VESTIMENTA EN EL FLAMENCO – JEREZ

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Los gitanos tenían sus propios trajes que fueron variando a lo largo de los siglos, pero que siempre les distinguieron del resto. Los rasgos más llamativos del atuendo de las gitanas eran los tocados con bandas o cintas entrecruzadas.
Las gitanas también usaron para cubrirse la cabeza un trozo alargado de tela enrollado como un turbante. Mantos atados sobre uno de los hombros hechos con telas o mantas, en los que en ocasiones envolvían a sus hijos. Otro de los rasgos representativos del traje de las gitanas era el empleo de telas rayadas. Las faldas que usaban las gitanas podían ser largas hasta los pies o dejar ver los tobillos e incluso las pantorrillas.
El Demonio duerme en el cuerpo de los gitanos y se despierta con la zarabanda. Felipe III prohibió en la pragmática de 1619 usar los trajes y lenguas de los gitanos, castigando el incumplimiento con la pena capital, y Felipe IV, en 1633, vetó la aparición de los gitanos en danzas y teatros bajo pena de doscientos azotes y seis años de galeras.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII emerge el traje regional andaluz, cuyo origen se encuentra en el traje de faena de la mujer andaluza. Se popularizó más tarde en las ferias de ganado, cuando acudían las mujeres como acompañantes de los tratantes.
Hasta que no se profesionalizó el flamenco, no se le dio importancia a una indumentaria diferente, siendo en ese momento cuando esta es utilizada como reclamo de los espectáculos. Habrá que esperar hasta bien entrado el siglo XVIII para encontrar los primeros profesionales de este arte.
Tenemos que comprender que las primeras indumentarias usadas para la interpretación del flamenco, fueron las mismas que las llevadas de manera cotidiana.
También asomó la antecesora de la bata de cola flamenca, llamada bata de cola, ya que arrastraba en su parte trasera, gracias a unos pliegues en la espalda que daban el vuelo necesario; siendo estos ajustados al cuerpo por medios de cordones o cintas. Se confeccionaba en pequín (tejido labrado) de seda en tonos pastel, espolinado con delicados adornos florales. El cuerpo tenía el escote redondeado, y la manga de tres cuartos. Debajo asoma la falda o brial con pequeñas tablas superiores que le proporcionaban el vuelo y en los laterales presenta dos pequeñas aberturas que se abrochan por medio de cintas que permiten ocultar algún tipo de bolsillo interior o faldriquera.

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FUENTE: Fátima Franco, otros

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