LOS OTROS JEREZANOS

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¿Quién puede imaginar una primavera en un patio de Jerez, sin los trinos de las golondrinas o el piar de los gorriones? ¿Una plaza sin el canto de los jilgueros o un atardecer de verano sin la algarabía de los bandos de vencejos?
Dice el naturalista José Manuel Soria Castaño, que la Cigüeña Blanca, la Golondrina Común, la Paloma o la Lechuza Común, han sido y serán protagonistas de poemas, canciones, cuentos o leyendas en Jerez. Son parte del recuerdo y patrimonio local de los jerezanos.
Los antiguos templos, igual que el Alcázar, murallas y otros edificios históricos, albergan un número considerable de especies. La Iglesia de Santiago es un buen ejemplo del papel que cumplen estos monumentos. Quizás la especie más llamativa en Jerez sea la Cigüeña Blanca que año tras año repara su voluminoso nido situado sobre la torre del reloj. Ausentes durante muchos años, en 1997 las cigüeñas volvieron a criar en Santiago y desde entonces hasta hoy han seguido haciéndolo.

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Podemos también observar en Santiago, jilgueros y a golondrinas que aunque no anidan en el templo lo hacen a poca distancia de él. Entre las ramas de naranjos y falsas acacias de los alrededores camuflan los nidos los jilgueros. Son fáciles de detectar por su canto que desde antiguo les condenó en muchas ocasiones a vivir cautivos. Las golondrinas comunes son unas de las vecinas más respetadas del barrio. Según la tradición que año tras año con la llegada de estas aves, contaban los abuelos en Jerez, fueron las golondrinas las que quitaron a Cristo, las espinas en la cruz. Al hacerlo la sangre les salpicó la cara y por ello lucen en ella el color rojo.
Cristo, en agradecimiento las bendijo y cualquier daño que se les cause a ellas o a sus nidos despertará la ira de Dios. Abundan en los patios de vecinos en las calles como Juan de Torres, La Sangre, Nueva, o Merced, por citar alguna, donde construyen sus nidos de barro a poca altura. La primavera en el barrio no sería igual sin ellas.
Otra rapaz presente en la iglesia es la Lechuza Común. A diferencia del cernícalo, sus hábitos nocturnos y su comportamiento normalmente silencioso, hace que pase totalmente desapercibida. Generalmente solo sabemos de su presencia cuando una noche alzamos la vista y por casualidad vemos su blanca silueta surcando el cielo. Antiguamente existía la creencia en Jerez de la Frontera, hoy prácticamente desaparecida, de que su presencia auguraba muerte.

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El omnipresente Gorrión Común tampoco aquí podía faltar y la Paloma Domestica, anida asilvestrada en cualquier parte. Esta especie ocasiona numerosos perjuicios debidos, entre otras causas, a la falta de predadores que controlen las poblaciones y eliminen a los animales enfermos. Además de transmitir enfermedades, sus excrementos deterioran la piedra de edificios y monumentos y las ramas con que construyen sus nidos obstruyen los desagües ocasionando importantes desperfectos.
El Cernícalo Primilla concentra en el templo hasta cinco parejas que aprovechan mechinales y otros huecos para criar. Además de éstas y sus descendencias sobre el templo se pueden ver ejemplares procedentes de San Mateo, San Juan, o de los lienzos de muralla de las calles Ancha y Muro.
Una especie muy popular es el Estornino Negro, Tordo o Juanillo como se le conoce en Jerez. Esta denominación le viene por la costumbre que existía de criarlos y enseñarles a imitar ciertos sonidos entre ellos este nombre. Es fácil de observar posado sobre veletas o pararrayos.

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El Vencejo Común encuentra en grietas y huecos lugares idóneos para emplazar su nido. Pocos saben que estos infatigables voladores pasan toda su vida en el aire, posándose solo para poner e incubar sus huevos y para alimentar a los pollos. Cazan, comen, consiguen los materiales para el nido e incluso duermen volando. También podemos observar en Santiago a su pariente el Vencejo Pálido.
De inmerecida mala fama en Jerez, los reptiles han logrado sobrevivir a la persecución de la que fueron objeto, hoy protegidos por la ley; podemos encontrar en los templos: Salamanquesas Comunes y Culebras Herradura. Sobre la salamanquesa pesaba una leyenda jerezana que le ha granjeado no pocos enemigos, según se decía su saliva causaba la calvicie de aquellos sobre los que escupía.
La Culebra Herradura, como todas las serpientes, no tenía mejor reputación en Jerez, y de ella se decía que el solo hecho de mencionar su nombre traía mala suerte por ellos se las llamaba bichas.

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FUENTE: José Manuel Soria Castaño, otros…

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