ESQUIZOFRENIA DE LA ARQUEOLOGÍA MACHISTA

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Empecemos por desempolvar definiciones: machismo es la actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres, y esquizofrenia son los trastornos mentales crónicos y graves, caracterizado a menudo por conductas que resultan anómalas para la comunidad, falta de percepción de la realidad.
El empleo interesado y partidista de la Arqueología conduce a construcciones erróneas sobre el pasado, máxime si no se incluye la otra parte de la humanidad: las mujeres. Reconocer a las mujeres en la historia como sujetos activos es clave si queremos enterarnos de las verdaderas condiciones en las sociedades del pasado.

Durante el Paleolítico Superior, cuando el modo de vida todavía era cazador-recolector, la imagen femenina era la protagonista en la iconografía y prueba de ello son las numerosas figuritas entre 30.000 y 20.000 años de antigüedad. La abundante presencia femenina en el arte paleolítico demuestra la importancia de la mujer como referente simbólico.

Los estudios llevados a cabo por los arqueólogos masculinos, siempre han señalado un fuerte énfasis en los útiles destinados a actividades marcadamente masculinas, como la caza, en la que supuestamente solo participan los hombres. Pero es sobradamente sabido que la mayoría de la tipología lítica está dedicada al trabajo de la madera o pieles, al trabajo de la cerámica, o los relacionados con la producción de alimentos y con la recolección, útiles todos, que sin duda pudieron haber sido fabricados e igualmente utilizados por las mujeres.
La fabricación como el uso de los útiles, se ha atribuido a los hombres, una interpretación que nunca ha sido demostrada y gracias a la antropología social actual se ha desmentido.

Desde sus orígenes los museos y espacios de divulgación han consolidado una imagen del poder determinada por una visión androcéntrica, no considerando a la mujer como promotora de cambios sociales o económicos. Nos enseñan de la Prehistoria visiones estereotipadas que han servido para justificar en el presente la desigualdad entre los sexos. Los hombres han ocupado el centro como protagonistas del devenir histórico mientras que las mujeres han estado relegadas a un lugar secundario en el mejor de los casos.
La arqueología del género tiene como objetivo la acumulación de una información más completa sobre el pasado añadiendo específicamente datos sobre las mujeres y sus actividades. Es necesaria una relectura de los restos materiales para cambiar esa imagen falseada de la Prehistoria, tan asumida: la mujer de chacha en la cocina y el hombre en el trabajo.

El sexismo y el machismo en arqueología se encuentran en aquellas excavaciones (algunas), en las que las mujeres son tratadas como seres más débiles por sus compañeros, poco capacitadas para el trabajo físico, o especialmente dispuestas a labores propias de la servidumbre, en un ejercicio de terrible miopía y despreciable superioridad por parte de algunos profesionales de la arqueología. “Un mundo en el que la inmensa mayoría de los directores de excavación son hombres, que creen que el sitio de la mujer arqueóloga es el barracón de la cocina o el pincelito para que no se canse”.

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FUENTE: María Cruz Berrocal, Carlos Morán, Margarita Sánchez Romero, otros.

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