EN CAÑOS VERDES SE FORNICABA DE SEÑOR

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En Caños Verdes (Arcos de la Frontera), lo prohibido y lo decente convivió en armonía. Un orden social perfecto como una perfecta válvula de escape. Ni un problema. Ni una queja del vecindario. Tan sólo una lista de nombres que durante años conformaron una mitología escondida bajo la almohada de machos ardientes e insatisfechos, cabalgadores de públicas virtudes y vicios inconfesos.
Nombrar a “El Piano” o “El Cubiles”, provocaba una expresión de escándalo en las mujeres “honradas” y una sonrisa maliciosa en sus maridos. Era La Tierra Prometida para los jovenzuelos de aquel entonces, que imaginaban un mundo lleno de placeres.
La nómina prohibida que algunos desgranaban en la soledad de la noche como, quien reza el rosario: la Rebujina, la Perejina, la Malagueña, la Arminia, la Palanguera, la Conela.
Son muchas las farras en el Caños Verdes oscuro de los 50, en el barrio gris y proletario de los 60, en habitaciones que olían a pescado, a jabón casero de manteca, a esparto y a repollo.

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(En su época parece ser que aquí estuvo El Piano)

Las normas que debían cumplir las mujeres, bajo pena de expulsión y desamparo, eran inflexibles: “Palangana y manopla, antes y después. Si a algún cliente le faltaba, aunque fuera una perra, ése no volvía; nada de novios ni pretendientes rondando en la calle” . Para ellos:“No se fiaba a nadie, y el que tuviera la mano suelta, o pidiera cosas malas, se quedaba en la puerta”.
El Piano, era una casa de gente seria, visitado por señores del Casino, Ayuntamiento y La Corredera. Había otras para trabajadores, que se llenaban cuando terminaba la vendimia, pero los jornaleros se iban sin pagar. Sus señoritas eran caras porque no pegaban “el piojito“, y trataban a los señores como señores.
La prostitución en Caños Verdes, se daba porque era una manera de sobrevivir, justificable o no, pero no condenable. Se trata de condenar, si acaso, a la prostitución y sus causas, no a las prostitutas.
“A ver, por gusto no se encamaba nadie”. 
“Si se tenía un niño, se tenía y ya está”. “Más de un caso se conoce, que el padre esperaba a que el chaval cumpliera sus años y se lo llevaba luego de casero o de guarda, o a la niña la metía en la cocina o a fregar”.

Cuando entró la droga se enturbió Caños Verdes.

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