EL PAN DEL JARE, POSIBLEMENTE EL MEJOR DE JEREZ Y PARTE DEL EXTRANJERO

“Es para ti esta canción, / campesino que sin hablar / me diste pan el día aquel / que el frío me hería la piel”.
“La conquista del pan”, es un clásico del anarquismo ruso y del comunismo libertario escrito en 1892 por Piotr Kropotkin, el «príncipe anarquista», desde el exilio. Sus páginas describen con virulencia los procesos de apropiación de la tierra que se hallan en la base del capitalismo y denuncian la explotación y la ausencia de cualquier protección social ante el enriquecimiento de una minoría.

Las regulaciones sanitarias prohíben que los alimentos que no cumplan con el protocolo reglamentario puedan ser ofrecidos y consumidos. Lejos de frenar el sistema de intercambios, este hecho lo ha multiplicado por toda la provincia gaditana. El pan producido como salida a la crisis económica inventada, es distribuido por distintos puntos de la provincia de Cádiz, se vende vía Whatsapp, o el boca a boca. Hablamos de los panaderos anarquistas, desertores que se han apeado del capitalismo corrupto, inhumano, lleno de alimentos repletos de aditivos y conservantes.

Un selecto grupo de privilegiados disfruta en Jerez de la Frontera de “Trigo Limpio”, joya gastronómica muy escasa. No es pan industrial, ni de serie, es un manjar personalizado, y encima su artista creador: “El Jare”, te lo lleva a casa acompañado de una sonrisa.
Tiene Manuel (así verdaderamente se llama nuestro panadero salido en bicicleta de un cuento de Las mil y una noches), un pan que lleva cebolla y laurel que quita el sentido; otro de castañas, apropiado para calmar penas y abandonos sentimentales. Su sabor recuerda al primer beso robado. ¡Gloria bendita!
Manue, lleva la biblioteca de la CNT, en la plaza del Arenal, ahí imagina recetas de locura y sabor para sus panes, mientras, de vez en cuando, le entran unos prontos por el cuerpo que le impulsan a salir a pegarle un par de patadas al caballista de la plaza. Se aguanta, los anarquistas de la “Nueva era” no pegan tiros, ni matan curas, ni queman iglesias, menos persiguen fachas o les dan pal pelo a los sociatas descarriados. Ahora son muy bien educados: hacen pan. No están en el sistema, ni en nómina, pagando eternas hipotecas, o plan de jubilaciones. Van a su bola, amasan buen pan.

Lejos de ideales utópicos a gran escala, Manuel el Jare, aspira a que su negocio se mantenga. Sus clientes “derechosos” saben que es un panadero anarquista, pero le compran porque su pan es bueno, y él es persona agradable. Su ideario y su concepción de la vida tiñen no solo el logo (Trigo Limpio), sino todo su proyecto desde la a hasta la z.

Las cosas buenas se pagan, y el pan “Trigo Limpio” de Manuel, se cotiza a precio de onza de oro, lo vale por ser un alimento de esos que ya no se ven ni en las películas, y escasea en la mesa del rey.