¿ES LA ARQUEOLOGÍA UNA POMPA DE JABÓN?

Nos tienen distraídos con distracción. La cultura actual es una cultura distraída. No es casual que de pronto y porrazo todos empiezan a hablar del hombre Neandertal, y que le encontremos hasta en la sopa. Responde a la arqueología oficial etnocentrista (Eurocentrismo) Las casualidades no existen.

El “Hombre barbado de Montserrat”, es uno de los innumerables ejemplos que nos indica la existencia de otras humanidades muy anteriores a la nuestra. Hemos perdido los contactos ancestrales. Hay otras humanidades, otras civilizaciones. No interesa que se retomen. No conviene que se sepa la verdad, se caería el sombrajo. La arqueología etnocentrista es un oscuro edificio difícil de tirar. Es muy complicado enderezar a un jorobado a los cincuenta años. No está de moda pensar por uno mismo.

FUENTE: Eliseo López Benito, La Caja de Pandora, otros.

EL SAPO EN LA BRUJERÍA TRADICIONAL DE SANLÚCAR

El sapo representa el útero de la mujer. El sapo es un animal estrechamente relacionado con el folclor de la bruja en Andalucía traído por los gallegos. Por esto lo encontramos entre las imágenes arquetípicas de la bruja o el brujo, que aparecen cerca de un caldero humeante. Al igual que el gato negro y el cuervo.

La superstición popular asocia en Sanlúcar, al sapo con la figura del diablo. Se piensa que el sapo es capaz de envenenar a la gente y que está habitado por el espíritu familiar de una bruja. En el folclor sanluqueño de las personas mayores, se insta a sacar a los sapos de las casas con sumo cuidado por miedo a la ira del espíritu de la bruja que habita en él.

“Una vez que se tenga bien agarrado y sujeto para evitar cualquier tipo de molestias que pueda ocasionar, deberá pasárselo cinco veces por el bajo vientre, utilizando la mano derecha, a la vez que se dicen estas palabras:
Sapo, sapito, así como yo te paso por el bajo vientre, así (nombre de la persona a quien se quiera hechizar) no tenga sosiego ni descanso, mientras no venga a mí de todo corazón y con todo su cuerpo, alma y vida. Hacerse con un hilo fino verde y enhebrarlo a una aguja lo más delgada posible, cosiendo la piel que rodea a los ojos de abajo arriba, evitando dañar la niña, pues el amado podría quedar ciego”.

Terminada esta operación, se dirá lo siguiente: “Sapo, yo, por el poder de Lucifer, el príncipe Belcebú te cosí los ojos, que es lo que debería de hacer a (nombre de la persona) para que no tenga sosiego ni descanso en parte alguna del mundo sin mi compañía, y ande ciego para todas las mujeres/hombres. Véame únicamente a mí y en mí solo tenga su pensamiento. (Nombre de la persona) aquí estás preso y amarrado sin que veas el sol ni la luna hasta que no me ames. De aquí no te soltaré; aquí estás cautivo, preso; así como lo está este sapo”.

FUENTE: Marta R., otros.

ORIGEN DEL “MAESTRO” Y LOS CUERNOS EN JEREZ DE LA FRONTERA

La barrica fue inventada por los pueblos de la vieja Iberia y adoptada por los romanos, como lo certifican los bajorrelieves de escenas de Villalcázar de Sirga, en Tierra de Campos, entre Frómista y Carrión, donde podemos ver los barriles sobre las embarcaciones, datados en el siglo I a. C. Este es el documento gráfico más antiguo e importante del uso y transporte del vino.
A las gentes de Jerez les fastidia que les digan “maestro” porque “es el nombre del primer toro que torearon en la plaza de ese lugar. Es como llamarte cornudo”. La realidad es que no saben que eso no tiene trasfondo de veracidad, por una simple razón ¿a qué plaza de toros se refiere? En Jerez de la Frontera han existido muchas plazas y toreado en diferentes espacios de la ciudad, por ejemplo la plaza del Arenal.

José Luis Jiménez García, que de vinos sabe un montón, por algo estuvo de invitado en la borrachera que pilló Noé, como también en las Bodas de Canaán, dice que en Jerez los niños aprendices de toneleros en las mañanas, y a primera hora, iban todos en grupo a la casa del “maestro tonelero” quien salía al encuentro de sus pupilos llevando un cuerno en la mano, símbolo de rango y profesión. Los chicos pillines se burlaban relacionando picaramente el cuerno de su maestro con los cuernos del cornudo. De aquí viene lo de “maestro” en Jerez y no de ninguna corrida de toros como se cree. Por cierto, el maestro tonelero según Jiménez, empleaba el cuerno para echar agua dentro del tonel en el proceso de dar forma y enfriar.

En un pasado reciente las bodegas se multiplicaban por los rincones de Jerez. El gremio, uno de los más antiguos de Andalucía, se estableció allá por 1450. El tonelero de Jerez es una profesión única y con siglos de historia a sus espaldas con un incierto futuro.

HABLEMOS DE LA PARCA & VEJEZ, EN JEREZ DE LA FRONTERA

Los miedos de antaño, entre los jerezanos, se han trocado por nuevos miedos. Entre ellos se encuentran: el miedo a la muerte, al envejecimiento, al desempleo y a la enfermedad.
Existe una diferencia sustancial entre miedo y angustia; la angustia es definida en general por la ausencia de referente, mientras que el miedo está relacionado con un objeto identificable. La ansiedad se relaciona con diferentes respuestas físicas y mentales que son producto de la interpretación de una amenaza. Muchas veces ocurre que la amenaza no implica un peligro real, pero debido a una creencia errónea el organismo se prepara para la huida o la lucha manifestando cambios en la presión sanguínea y el ritmo cardíaco (tensión alta y chocheras).
Entre los jerezanos, la inseguridad es símbolo de la muerte mientras que la seguridad simboliza la vida. Para ellos, uno de los sentimientos que se reconoce asociado al envejecimiento es el temor a la muerte propia. La muerte, en los jereles, está atravesada por una fuerte censura y prohibición. Se intenta evitar la expresión de las emociones intensas ligadas a la muerte. El escenario donde se espera la muerte en Jerez de la Frontera, es el hospital, allí se produce una fragmentación del proceso de morir, se muere a solas, con ausencia de conocimiento de esta, y sin ritual.

TODOS TUS PECADOS SERÁN PERDONADOS

“Ay, ay, ay, ay,
Ay, ay, ay, ay,
Ay, ay, ay, ay,
Yo quiero que a mí me entierren,
como a mis antepasados.
En el vientre oscuro y fresco,
de una barrica de vino.
Ay, ay, ay, ay,
Ay, ay, ay, ay,
Ay, ay, ay, ay,
Cuando una vida se pierde,
tras una cortina de años,
quedarán a flor de tiempo,
amores y desengaños.
Ay, ay, ay, ay,
Ay, ay, ay, ay,
Ay, ay, ay, ay,
Yo quiero que a mí me entierren en Jerez,
en el vientre oscuro y fresco,
de una bota de Palo Cortado.
Ay, ay, ay, ay,
Ay, ay, ay, ay,
Ay, ay, ay, ay”.

EL CONJURO DE LAS DOCE PALABRAS REDOBLADAS EN JEREZ DE LA FRONTERA

Algunos jerezanos cuentan, que cuando uno muere, el alma tiene que pasar por un puente y encontrándose con el diablo, como guardián del paso, proponiendo un acertijo que solo se puede contestar sabiendo responder las doce preguntas del “Patas” (diablo), que son las siguientes:
“Amigo dígame la una;
Amigo, no soy su amigo, pero se la diré:
Una no es ninguna y siempre la virgen pura.
Amigo, dígame las dos;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.
Amigo, dígame las tres;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las cuatro;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.
Amigo, dígame las cinco;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las seis;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.
Amigo, dígame las siete;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Siete son los siete sacramentos, Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las ocho;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Ocho son los ocho planetas, Siete son los siete sacramentos, Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.
Amigo, dígame las nueve;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Nueve son los nueve meses, Ocho son los ocho planetas, Siete son los siete sacramentos, Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las diez;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Diez son los diez mandamientos, Nueve son los nueve meses, Ocho son los ocho planetas, Siete son los siete sacramentos, Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.
Amigo, dígame las once;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Once son las once mil vírgenes, Diez son los diez mandamientos, Nueve son los nueve meses, Ocho son los ocho planetas, Siete son los siete sacramentos, Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las doce;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Doce los doce apóstoles, Once son las once mil vírgenes, Diez son los diez mandamientos, Nueve son los nueve meses, Ocho son los ocho planetas, Siete son los siete sacramentos, Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.
Amigo, dígame las trece;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Quién de doce pasa a trece solo el infierno merece…
¡Reviéntate Diablo!”

Es posible que en Jerez, una noche por el Casco viejo, se tropieza usted con el mismo diablo en persona y le pregunte ¿Dígame las doce palabras? Si no se las sabe se lo llevará a los siniestros infiernos, sin poder rechistar. Mire que se lo estoy diciendo…

EL DIABLO EN LA JUDERÍA DE JEREZ DE LA FRONTERA

Como tantos lugares mágicos, el barrio judío de Jerez de la Frontera tiene su propia leyenda. Muchas personas que han paseado por el barrio judío, sobre todo de noche, aseguran que han podido escuchar los lamentos de una mujer sollozando, cantando una triste canción. Sonidos que se acercan y se alejan, no sabiendo bien de qué lugar exacto provienen. Es el fantasma de una mujer que vaga sin descanso por el antiguo barrio judío de Jerez.
Algunos consideran que en este mundo, en el que aún nos falta mucho por descubrir, podría ser posible que fantasmas, almas o seres sobrenaturales se encuentren entre nosotros y los ruidos que se escuchan por las noches o las voces que creemos percibir, pueden ser más reales de lo que todo el mundo quiere aceptar.

En el número veinte de la calle Álvar López, parece ser, según la leyenda, existió una casa de un judío importante y rico. En esta calle hubo un gran palacete, pocos años antes de que los Reyes Católicos expulsaran al pueblo Judío de sus territorios. Era un edificio inmenso y rico, con grandes escalinatas y caras columnas de mármol.
Los jerezanos cristianos otorgaron al enclave fama de sitio infernal, dando al dueño del lugar como tratante con espíritus y con el maligno, pues solo este sería capaz de dar a tal persona las suficientes riquezas para construir semejante vivienda. Muchos sabían que el propietario era un viejo judío, que allí vivía con su hija, de espectacular belleza, y a los que rara vez se veía en público.
A esta oscura fama se añadía los comentarios de los vecinos más próximos a la casa afirmar que durante las oscuras noches se oían a través de las paredes extraños rumores, fuertes gemidos de la bella hija del judío y en ocasiones el chirriar de raros instrumentos… Mientras esto sucedía, unas inmensas columnas de humo asomaban por las chimeneas de la casa.

Un día, se escuchó un prolongado rumor, similar al que precede a un terremoto, al tiempo que una intensa llamarada iluminó la noche de Jerez seguida de una terrible explosión que hizo desaparecer la casa del judío envolviéndola toda en llamas.
Numerosos vecinos se aproximaron a ayudar en las tareas de extinción, para evitar que las llamas arrasaran la judería, y con las primeras luces del día, las autoridades de la ciudad se acercaron hasta los rescoldos humeantes de la vivienda, recuperando de entre las ruinas los cuerpos de sus dos habitantes, prácticamente carbonizados. Todos interpretaron sus muertes como una intervención del diablo.
La leyenda sobrevive y se convierte en parte del imaginario colectivo. Recorred sin prisas en la judería jerezana, sus calles y callejones, descubriendo todos sus secretos y dejaos llevar por su silencio. Probablemente en algún rincón os sorprenda de un momento a otro el fantasma del judío rico que tuvo tratos con el demonio.