MARTA, PATRONA DE LOS RESUCITADOS

Los Evangelios relatan que Marta de Betania, salvó de la muerte a su hermano Lázaro (el de «Levántate y anda»). La leyenda dice que realizó varios milagros, entre ellos, resurrecciones, venciendo además a un dragón, –la Tarasca— con el que aparece en representaciones iconográficas (La Muerte). Es la patrona de los resucitados y se la saca en procesión cantando antiguas salmodias: “Virxe Santa Marta/ estrela do norte/ que lle dás a vida/ ó que está na morte”.

Es la santa patrona de los moribundos. Al contrastar constantemente a Marta con su fascinante y polémica hermana, se le ha convertido en una figura desdibujada y anodina.
El 29 de julio la Iglesia romana recuerda la figura de Santa Marta de Betania, hermana de María y Lázaro. Ella, tuvo la fuerza de convencer a Jesús de resucitar a su hermano que yacía muerto desde hacía cuatro días.

La Biblia menciona a nueve personas siendo resucitadas de los muertos. Siete de ellas son en un momento específico y las otras dos son por implicación. Las siete son el hijo de la viuda de Sarepta, resucitado por Elias en 1 Reyes 17:17-24, el hijo de la mujer sunamita, resucitado por Eliseo en 2 Reyes 4:32-37, la hija de Jairo en Mateo 9:18-26, el hijo de la viuda de Nain en Lucas 7:11-17, Lázaro en Juan 11:38-44, todos estos últimos por Jesús, Tabita en Hechos 9:36-40 por Pedro, y Eutico por Pablo en Hechos 20:7-12. Además, Jonás (Jonás 2:6) y Pablo (Hechos 14:19-20) fueron resucitados de los muertos por Dios.

Marta aparece tres veces en el Evangelio (Lucas y Juan): en el banquete de Betania; cuando resucitó a su hermano Lázaro y en la comida que le ofreció a Jesús poco antes de la Pascua. Marta (que en hebreo quiere decir «señora») era la mayor de las hermanas. Ella llevaba la dirección de la casa. Era, tal y como aparece en el evangelio, hembra decidida y un tanto dominante, un carácter duro de mujer fuerte, poco amiga de sentimentalismos, y arisca en su expresión.

“Señor ¿no te importa nada que mi hermana me deje servir a mi sola? Dile, pues, que me ayude”. No se dirige siquiera a su hermana. O porque la da por imposible, o porque hay en su alma un secreto rencor hacia ella. Si realmente María fue la pecadora que pasó años lejos de casa, escandalizando el mundo, se entendería mejor ese tono agrio y despectivo hacia esta hermana suya que ahora se las da de piadosa, allí a los pies del Maestro. María Magdalena desde un principio quiso aprender del “invitado” (Jesús), por encima de todo, Marta más bien servirle.

Marta de Betania murió el 29-VII-70 y ese día se celebra su fiesta en todos los santuarios erigidos en su honor. Murió como vivió, sin estridencias. Mujer sin hombre, familia, ni hogar propio. Es, paradójicamente, venerada como patrona de las amas de casa. La tradición popular la transforma en una leyenda por la mezcla de creencias precristianas del sur de Francia. En Hispanoamérica se la invoca particularmente con fines mágicas y más donde se involucra el amor.