LA ESCLAVITUD DEL “MIEDO” EN JEREZ DE LA FRONTERA

Las comunidades del miedo son constitutivamente frágiles; en ellas mismas prospera el gusano destinado a carcomerlas. El miedo amontona, no une.
Un nuevo fantasma recorre Jerez de la Frontera: el miedo. Aquí, la novedad no procede del miedo en sí mismo, sino de las formas que adopta su protagonismo en el escenario de la sociedad jerezana.
En esta ciudad gaditana, quien vive rodeado de una atmósfera de miedo percibe el peligro en todas partes; se siente asediado por enemigos que, sin embargo, no logra identificar claramente.

Todo hijo de vecino sabe que los gobernantes hacen nacer los temores, o se aprovechan de él para aumentar su dominio y autocráticamente manipular a los pueblos con el velo democrático. O lo que es lo mismo: el jerezano informado, sabe que el miedo es globalizado por los medios, y que los medios solo globalizan miedos que han sido previamente producidos.
En Jerez, la sustracción u omisión de información relevante contribuye a la instauración de una atmósfera de incertidumbre y miedo. Por ejemplo: la falta de aclaración sobre las muertes reales en las residencias de ancianos, en donde las personas de edad cayeron en una ratonera.

Entendemos que no es verdad que la globalización esté hecha únicamente de globalización. Está hecha de localización también. No es posible pensar en la globalización sin hacer referencia a lugares y sitios específicos, de ahí la importancia de estudiar poblaciones como Jerez de la Frontera. Percibimos que la sociedad globalizada está próxima a convertirse, no en un escenario de convivencia cosmopolita, sino en un estado mundial de miedo permanente.

Los procesos locales de constitución del miedo en Jerez, se ven cada vez más influidos por amenazas y temores cuyo origen no es local sino externo, los cuales interioriza y convierte en parte de su propia dinámica. De este modo, las fronteras entre miedo local y miedo global tienden a hacerse difusas. La elaboración cultural del miedo ya no tiene lugar solamente en la ciudad sino también a nivel global.

El ciudadano del “Jerez ilustrado”, comprende que para vencer el miedo, es preciso vencer antes la seducción que ejerce la esperanza de seguridad. Esto no implica, abrirle las puertas a la resignación y a la pasividad. Implica solamente la necesidad de decirle adiós a las efímeras y vanas ilusiones del progreso neoliberal.

En Jerez de la Frontera, ya nadie se pregunta hacia dónde va el mundo sino, más bien, si mañana habrá un mundo. En esta extraordinaria población, tan solo se es feliz cuando no se tiene miedo.