EL LEÓN EN SU LABERINTO ESOTÉRICO DE JEREZ

En el laberinto esotérico de Jerez de la Frontera, el mismo que nos conduce a la Caja de Pandora en una de las edificaciones jerezanas, la liberación espiritual está supeditada a una serie de pasos a seguir, para salir de la prisión de la ilusión, pero antes tiene que “matar” simbólicamente al Minotauro que custodia el laberinto interno para poder salir definitivamente.
Pedro advirtió sobre esto: «Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanse, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos» (1 Pedro 5.8—9).
El término griego utilizado para «devorar» es el mismo que se usa en el hebreo en Jonás 1.17, para el gran pez que «devoró» a Jonás. El enemigo quiere comernos. Cuando nos separamos del camino en el laberinto, simplemente estamos haciendo más sencilla su tarea.
El león se identifica también con Cristo en el Génesis: “Cachorro de león es Judá; de la presa subes, hijo mío. Yaces agachado como león. Y como a leona, ¿quién se atreverá a levantar? No faltará de Judá el cetro, ni de entre sus pies el báculo, hasta que venga aquel a quien pertenecen y a quien obedecerán los pueblos” (Gén. 49, 9-10).
El pez también es símbolo de Jesús desde los primeros años del cristianismo. La palabra griega pez, IFICOUC, IKHTHYS, tiene las iniciales de lesous Khristos, Theou Uios, Soter (Jesús Cristo, Hijo de Dios, Salvador); así, Cristo es llamado pez; el pez representa a Cristo y, por lo tanto, “comer el pez significa, alimentarse con la carne de Cristo”. Forma parte de los símbolos de la Eucaristía y, el mismo Cristo ya resucitado comió pescado, comió de él mismo.
Una vez que hubo resucitado, Jesús se le apareció a los apóstoles, diciéndoles, ‘‘La paz sea con vosotros”; pero como se quedaran turbados, les mostró las llagas de las manos y los pies. Aun así, no reaccionaban; entonces volvió a hablarles: “¿Tenéis aquí algo que comer? Ellos le presentaron un pedazo de pescado asado. Tomólo y comió en presencia de ellos” (Lc. 24, 36-43). Es decir, que el mismo Cristo se comería a sí mismo. El león, Cristo, se come al pez.

FUENTES: J.L. Sánchez Villanueva, otros

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