LA IMAGEN JEREZANA DE LA MERCED, MUTILADA

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La postura de la imagen impedía darle la forma de doble embudo de otras de la época en cuestión y que permitían colocar en su falda y en su pecho la colección de joyas con que la piedad de los fieles la habían enriquecido. Camaristas, devotos, religiosos… lo lamentaban. El respeto impedía tocarla. Así transcurrieron no pocos años. Hasta que un día el deseo de verla lucir todas sus ricas prendas pudo más que el profundo respeto. Y un devoto más osado, y un prelado o más débil o más deseoso del ornato de la Virgen, coincidieron en la primera mitad del siglo XVIII, en suprimir el Niño primitivo, sustituyéndolo por otro no muy cuidado artísticamente, sostenido por brazos y manos también nuevas. De este modo, los devotos pudieron contemplar en la mañana de un sábado a la venerable imagen engalanada, según los cánones de la moda imperante.
El padre Chamorró, que calla el nombre del comendador autorizante y del devoto que efectuó la mutilación a cambio de llevarse los despojos, nos ha dejado acerca de esto unas líneas de intenso sabor, que copiamos: “.. .fue el caso que no pudiendo esta Imaxen lucir los muchos vestidos y galas que le ofrecía la devoción de todo Xerez y aun de fuera por ser la señora de talla y salir la cabeza y manos del Niño de un costado de la Señora, este bulto estorbaba a la perfección del cuerpo y buen asiento de los vestidos. Intento el Prelado que era entonces quitarle a la Virgen aquel estorbo con el buen fin de que con otro Niño sobrepuesto estuviese más vistoso el simulacro, lo que quería assi mas ninguno hubo en Jerez que se atreviese a tal faena por el sumo respeto a la Señora hasta que viniendo del Puerto un ascendiente de las señoras mencionadas y en viendo que el miedo de muchos tenia a el Comendador sin el logro de su deseo le dixo asi: Yo cortara el Niño pero me lo e de llevar para que si la Madre se enoja el Niño me defienda porque se hace con buen fin. Se contrató así; corto el Niño y se lo dieron en la misma forma que sus descendientes lo conservan. Hízose el sacrificio un viernes en la noche y al descubrir a la Señora para la solemne misa que en todos los sábados se le canta, admiró la comunidad desde el coro el nuevo traje”.
Esta misma mutilación y estos mismos ricos vestidos sobrepuestos, ayudaron de momento a la conservación del ya deteriorado simulacro mariano. Más pronto, los clavos, que han de sujetar ciertas prendas, la corona sobrepuesta, los aserramientos parciales de determinados salientes, más pronunciados de lo admisible por las líneas de las vestimentas postizas, todo ello contribuyó a que el estado de la efigie llegase a ser muy lamentable. Máxime que todas estas rupturas de su encarnadura y estofado eran otros tantos nidos para la polilla, que implacablemente se cebaba en ella.

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Entonces intervino una persona, de cuya competencia histórica y arqueológica no hay por qué dudar. Actuaría estimulado, sin duda, por lo que se acababa de hacer con la célebre imagen morena del santuario de la Peña de Francia, cuyos restos informes e indecorosos para ser expuestos al culto habían sido encerrados dentro de una nueva imagen, que reproducía los lineamientos de la antigua. Además, con la mejor intención de evitar una destrucción completa de toda la efigie. Y en uso de las facultades que le competían por el cargo que ocupaba y con las oportunas licencias del prelado diocesano, encargó una imagen de Nuestra Señora de la Merced a Valencia, reproducción de la primitiva. Se quería prescindir de las vestiduras postizas y la hizo colocar en sustitución de la primitiva, después de solemne traslación desde el monasterio de la Madre de Dios, donde estaba depositada a su santuario. Este acto tenía lugar, en medio de la mayor devoción, el domingo 22 de septiembre de 1895, con el fin de poder celebrarse las solemnidades de entronización el 24 del mismo mes, fiesta de la Merced en la iglesia universal. Hasta aquí todo salió, si no a gusto completo de los organizadores, a lo menos sin grandes dificultades. Pero a partir de la fiesta de la Señora y durante su octavario, manifestóse de modo tan enérgico y perentorio la opinión contraria de la ciudad, que reclamaba la imagen histórica de la patrona. Tras de diversos incidentes, que envenenaron la cuestión, y después de circular una hoja que, sueltamente escrita, tenía contestación cumplida en la mayoría de sus afirmaciones, al terminarse la solemne novena, la primitiva imagen es repuesta en su trono en medio del aplauso general de Jerez. Esta restitución se hizo a iniciativa del gremio de labradores, que había acudido a la corporación municipal para que se volviese a lo tradicional, retirándose la imagen valenciana.
Quizá, de no haber repuesto la antigua efigie en su trono, la devoción popular Nuestra Señora de la Merced hubiera desaparecido.

FUENTES: Juan de Lastra y Terry, Padre Chamorró, y otros.

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