EL FALO Y EL MAL DE OJO


Parque Arqueológico de Monquirá (Colombia)

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Apotropaico es un precioso adjetivo -injustamente olvidado- que proviene del griego apotrepein (“alejarse”), e indica en general un gesto, una expresión o un objeto que se utiliza para alejar un influjo mágico maligno. Si lo pensamos detenidamente, podemos encontrar numerosas palabras, gestos y acciones que podemos considerar apotropaicas en nuestro quehacer diario, como por ejemplo, tocar madera, cruzar los dedos o decir ¡Jesús! después de un simple estornudo. Además, en el ámbito de la arquitectura, numerosos símbolos como la cruz, la flor de lis, y los ángeles cumplen una función apotropaica en los edificios que decoran. Asimismo, las gárgolas infunden el efecto apotropaico de pureza en el agua y las fuentes que presiden.
Dice Antón Alvar Nuño que el término superstición se emplea en la actualidad con una clara intención peyorativa. Se entiende como supersticioso todo aquel comportamiento extra-religioso que practican los individuos frente a determinados acontecimientos naturales que no son capaces de explicar racionalmente.
En nuestros tiempos, aparentemente, ya no existen censuras morales de ningún tipo y el estudio de temas relacionados con el sexo y la imaginería erótica no resultan provocativos. Sin embargo, al ser temas de estudio relativamente recientes y tratar cuestiones con un contenido simbólico tan fuerte, hay cuestiones que siguen sin ser estudiadas y otras en las que no existe un consenso académico.
La interpretación simbólica que se ha hecho acerca de la iconografía del falo se puede dividir en dos: por un lado, se recurre a la representación del aparato reproductor masculino como símbolo de la fertilidad, por ejemplo, los falos  del Parque Arqueológico de Monquirá (Colombia). Por otro lado, se entiende el falo como símbolo apotropaico contra el mal de ojo. A su vez, la función del falo como filacteria (“protección” o “amuleto”), se ha explicado de dos maneras:
1- puesto que el falo es un símbolo de la fertilidad, resulta la antítesis de los efectos perniciosos del mal de ojo.
2- La representación del miembro viril obliga al potencial aojador (persona que echa mal de ojo) a apartar la mirada puesto que resulta algo grotesco y obsceno.


Museo Provincial de Cádiz

No hay duda de que, al menos entre los siglos II a.C. y II d.C., la imagen del miembro viril se emplea en el mundo romano, entre otras cosas, como apótrope contra el mal de ojo. La cantidad de pequeños amuletos, tintinnabula y relieves fálicos que se conservan datados en estas fechas es enorme y se puede afirmar con seguridad que se utilizan para repeler el mal de ojo por varios motivos.
Cuando alguien sufre envidia, se le llena el alma de una maldad intensa que se canaliza a través de los ojos y provoca un daño terrible en la persona envidiada. El mal de ojo es, sobre todo, una forma incontrolada de envidia cuyo emisor lanza el daño de manera directa contra el objeto que ha provocado su estado anímico. Es una creencia ambigua que por su carácter no pertenece al mundo de lo tangible, pero tampoco es necesario acudir a los dioses para que se desencadene la maldición y siendo la única manifestación sobrenatural que se produce sin intervención de ellos.
No es una actividad mágica. Como manifestación sobrenatural y maravillosa, el mal de ojo se podría entender como una labor perteneciente a la esfera de la magia, pero éste no responde a algunas de las características que pueden considerarse típicas de la magia, como por ejemplo, llevar a cabo una acción ritual del tipo que sea.


Museo Provincial de Cádiz

Plantearse cuáles son los orígenes del mal de ojo, dónde surge esta creencia y cómo se difunde en el Mundo Antiguo, es como tratar de explicar cómo y dónde aparece por primera vez la creencia en lo sobrenatural. Cuánto más se retrotrae uno en el tiempo, menos documentación escrita y material se encuentra, hasta que llega un momento en el que no queda más remedio que recurrir a especulaciones más o menos convincentes.
El caso más antiguo de un elemento que se ha asociado con el mal de ojo es la noticia que da G. Bellucci sobre un amuleto de bronce con forma fálica datado en la 1ª Edad del Hierro, y el momento en el que aparecen por primera vez referencias literarias directas sobre la creencia en el mal de ojo es en el siglo V a.C. A partir del 1er milenio a.C., es frecuente atribuir desgracias a la envidia de gente que poseía el mal de ojo.
Otro de los contextos en los que se manifiestan referencias al mal de ojo, es el de los encantamientos de fertilidad, algunos de los cuales datan del s. XIX a.C. En ellos se enumeran las amenazas que ponen en peligro las capacidades reproductivas de una mujer: estas incluyen causas naturales, en donde no interviene ninguna fuerza sobrenatural hostil; divinidades o demonios peligrosos para mujeres embarazadas o recién nacidos; los muertos, celosos de los vivos; o, finalmente, brujos o brujas extranjeros, que en ocasiones son demonios disfrazados y que suelen poseer la capacidad de aojar. El panteón egipcio incluía a una divinidad entre cuyas funciones estaba la de proteger a las mujeres parturientas y a los recién nacidos: el dios Bes.


Museo Provincial de Cádiz

Las formas de protegerse de la maldición de aojo son múltiples. Los textos rabínicos hablan de amuletos en los que hay inscritas palabras, versos de las Escrituras o proverbios. Otro sistema que evitaba las dañinas influencias de la maldición eran las oraciones o las bendiciones, algunas de las cuales se han mantenido en la liturgia hasta la actualidad. En ocasiones, las bendiciones iban acompañadas de determinados gestos como alzar las manos o tocar a la persona que está siendo bendecida. Cuando un judío entraba en una ciudad extranjera, si temía sufrir una mirada hostil, recurría a gestos que se han asociado a la higa, tan habitual del mundo romano.
Baste decir por ahora que los instrumentos de protección contra el mal de ojo en Grecia son de muy diversa índole y cubren un amplio espectro que va desde la profilaxis de un individuo, hasta la protección de toda la ciudad, pasando por la protección de establecimientos comerciales, termas u hogares.


Museo Provincial de Cádiz

El Falo era considerado en la Antigua Roma como talismán de prosperidad y fecundidad. Aparecía en los más curiosos lugares por atribuírsele un gran poder como amuleto. Pompeya nos ha dejado cantidad de ejemplos que nos permite entender la importancia que estos talismanes tenían en la sociedad de estos momentos. Los hallamos en mosaicos y muros de la casas e incluso en las lápidas, pero lo más común era encontrarlos en objetos más pequeños como colgantes o lucernas.
Pero sin lugar a dudas uno de los objetos más llamativos eran los Tintinnabula, unas campanillas que los antiguos romanos colocaban en las entradas de sus casas para que los protegiese del mal de ojo y de los malos espíritus. Era también común verlos en las entradas de la tiendas para asegurar los buenos negocios e incluso era tanto el poder que se le otorgaba que incluso se colgaba del cuello de los bebés.

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