ENLOQUECIDO SUEÑO EN CARISSA AURELIA (CÁDIZ)

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Empiezo el año 2013, como mejor se pueda iniciar, para ello voy en pos de un “sueño”: el sueño de localizar una ciudadela mítica y subterránea en la provincia gaditana. Aunque en estos momentos no la pueda ver con mis ojos físicos, sí que la siento; debe hallarse muy cerca de donde me encuentro.
Estoy apoyado en medio de estas piedras viejas del reino de Tartessos,  las mismas que pasaron a sus herederos los turdetanos, luego sucesivamente, de mano en mano, a cartagineses y romanos, viviendo un sinfín de mil acontecimientos, presenciando en primera fila devenires de la historia, a la par de tristezas acompasadas con muchas alegrías, sin olvidar tanto las grandezas como sus miserias humanas.

<img class="aligncenter size-full wp-image-1819" src="https://eltrotedelaculebra.files.wordpress.com/2013/01/1mb.jpg" alt="1mb" width="598" height="265" /                                                                                                   (Espera- Cádiz)

Aquí en Carissa Aurelia, (término municipal de Espera), aun con los sentidos impregnados del año pasado, repletos de sensaciones de los esteros y salinas de San Fernando (Cádiz), las marismas  de Sanlúcar y el Coto de Doñana, nos resulta imposible dejar de pensar que la no escavada Carissa Aurelia, debió ser una importante ciudad prerromana. La potencia de sus estratos arqueológicos nos traslada desde los momentos del Neolítico final y Calcolítico, hasta prácticamente el Medievo.

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Pero de su envergadura ya en época íbero-turdetana, da fe el hallazgo de unas esculturas en piedra representando unos leones, figuras de indiscutible carácter apotropaico (objeto que se utiliza para alejar un influjo mágico maligno). Igualmente han aparecido bastantes exvotos de barro, así como restos de la característica cerámica a bandas turdetana. Durante la época romana la ciudad disfrutó de un próspero comercio muy relacionado con las explotaciones agrícolas, sobre todo de aceite y trigo, llegando a acuñar moneda propia durante un tiempo.

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Valiosas señales en múltiples recodos medio ocultos por la espesura vegetal, y en diversos quiebros del accidentado terreno, constituyen su apreciación un verdadero espectáculo a ojos de los que nos apasionamos por la aventura, la historia y, desde luego, por las viejas piedras.
Habla, nos habla Carissa Aurelia, desde el pasado al presente. Al escucharla, somos totalmente conscientes que vivimos una época de incertidumbres, de cambios, de revueltas, tanto en el exterior como en nuestro interior. Los medios de comunicación nos abruman a todas horas con noticias que no acabamos de comprender ni asimilar, mientras el tiempo se ha disparado, no tenemos ni un momento holgado para adaptarnos al cambio, a las nuevas tecnologías, a las primicias que se nos presentan y desencadenan. Mientras un ensordecedor  “ruido”, un ruido enorme que cada día se exterioriza con más fuerza a nuestro alrededor, nos aturulla. Nos han robado el silencio.

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En Carissa Aurelia, las piezas de información de nuevas existencias se nos revelan a nuestros ojos: además de consumir y trabajar para pagar facturas, tiene que haber algo más.
Algunas voces se han alzado en los últimos tiempos para alertarnos de los peligros que nos acechan y para darnos claves del discurrir de la verdadera evolución. Una sensación de agobio, de inquietud de prisa se ha instalado en determinadas almas de nuestro planeta Tierra.
Desde luego que estas piedras de Carissa Aurelia, tienen varias respuestas que deberíamos escuchar: “Nosotros somos los responsables de lo que ocurra a nuestro alrededor, si nosotros iniciamos el cambio, la transformación será evidente en todo el globo”.

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Del universo que hemos dado por valido nos damos cuenta que todo es una mentira, lo hemos alimentado y mantenido porque nos ha sido más cómodo. A lo largo de la historia vemos como las religiones nos han embaucado con el miedo, la nueva religión es la economía y la política (lo que es falso produce sufrimiento). El único modo que tienes de disolver el miedo es afrontarlo. Hay que dejar de juzgarse a uno mismo para entrar en un estado de compasión. O nos quedamos en el bucle, o hacemos algo distinto….ese algo distinto es la compasión, piedad, lástima, misericordia, caridad, clemencia, ternura, conmiseración, altruismo, solidaridad, humanidad, compunción, condolencia.

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La palabra culpa nos quita todo el poder. Cuando entras en una situación y admites la culpa esperas un castigo…si reconoces responsabilidad, te haces cargo de ello y lo solucionas.
Yo soy responsable de lo que está pasando porque admito mi imposibilidad. La economía es responsabilidad nuestra porque admitimos un universo en que toleramos nuestra incapacidad de resolver nuestros propios problemas por miedo. Aceptamos la incapacidad de resolver nuestros propios problemas por nosotros mismos. Por ejemplo: ¿por qué consentimos que nuestra economía pueda crear guerras? ¿Por qué admitimos esa posibilidad?
Hay que recordar quienes somos, en el momento que las cosas se ponen turbias, encontraremos SIEMPRE el camino de regreso a casa. Mantener la fe en uno, es dejar el miedo. Dejar de ser víctimas, siendo conscientes de que somos creadores de nuestra propia vida y que cualquier desdicha tiene fecha de caducidad.
Las milenarias y sabias piedras de Carissa Aurelia, hablan, nos hablan, solo es cuestión de saber escucharlas; dentro y fuera de nosotros, mientras tanto, crece la audiencia.

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(Dama Ibérica)

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(Urna de incineración)

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(Museo arqueológico de Espera)

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