LA MALDICIÓN DE JEREZ DE LA FRONTERA

(Malaquías 2: 2) “Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aún las he maldecido, porque no habéis decidido de corazón”.
Soy el más escéptico de los creyentes y el más crédulo de los escépticos, y mantengo esta postura ante todas las cosas sorprendentes, “la maldición de Jerez” es una de ellas. La primera vez que escuché de ella fue de boca de un viajero en la estación de ferrocarril. Me habló de “la maldición de Jerez de la Frontera” para a continuación concluir con que “cada ciudad, cada país, parece que carga con su propia maldición”.
Nos gusta creer en las bendiciones, pero a veces nos cuesta aceptar que también existen las maldiciones. Las maldiciones están presentes en nuestra cultura, más allá de convencionalismos, hay relatos que son escritos, incluso a modo de leyendas urbanas y que, parecen, tocados por esos rituales temidos que son las maldiciones. Creer o no creer en ellas ya es cuestión del convencimiento de cada uno.

San Dionisio fue nombrado Patrón por el Rey Alfonso X “El Sabio” tras reconquistar la ciudad del dominio de los musulmanes el 9 de octubre (día de su onomástica) de 1264. En esa fecha los castellanos entraron en Jerez, ordenando Alfonso X que la ciudad se pusiese bajo su patronato en acción de gracias por este hecho, así como la construcción de una parroquia en su honor. Sabía lo que hacía, cuando lo hacía, y por qué lo hacía. El declarar al obispo de Paris san Dionisio contemplado en el Vetus Romanum Martyrologium, no fue casual para el rey Alfonso X, y ha sido desde siempre la representación del santo patrón de Jerez, con su cabeza en las manos, diferenciado del Dionisio griego Areopagita (3 de octubre) sacado de la manga para el cambiazo.

La maldición dice que “hasta que no se respete la voluntad del rey sabio de poner a la ciudad bajo el patronazgo del santo del día de la reconquista (san Dionisio de París, o sea, el de la cabeza en las manos), el Casco antiguo o histórico, sucumbirá en el abandono”.
¿Qué hay de cierto en todo ello? La maldición es algo que se nos escapa.