TELETUSA, UN ALMA EN PENA EN EL CONJUNTO ARQUEOLÓGICO DE BAELO CLAUDIA (CADIZ)

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Teletusa vaga entre las antiguas piedras de Baelo Claudia, encadenada a pagar lo que consigue en vida con malas artes.
La antigua ciudad romana de Baelo Claudia está situada en la Ensenada de Bolonia, en la pedanía tarifeña de Bolonia a unos 22 km al noroeste de la ciudad de Tarifa, en la provincia de Cádiz (España) dentro del actual Parque Natural del Estrecho.

La bailarina gaditana que tenía nombre de diosa de la mitología, sedujo a un sacerdote-mago del templo de Isis en Baelo Claudia con el ominoso fin de conseguir sus objetivos particulares de triunfos en Roma.
Teletusa ejerció la prostitución sagrada como hieródula perteneciente a ese grupo selecto de mujeres consagradas a la diosa Isis, sacerdotisas cuyo culto consistía en el acto que en el contexto de nuestra cultura actual no se sabe designar de otro modo que con la palabra «prostitución». Estas mujeres celebraban el misterio del amor carnal, en el sentido, no de un rito formalista y simbólico, sino de un rito mágico operativo: para alimentar la corriente de psiquismo que daba cuerpo a la presencia de la diosa y, al propio tiempo, para transmitir a los que se unían a ellas, como en un sacramento eficaz, la influencia o virtud de Isis. Estas jóvenes llevaban también el nombre de «vírgenes» (Parthénoj hierai), «puras», «santas» —qadishtu, mugig, erntasítu—; se consideraba que encarnaban en cierta forma a la diosa, siendo las «portadoras» de la divinidad, de la que tomaban, en su función erótica específica, su denominación genérica ishtaritu.

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En el templo de Isis gaditano, el acto sexual desempeñaba por una parte la función general propia de los sacrificios evocatorios o capaces de reavivar presencias divinas y por otra cumplía un papel estructuralmente idéntico al de la presencia eucarística. Era, para el hombre, el medio de participar en el sacrum, llevado y administrado por la mujer en este caso; era una técnica para obtener un contacto experimental con la divinidad, para abrirse a ella, pues el trauma del acto sexual, con la interrupción de la conciencia individual que trae consigo, constituye una condición particularmente propicia para ello.
Teletusa al aprovecharse de sus artes de seducción amatorias, y conseguir en su provecho llevar a uno de los poderosos magos del Templo a efectuar un ritual, con sacrificio humano incluido, incumple el juramento sagrado de iniciación que efectúo al ingresar al servicio del templo de Isis en Baelo Claudia. No es de extrañar que se la “vea” rondar por el conjunto arqueológico hasta que alguien se apiada y la redima.