EL ALQUIMISTA JEREZANO DEL INCIENSO

El incienso es un elemento muy destacado en las procesiones de Jerez de la Frontera, donde envuelve a las imágenes en una nube de solemnidad y misterio. El olor del incienso impregna las calles en la Semana Grande de la ciudad.
Los sacerdotes de las religiones paganas creían que el incienso era una “ofrenda espiritual”. Para ellos, el humo era una sustancia intermedia entre tierra y aire. Los demonios estaban marcados por un hedor de azufre y el fuerte aroma del incienso los apartaba; mientras tanto, los dioses buenos quedarían apaciguados y darían protección y prosperidad a quienes les rendían culto.
Jehová Dios prescribió los cuatro ingredientes que debían mezclarse para producir el incienso que se quemaría en el tabernáculo: “Tómate perfumes: gotas de estacte y uña olorosa y gálbano perfumado y olíbano puro. Debe haber la misma porción de cada uno. Y tienes que hacer de ello un incienso, una mezcla de especias, obra de ungüentario, sazonado con sal, puro, cosa santa. Y tienes que machacar parte de él hasta convertirlo en polvo fino y tienes que poner parte de él delante del Testimonio en la tienda de reunión” (Éxodo 30:34-36).

El incienso durante la Semana Santa se puede comprar junto a la Plaza de Abastos, aunque el incienso bueno en Jerez, normalmente, lo tienen las hermandades para su salida procesional.
Las hermandades suelen tener dos clases de incienso, uno con calidad normal dirigido a vender en la calle y otro de calidad especial con un precio algo más elevado porque sus ingredientes son de mejor calidad, perfume fino y suave.
Cada hermandad en Jerez tiene a una persona encargada de preparar su propio incienso, en riguroso secreto, con una fórmula de mezclas que caracterizan el olor de sus pasos en la calle.
Aunque le tuerzan los brazos o le aprietan el pescuezo, el alquimista de la hermandad jerezana no soltará prenda, preferirá llevarse el secreto a la tumba.

Los espías de las hermandades saben que la mezcla del alquimista lleva olibano puro de Omán o de incienso de resina de boswelia sacra o carteri pura.
Hay que saber que el olor a quemado es un inconveniente normal de este tipo de incienso puro, por lo cual el sabio cofrade alquimista suele mezclar el olíbano puro con mira, benjuí o estoraque, canela, romero y… A veces lleva en su composición resina de pino y copal de Suramérica.
Aprovechando que no me lee nadie, y sin decir el nombre del alquimista que se fue de la lengua empujado con unas cuantas copas de vino, apuntamos que en el incienso cofrade de Jerez de la Frontera, su fórmula lleva copal blanco, copal oro, floral, plateado, pasión, palio, benjuí, Jerusalén, arábigo, maydi, resina de palo santo, mirra de Yemen… también vainilla y mirra.
“El hojari no es nada barato, merece la pena, y si a alguien le da por probarlo, en carbón vegetal tipo Bamboocha, mejor, es más natural, con una capa de ceniza por encima del carbón para que desprenda su aroma lentamente y evitar el olor a chamuscado”.

Los monaguillos jerezanos prácticamente se pelean por tener el honor de ser el turiferario. Ese es el nombre de quien lleva el turífero -el incensario- en la procesión. Quieren ser turiferarios porque saben que la tarea del turiferario es la más complicada y está reservada a los monaguillos mayores que tienen más experiencia.
En Jerez de la Frontera, si tiene un amigo encargado del incienso en la hermandad procesional, tiene un tesoro. ¡Mímelo!

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