EL CALLEJÓN HECHIZADO DE JEREZ DE LA FRONTERA

No se trata de creer o no creer en las casualidades. El mundo entero es una casualidad. La casualidad no es un lujo, es la otra cara del destino y también algo más.
A veces, no muy a menudo, me llegan destellos de sucesos vividos o personas con las que he tenido trato. En un callejón peatonal, en un extraño bar de Jerez de la Frontera, me topé con la reencarnación actual de un viejo soldado de los tercios de Flandes. Responde al nombre de Antonio y lleva el bar Pampero del callejón Parada.
Apostaría mi próxima borrachera que Antonio desconoce su pasada vida de armas. Sé, con certeza de difícil demostración, que con él tuve la mala suerte, en otra vida, de cruzar espadas, saliendo yo francamente mal parado, llevando todas las de perder. Este soldado murió junto a otros compañeros, en el asedio de Castelnuovo que se produjo entre el 18 de julio y el 7 de agosto de 1539. Rechazó el perdón de Jeireddín Barbarroja, argumentando de que de nada le servia ganar la vida si perdía su alma. Corrían tiempos en los que era un orgullo ser español, en donde abundaban los hombres bajitos valientes. A diferencia de los jóvenes actuales, zumbados por el fútbol, noqueados por el botellón. Ya no saben estos dónde están las pelotas.

La calle Parada hace pared con la iglesia San Francisco, trazada sobre los antiguos terrenos de este convento. En la iglesia San Francisco, se encuentran dentro de una urna de madera, los restos de la desventurada reina doña Blanca de Borbón, esposa que fuera del rey Pedro I el Cruel, la cual fue mandada asesinar por su esposo. Este templo es uno de los “Siete puntos de poder de Jerez de la Frontera”, arrastra muchas leyendas paranormal o misteriosas. Se dice que es un boquete dimensional por el que entran y salen seres terrenales, igualmente de la quinta dimensión, como otros de la sombra o mundos oscuros. El portal interdimensional se encuentra justo donde hoy día está el bar Pampero, motivo por el cual muchos sensitivos y videntes atestiguan ver seres extraños en este bar, entre mezclados con su clientela.

Cierto o no cierto, lo que sí es verdad de la buena, es que en el bar Pampero, Antonio sirve el mejor pescadito frito de Jerez, una delicia para los forofos en la gastronomía local. Solo por esto hay que dejarse caer por el callejón Parada, eso sí, mire de reojo o por el rabillo del ojo quien tiene a su lado, pueda que sea un “no humano”, es cuestión de día y suerte. Lo demás es cosa suya.