MANIFESTACIONES DE DOLOR EN LA EDAD DEL COBRE ANDALUZ

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Los cilindros votivos llamados “Ídolos” oculados que se encuentran en el sur peninsular (Edad del Cobre – Calcolítico – III milenio a. n. e.), y a los que se les ha colgado el adjetivo de representaciones de la “Diosa Madre”, relacionada con los cultivos y la fertilidad, en la actualidad su aparente significado empieza a erosionarse con rotundidad.
Desde siempre en la humanidad, los rituales del duelo cursan un cuadro de experiencias emocionales intensas que alertan e interpelan las capacidades sensoriales de los asistentes: el duelo tiene sus actores pero también sus espectadores, expuestos al contagio pasionario. Soledad, ansias mortales, rabias descomunales. Las dolientes o los dolientes se enfrentan a la experiencia de la muerte ajena, estado de excepción que propiciaba la aparición de un cuadro de intensidad emocional extrema.

El ser humano ha tenido fuertes manifestaciones en los elementos que concurren en la morfología ritual del duelo. En los cilindros votivos aparece la crudeza de las expresiones que dejan poco lugar a la duda; vinculado al duelo y al lamento por los difuntos, a los momentos de mayor alteración y conmoción, transportándose a un aparato gestual bien conocido que conlleva acciones autolesivas como mesarse los cabellos y las barbas, o lastimarse el rostro y las manos. Hasta hace relativamente poco en algunas culturas, exhibirse sin tocado, “descabelladas”, arrojar las tocas al suelo o rasgarse las vestiduras, fueron modalidades específicamente femeninas que se sumaban a las maneras de llorar con las manos y con el cuerpo. Alineadas con los lloros, gemidos, gritos y llantos, todas las potencialidades expresivas del cuerpo humano quedan activadas con estas prácticas aportando una intensidad, un dramatismo y una plasticidad sin par a las “representaciones” del llanto. “Mesar”, “tajar”, “pelar” cabellos es una expresión generalizada. Pero la atención se centra en los rostros, que se hacen máscaras de sangre (en los cilindros votivos las vemos).

¿Qué hacían con sus manos los dolientes de los cilindros? Para hacernos una idea de lo que ha sido el ritual del duelo, escrutamos testimonios relativamente recientes que dicen: “(Ellas) rompen sus rostros volviéndose en carne viva; (ellos) rompen sus frentes y hacen grandes crudezas (apuntaba el redactor de la Crónica General en los funerales del rey santo Fernando III de Castilla). Para el redactor de Las Partidas, las gentes en los duelos por los difuntos se dedicaban a desfacer caras, cortandolas y rasgándose”.
En las muchas formas externas de expresar el dolor que ejecutaban las gentes del Medievo hispánico ante la pérdida de un semejante: “rasgar y desollar caras” o “rasgar, degollar, ferir caras”. Estas son las elocuentes expresiones que entran en el vocabulario del duelo. Esto es lo mismo que podemos encontrar en los cilindros votivos, como una de las muchas formas externas del dolerse ejecutadas ante la pérdida de un semejante.
Conclusión: Los llamados “Ídolos” oculados son manifestaciones de duelo depositados en las tumbas, no representaciones de un ser sobrenatural al que se adora y se rinde culto como si fuera la divinidad misma. Se depositaban los cilindros juntamente con los “Cuencos de lágrimas y sangre” (La sangre y las lágrimas se recogían en cuencos, testimonio material del dolor).

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FUENTE: Ángela Muñoz Fernández, J.L. Escacena Carrasco, Museo Arqueológico Jerez, otros.

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