras sensaciones te besen el espíritu mientras los duendes, las historias se introducen en todos los resquicios de tu cuerpo y alma.
En San Fernando (Cádiz) hay una plaza andaluza adonde nadie llega, a no ser que se haya perdido o tenga un propósito y “mandao”, es la Plaza del Santísimo Cristo de la Vera Cruz. Ahí el levante se apacigua, la brisa se hace muy tenue, entretanto las moscas “cojoneras” de verano “machadianas”, se arrancan por “alegrías” de Cádiz:

Tirititran tran tran tran…
tirititran tran tran tran…
tirititran tran tran tran…
tirititran tran tran …trantero
tirititran tran tran …

…y los mosquitos salineros hacen palmas tarareando a su Camarón de la Isla.

Muy cerca de esta plaza hay una calle y en esta calle el número 13. En el número 13 de la calle Méndez Núñez, ante ella fue tiroteado el alférez de navío José Varela Vásquez  una madrugada del 21 al 22 de julio cuando corría el año 1936, muriendo a causa de las heridas. En los herrajes del cierro de esa casa del número 13, aún se pueden apreciar varios impactos de bala. Dicen algunos vecinos, aunque la mayoría calla, cuando cae el día y se escapan las luces, se suelen escuchar gemidos masculinos y lamentos llamando o pronunciando un nombre de mujer.
En Andalucía hay un pueblo, en ese pueblo hay una plaza, en esa plaza hay una calle cercana, en la calle hay número 13 y en ese sitio hay un cierro en donde a alguien, previamente a su hora, se le desquebrajó la vida una madrugada de verano, poco antes que cantara el gallo y repicaran las campanas de un pueblo de provincia: San Fernando.

En la arquitectura doméstica andaluza se utiliza la palabra “cierro” para designar el balcón o mirador acristalado y enrejado. Más allá de la ventana y de su finalidad de iluminación-ventilación (ventus), el cierro es un elemento arquitectónico que sobresale del muro para acercarnos a la calle, una salida encubierta del espacio privado al espacio público, incursión justificada en el concepto de la casa árabe y mediterránea.
En el actual urbanismo son casi prohibitivos por invasión de calzada y escasez de espacio. La época gloriosa del cierro es el siglo XIX, perviviendo en el siglo XX y adaptándose en su decadencia a los nuevos materiales constructivos en la actualidad.
Un cierro, de mayor complejidad que la ventana, se compone de varios elementos. El vano es de grandes proporciones y, a veces, mayor que la puerta de la casa. Con un marco o bastidor que se prolonga hacia fuera forma un pequeño recinto de madera acristalada, protegido de las miradas exteriores por visillos. Este receptáculo descansa sobre un antepecho o podio de ladrillo o de obra y se remata por arriba con una cubierta de forma trapezoidal. Los cierros se construyen en planta baja y alta, teniendo mayor importancia los primeros
Desde el interior del cierro se puede apreciar la perspectiva de la calle con una gran visibilidad y hace innecesaria la salida exterior. En los antiguos cierros era la celosía de madera la que protegía de las miradas callejeras; con el siglo XIX el cierro incorporó cristales y visillos, creando un espacio confortable y permitiendo la colocación de asientos.

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