FENÓMENOS PARANORMALES Y FANTASMAS DE LA CALLE SAN JUSTO, JEREZ DE LA FRONTERA

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Las casas enferman. Personas que las habitan pueden ponerse mal misteriosamente, son de repente atacadas por múltiples problemas de salud.
Son muchas las causas, por ejemplo: energías que se almacenan, como pueden ser discusiones, estrés, nervios y si no las limpiamos se acumulan. También otro origen puede estar en espíritus fallecidos o el lugar en donde se construyó.
Energías oscuras que nos rodean. Energías perturbadoras que pueden atacar negativamente a las personas.
Si nos levantamos cansados, no dormimos bien o nos cuesta conciliar el sueño, tenemos insomnio o pesadillas. Enfrentamientos entre los miembros de la familia. Si no estamos cómodos en nuestro propio hogar, parece que algo nos gasta y nos encontramos cansados, agotados, más malas rachas económicas constantes, eso simplemente no es normal.
Si percibimos sensaciones extrañas, como si hubiera presencias no visibles.
Nos sentimos constantemente observados. Sombras que nos parecen verlas pasar. Sombras inexplicables, generalmente vistas de reojo, en donde muchas veces tienen formas vagamente humanas, mientras que en otras ocasiones son menos distinguibles. Se puede identificar que la casa está enferma energéticamente.
Los espíritus y diversas entidades pueden estar al acecho en cualquier lugar. La gran mayoría no solo puede dañar psicológica y físicamente a las personas; en algunos casos toman la forma de los llamados astrales (entidades), consumiendo la energía y afectando la psiquis. En ocasiones están apegados a un lugar u objeto, o simplemente vagan porque son incapaces de pasar a otro plano o no están dispuestos a seguir adelante.
En la casa de la calle jerezana de San Justo, número 14, se pasa muy mal.
Sombras moviéndose por las diferentes habitaciones, que se ven por el rabillo del ojo. Su actual dueña está muy “incómoda” por la presencia o fantasma, a tal extremo que se plantea vender la vivienda, aunque la tiene muy bonita. Aquí, Joaquín Guerrero Gil, apuñaló hasta la muerte a su propia madre Lucía Gil y Gil (1890).

trazos

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