LA PLAZA DE LAS TORTUGAS, SITIO DISCRETO DEL OCULTISMO GADITANO

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Las tortugas son muy queridas por ser consideradas animales de buena suerte, que simbolizan la longevidad y la protección. Por ello, las tortugas aparecen en multitud de templos y ciudades.
Muy acertadamente se ha hablado de la tortuga referente a que no tienen amigos ni enemigos en la naturaleza. Resalta en ella su falta de necesidades. Las tortugas pueden vivir de casi nada. Llama la atención su edad, no solamente a que pueda vivir mucho tiempo, sino a la existencia de la especie sobre la faz de nuestro planeta. No podemos pasar por alto su muy enigmática y filosófica sonrisa, indicándonos que  sabe algo que no imaginamos.
Nada es casual en la Plaza de Las Tortugas. Cuatro tortugas hay en este mas que curioso lugar gaditano. Cuatro es el segundo número par y el regreso a la unidad fundamental en un nivel superior, como lo evidencia su reducción mística en la que 1 + 2 + 3 + 4 = 10 = 1 + 0 = 1,   simbolizando la potencia por excelencia, pues en él, la unidad completa al ternario al unirse al mismo dando origen a la cruz y al cuadrado y, lo que es más importante, a las cuatro dimensiones del espacio, es decir, la determinación material y corpórea. Son los cuatro principios elementales, Fuego, Tierra, Aire y Agua, que conforman el Universo; los cuatro puntos cardinales, los cuatro pilares del Universo, las cuatro fases de la Luna y toda la infinidad de cuaternarios que sirven para definir una unidad superior.
Platón decía que el ternario es el número de la idea y el cuaternario es la realización de la idea. Por esta causa, en la séptuple organización de las direcciones del espacio, el ternario en la Plaza de las Tortugas, se halla situado en la vertical (tres mundos o tres niveles) mientras que el cuaternario se encuentra dispuesto en la horizontal, en el mundo de lo manifestado.
En la Masonería operativa el trabajo consiste en actuar sobre la individualidad psíquica. Lo que se define como “devastar la piedra bruta”, es decir: actuar volitiva e intencionalmente sobre los aspectos más oscuros de la individualidad humana con el propósito de transformarlas en fuerzas de bien. En la Plaza de Las Tortugas, la propia tortuga se mueve lentamente recordándonos: si la divinidad prima en el hombre se adquiere las cualidades del CONOCIMIENTO, SABIDURÍA, FÉ y VERDAD.

La tortuga se relacionó con la magia debido a las tradiciones orientales de leer presagios sobre su caparazón; todavía más, la tortuga era en sí un animal mágico que podía vivir eternamente sin necesidad de respirar ni comer. La magia del reptil consistía también en que su coraza era por un lado la representación de la tierra y por el otro, la del universo. La importancia de este animal crecía en la medida en que se observaba la cura de enfermedades cardíacas y renales gracias a los poderes medicinales de la concha.
La tortuga aparece en la mitología, en la magia y en la religión de muchos pueblos desde la más remota antigüedad, con una marcada coincidencia en la utilización de sus símbolos: asociada al agua y a la tierra; representación del silencio, del cosmos y del sueño; emblema del tiempo y de la inmovilidad.  Resulta asombroso ver cómo la tortuga ha sido creada recurriendo, consciente o inconscientemente, a los atributos que la mitología de los pueblos primitivos le otorgó. En las fábulas, por ejemplo, la tortuga se burla sabiamente de otros animales bajo el pretexto de su torpeza o por su aspecto pétreo que la asocia, casi invariablemente, ya al tiempo, ya al movimiento.

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LUCIFER, EL MEJOR SECRETO GUARDADO

Cuando nada existía y no había cielo ni estrellas, cuando no había universo y lo absoluto reposaba en la nada eterna, un rayo de luz quebró las tinieblas. Un fuego fulgurante nació y encendió los mundos. A ese fuego primigenio se lo llamó Lucifer, que significa «el que porta la luz» o «el que trae la luz». Lucifer fue la primera manifestación de Dios saliendo de su letargo. Es el primer ángel que tuvo como misión encender la chispa primera que dio luminosidad al universo. Luzbel fue el primer ángel y querubín en ser creado, y era además el más poderoso. Solo Dios lo superaba en inteligencia y poder. Irradiaba más claridad que cualquier otro ángel, y su belleza era como ninguna antes vista en el cielo. Lucifer fue el primer ángel que despertó a la Creación y fue la más grande criatura de magnificente belleza en la aurora cósmica. Este ángel tenía una hermosura increíble y no comparada a ninguna otra creación. Todos los Ángeles que fueron creados después de él, no tenían la belleza ni la grandeza que poseía el primer ángel de la mañana. Él fue el encargado de encender las primeras luces del universo, y en memoria a aquella primera luz se llamó Lucero a la primera estrella de la mañana, el Lucero del Alba.

  .-Demonio-Cortijo de la Fuente—Sanlúcar de Barrameda–Museo Provincial de Cádiz

Muchos  saben que misas negras se han realizado en los altares y lugares gaditanos durante siglos. Por poco que echemos la vista atrás en el rico pasado de Cádiz, nos topamos con una historia jamás contada, aunque por todos percibida: La Magia y los demonios.
Un demonio puede cambiar su apariencia a voluntad, la mayoría de ellos se nos presentan como seres grotescos que combinan aspectos físicos de rostros humanos con cuerpos de animales, a nuestros ojos se nos parecen monstruos. Si quieres ver como lucen los demonios, visita las catedrales o iglesias construidas por los caballeros templarios. Las llamadas gárgolas son las representaciones de los espíritus demoníacos descritos en el antiguo libro de los aullidos conocido como “La Goetia”.
La Magia documentada llegó a las antiguas tierras andaluzas, primero de mano de los griegos y poco después con los fenicios que estudiaron de Fallujab, Basrah y Bagdad, obteniendo las mismas enseñanzas enigmáticas de las escuelas que se habían esparcido a Egipto, donde los faraones reales las usaron en espejos oscuros contactando espíritus (demonios), comunicándose con antiguos dioses de las estrellas: los Annunaki, entre otros seres. Entonces esa misma magia babilónica se mezcló con la autóctona en Cádiz, haciéndose poderosa en templos heredados, como oráculos de enorme prestigio y reconocimiento en el mundo mediterráneo.


  .-Cuarzo del Dolmen de Alberite –Museo Provincial de Cádiz

Con el cuarzo, desde siempre, se ha creado un círculo en el suelo, este círculo era realmente una extensión del aura del mago, una ayuda visual para decirle al espíritu convocado: “es mi dominio, esta es mi aura y este círculo me protege de ti”.
Desde la más remota antigüedad el hombre de conocimiento ha empleado el cuarzo como instrumento de poder, no de adoración como se empeñan más de un arqueólogo  en colar.
Alrededor del círculo los místicos babilonios escribían los nombres de los espíritus o demonios que vigilan los cuatro puntos cardinales del universo, convocando también a uno o a todos los 72 demonios de la jerarquía del infierno. Luego, en el aire formaban un pentagrama y estocaban este pentagrama imaginario con la Espada Mágica (Athame), desvaneciendo cualquier demonio no deseado en ese momento.


.-Mago y Demonio- Calle San Miguel – Cádiz

Esta figura del mago o hombre de conocimiento con la espada controlando al demonio, mucho después con el advenimiento del cristianismo medieval en el siglo X, vino a ser representada por el arcángel San Miguel blandiendo un arma y aplastando al demonio. Algo que entretenía a la población, mientras una minoría privilegiada de supremacía, se hacia única depositaria de los antiguos conocimientos y manejo de los demonios en provecho propio, apartando de sus beneficios a la humanidad a la vez que la controlaba a través de la ignorancia, el terror y los miedos.

El saber de los magos del rey Salomón llegaron a la Europa medieval de mano de los caballeros templarios y posteriormente por los rabinos y árabes que publicaron sus tratados de magia (Grimonios) e incunables. La magia y sus tratados fueron empleados por reyes, por ejemplo la reina de Inglaterra Isabel I, quien tenía a su servicio al mago luciferino John Dee. Anteriormente el ocultista Henri Cornélius Agrippa, era el mago favorito en las cortes reales de Europa. Uno de los mayores éxitos de la magia luciferina aplicada fue la destrucción de la llamada Armada Invencible de Felipe II.
Los salmos de la francmasonería son exactamente los mismos salmos que fueron cantados por los magos que escribieron los grimorios mágicos. Estos salmos son fundamentales en el arte de convocar espíritus y demonios.
Tenemos que decir que en la biblioteca del Real Observatorio de la Armada en San Fernando (Cádiz), se guarda el grimorio incunable “Introductorium in astronomiam Albumasaris Albalachi : octo continens libros partiales” del mago Abū Ma’shar (Albumasar).


.- La Santa Cueva – Cádiz

A finales del mil setecientos aparecieron en Cádiz los primeros masones y los iluminatis (grupos de potestad), teniendo relevancia en el mil ochocientos. Ahora en nuestro días que corren, es cita obligada tanto para los masones de grado 33 (y superior) de las logias internacionales, como también para los miembros del  Club Bohemian y el Club Skull & Bones, realizar visitas rituales a la capital gaditana (La Santa Cueva, Fuente de las tortugas, etc.) y alrededores en la provincia (Baelo Claudia), rindiendo honores mentales a Luzbel, el Lucero del Alba que tan pingües beneficios les concede.

EL CHISME

El chisme, por horrible que parezca, tiene en Cádiz varias funciones beneficiosas. En esta localidad, el 50% de las conversaciones está dedicada al chisme y es mucho más sofisticado de lo que podemos pensar. Cumple en la «tacita de plata» gaditana varias funciones importantes que van desde controlar conductas de grupo, hasta definir la adaptación del individuo a este mismo. Cuando en la colectividad alguien se sale de las normas de conducta, la primera línea de defensa es que la gente comienza a hablar de esto y de aquello, haciendo que la reputación del individuo se resienta.
A los hombres gaditanos, les gusta tanto el cotilleo como a las mujeres. Los varones parecen tan dispuestos como las mujeres a dedicarse a las murmuraciones.


El chisme tiene en Cádiz varios significados y muchos efectos. Puede ser una alianza en la medida en que los que chismosean están unidos, y el otro de quien se chismorrea, que irremediablemente se queda fuera.
También está la versión negra que es el chisme ligado a la difamación, se sostiene este en la envidia y  es producto de que alguien tenga lo que a alguno le falta. Podemos decir con toda certeza que esta interpretación es menos frecuente en Cádiz.
El chismorrear en realidad en la sociedad gaditana no tiene un carácter peligroso, ayuda a aliviar tensiones. El bochinche en Cádiz, una de sus funciones es la adaptación de los individuos al grupo. Sirve para establecer alianzas, cuando se chismosea se está de acuerdo en que algo anda mal, alguien le va bien, aquél no debe integrarse, aquél sí, etc.
Son contraseñas que confirman que se es parte del mismo grupo y se tiene análogo concepto de pertenencia. Otra de sus funciones en Cádiz, es como herramienta de comunicación, porque muchas veces el chisme es la forma para que alguien pueda expresar aquello que no se atreve o que no se quiere decir de modo manifiesto.

Los chismes blancos para los gaditanos, son comentarios que se hacen entre amigos, de todos los sucesos que ocurren en sus medios y a veces incluyen en éstos a personajes de la política, religiosos y artistas, y hasta moda. En ocasiones estos chismes van acompañados de picardía, un ribete de sonoras carcajadas y caras de asombro y sorpresa
El chisme, por repelente que parezca, tiene en Cádiz varias funciones beneficiosas para la sociedad en si. Chismorrear puede ser visto como algo trivial, pero es muy terapéutico y hace a la gente por estos pagos, sentirse mejor,
El comadrear, estimula la producción de endorfinas y el sistema inmune y libera el estrés. Esta poderosa arma tiene tres funciones esenciales que ayudan a la mente: genera redes, logra influencias y afianza alianzas sociales.


Todos en Cádiz viven ambos lados del chisme. Un aspecto es el sentimiento agradable de pasar el tiempo con un amigo y compartir historias sobre personas de interés mutuo y ponerse al día. El otro, es la rabia y frustración que se siente cuando se entera de que están hablando mal de ellos. Es innegable la importancia y lo inevitable del chisme en la vida gaditana. Es algo natural relacionado con el rol que se desempeña en el sitio de trabajo y en la comunidad, y que termina siendo saludable en la vida.
Cuando es bueno, une a la gente y facilita su comunicación. Cualquiera que haya vivido en una pequeña comunidad sabe que es un acto espontáneo, siendo muy especial en  Cádiz, donde hay humor por todos los rincones, y buen gusto al chismorrear de algo o de alguien que se tercie y se despelleje de arriba a bajo.

EL CALLEJÓN DE LOS NEGROS

Las fortunas de las familias pudientes gaditanas  se formaron bajo el negocio lucrativo de esclavos.

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El comercio esclavista, que en América comenzó muy poco después del descubrimiento, simplemente continuaba una actividad ya llevada a cabo desde siglos antes por comerciantes europeos, fundamentalmente genoveses establecidos en Cádiz, no es de extrañar la gran cantidad de apellidos de procedencia italiana que existen en la actualidad en esta localidad. Con Carlos I, se enriquecieron flamencos y alemanes, mediante un asiento o contrato firmado con la Corona que fijaba la cantidad anual y el precio de venta.
Los portugueses se especializaron en la caza de esclavos en su lugar de origen y en su transporte, habituados a las costas africanas y al trato con las poblaciones nativas. Los esclavos negros procedían fundamentalmente de una franja situada entre Senegal y Angola. Las pequeñas islas situadas enfrente servían de base logística. La cantidad y procedencia de los esclavos negros varía según las épocas, pues las relaciones internacionales favorecían o perjudicaban las operaciones. Esta es la causa de la gran variedad de poblaciones que llegaron a América y de la diversidad actual. Los grandes puertos a los que arribaban los barcos esclavistas fueron los de Veracruz (México) y Cartagena de Indias (Colombia), desde donde se distribuían al resto del continente. Por su parte, los puertos de origen eran fundamentalmente Cádiz, Lisboa o Canarias. Las embarcaciones usadas solían ser pequeñas y de poco calado, para facilitar su llegada a los puertos africanos y poder remontar los ríos. Para adquirir esclavos en África se usaban dos procedimientos: o bien se capturaban directamente, o bien se adquirían a un jefe indígena, quien vendía a prisioneros de guerra o a personas que habían contraído la esclavitud por deudas. Por este motivo, los negreros solían fomentar la guerra entre distintos pueblos. Cuando se obtenían mediante negocio, a cambio se entregaban diversas mercaderías, como algodón, hierro, alcohol, armas, cuentas de vidrio, etc. A veces, conseguir un número suficiente de esclavos podía llevar un año, y las penosísimas condiciones del viaje hacían que sólo los más fuertes pudieran llegar sanos y salvos a los puertos americanos.
El convento de Santo Domingo se construye en un sitio idóneo por lo significativo: en el solar donde los piratas de 1596 arrojaron la imagen de la Virgen del Rosario después de arrástrarla por las calles de la ciudad; una especie de barranco que servía de basurero y en el que según las crónicas se atenta contra la moralidad. En 1667 el nuevo templo enorgullecía a Cádiz y más teniendo como joya preciada a la Virgen del Rosario.

No lejos del monasterio de Santa María, junto a la Cuesta de las Calesas y con vistas al puerto, se encuentra el convento de Nuestra Señora del Rosario y Santo Domingo, íntimamente vinculado a América por servir de albergue a los frailes predicadores destinados al Nuevo Mundo.
Aquí fue acogida una cofradía propia de la importante población esclava de color, cuyos miembros llegaron a representar, por su número, un elemento típico del Cádiz de los siglos XVII y XVIII y que todavía se recuerda en el actual callejón de los Negros que discurre por un lateral de la antigua Fábrica de Tabaco.
El “Callejón de los Negros”, claramente al margen de las vías más transitadas, era usado para transportar a los esclavos africanos con los que se comerciaba en la península sin crear demasiado alboroto entre la población.

A fines del siglo XVI constituía ya una realidad la Cofradía del Rosario, la más remota en Cádiz, radicada en el Hospital de la Misericordia y fundada por individuos de raza negra, importante población esclava de color, cuyos miembros llegaron a representar, por su número, un elemento típico del Cádiz del siglo XVII, todavía recordado en el actual Callejón de los Negros del barrio de Santa María.

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CONFIDENCIAS PARA NO ESCUCHAR – Tomado de la novela EL HOMBRE QUE ANDABA SOLO de Sir Charles Edward Grove


Un “bache” en Cádiz es un abrevadero etílico a donde solo van borrachos, uno que otro japonés perdido o algún antropólogo desnortado a quien lo han empujado los aires como hojas de otoño.
Ya quedan pocos “baches”, y a estos se los come irremediablemente el tiempo. En ellos se encuentran filósofos que arreglan el mundo y más de una sorpresa, como es la de toparse con un antiguo miembro del servicio de espionaje y contraespionaje del Vaticano que me ha confesado más de un secreto.
Con Luigi me crucé en el “bache” La Carbonera, del callejón San Fernando, un día que estaba deambulando inmerso en mis pensamientos bajo un viento de levante gaditano escandaloso.
Machacado por el alcohol y el tiempo, Luigi aún conserva el aroma de haber mamado de buen pecho, arropado bajo armonioso techo y dentro de cómoda cuna, alejado de estrecheces y sustos económicos. A lo anterior  le sumamos ese aire característico delator que queda impregnado a toda persona que ha pasado por algún seminario sacerdotal.
Sus manos son pulcras, aunque agobiadas por los temblores del alcohol que poco a poco le carcome por dentro, en un viaje sin retorno. Viste desaliñado y notoriamente abandonado, curiosamente sus zapatos son de piel y están impolutos, con un lustre de espejo. Emplea pañuelos de tela y están marcados con iniciales diferentes a su nombre. Desprende Luigi aroma de colonia Calvin Klein, entremezclada con un pestazo de  alcohol y tabaco, echando para atrás al más pintado. Realmente su olor espanta bichos y tumba aviones. Los años y el paso del tiempo le han encorvado, su vicio le mantiene delgado, come poco, a ratos cuando se acuerda, ahí donde le pille la necesidad que es bien escasa en él.
Nació Luigi en Milán, hace ya una eternidad, estudió con los jesuitas, doctorándose en la universidad de Lovaina, obteniendo excelentes notas. Ahora está cagado de miedo, sabe que tarde o temprano darán con él, entretanto hunde sus temores en una copa de vino, mientras se esconde en este avispero de espías que ha sido, es y será siempre Cádiz. Aquí, a diferencia de Finisterre,  no termina el mundo, empieza la última frontera: la infinitud. No teme morir, sino que le hagan un “completo”, o sea: secuestro, interrogatorio, tortura y asesinato.
Trabajó Luigi durante un largo tiempo en la Biblioteca del Vaticano, bajo las órdenes del «Escriptor», el responsable del archivo secreto, lo que le permitió tener acceso a los documentos papales, enterándose de muchos “fregados” de los que buena parte daba conocimiento al Prefecto, como se le llama al jefe del Servicio Secreto del Vaticano, su otro jefe del que nadie tenía conocimiento.
Por cuestiones del destino Luigi ha estado inmerso en curiosas situaciones, por ejemplo en una reunión efectuada justo poco antes de ser elegido Albino Lucinai como Juan Pablo I, y que mantuvo con algunos cardenales cercanos a él. Ahí recuerda muy bien Luigi, se comentó que quien saliera elegido en el cónclave tendría serios problemas con las finanzas vaticanas. No mas acceder al papado Juan Pablo I, manifestó su férrea voluntad de realizar cambios, entre ellos el Banco Vaticano y luchar directamente en contra de la mafia y de la masonería. Los cinco cardenales que se hallan en ese corro fallecen casi inmediatamente, con una edad entre sesenta y setenta y cuatro años y en el período 1979-82. Eran cardenales que estaban a favor, incluido Juan Pablo I, de abrir una investigación al Banco Vaticano. Todos están muertos, el único que queda con vida de los que estuvo ahí presente y ahora en paradero desconocido es Luigi, este se ha convertido en un testigo incómodo.
El 28 de septiembre de 1978, tras treinta y tres días ocupando el cargo máximo de la Santa Sede, el sumo pontífice Juan Pablo I, fue hallado muerto en su habitación, según informaciones oficiales el Papa había fallecido debido a un ataque agudo de miocardio producto de una mala dosis de su medicamento, sin embargo ha sido víctima de un atentado gestado en los círculos mas internos de la Iglesia y la mafia italiana. Aunque se dijo que su médico de cabecera le había recetado por teléfono un vasodilatador, el médico rechazó esto al aclarar que no le había mandado nada al Papa aquella noche, ni las anteriores tampoco debido principalmente a que él gozaba de buena salud. Así mismo la religiosa que encontró al santo padre en el lecho, sor Vicenza, aseguró que Juan Pablo I, yacía en su cama extrañamente con el rostro calmado y en una posición de reposo, algo que no coincide con la de una muerte violenta si hubiera sucedido el supuesto ataque cardiaco.
En opinión de Luigi, Juan Pablo I, lo que quería era reordenar, dar un nuevo significado bastante en la línea tradicional, la línea pura que se conservaba en el Archivo Vaticano, una filosofía transgresora que contravenía lo establecido, se atrevió a dar esos pasos, por eso tenía los días contados.
La noche que muere Juan Pablo I, de un raro infarto, misteriosamente se le ha retirado la guardia suiza y la escolta de los agentes del servicio secreto papal. Esa dramática noche él no tiene protección alguna en su habitación. La monja Vicenza que era su camarera papal, dice que cuando descubren el cadáver, el Papa tiene el mando de la alarma en la mano… y no sonó.
Luigi guarda ciertos documentos, los mantiene a buen resguardo, nadie sabe donde. Cuando se abran estos escritos, nos vamos a encontrar con una serie de testimonios cuya realidad ha sido totalmente distorsionada. Saldrán archivos que tendrían que ver con la Logia P2 y la Banca Vaticana, las relaciones que tuvo el cardenal Ratzinger con lo que eran los objetivos de Lior, donde se relaciona a Lior con el Banco Ambrosiano. Toda esa trama oscura que acabó con uno de los banqueros principales: Roberto Calvi, ahorcado desde el Puente de los Monjes de Londres, todo orquestado, simbólico y no dejado al azar. La logia P2 estaba conectada con el Banco Vaticano y con monseñor Marcinkus, que estuvo envuelto en el escándalo del Banco Ambrosiano de Roberto Calvi.
Están entre los papeles de Luigi, también los caballeros de Malta, que son los aristócratas de la masonería y que manipulan, por orden del Vaticano, a la propia masonería. La orden de Malta está controlada por los jesuitas, por su general, Kolvenbach y que está a cargo de esta misión, que también incluye a los sionistas. A su vez, está conectada la aristocracia, familias como los Rothschild, los banqueros del Vaticano.
Luigi por saber esto y mucho mas, tiene su existencia caducada, no obstante me resulta entrañable este viejo sacerdote, ex agente de LA ENTIDAD como se conoce al servicio secreto vaticano. Los  servicios secretos no se les llama por su nombre original, a la CIA se le denomina LA COMPAÑÍA, al CNI español como LA CASA, por nombrar algunos ejemplos.
Me despido de él, nos encontraremos de nuevo adelante, otro día, en la Plaza de las Flores. Le doy la espalda y marcho conmigo mismo, absorto en mis sentimientos, ajeno a lo que irremediablemente sucederá o se atisba en el devenir de los acontecimientos. Suenan las campanas de una iglesia cercana, es el templo de Santo Domingo,  mientras el golpeteo cadente de los pasos me acompaña retumbando en el silencio de mi corazón.

¡¡¡CONTINUARÁ!!!

LA VIUDA NEGRA DE CÁDIZ

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Me apasionan las viudas, con esa sensación de desahogo, de haberse quitado a alguien de encima aunque debo confesar que me ponen los bellos de punta el meterme en el lecho del finado. Hay algo en ellas que me remueven mis anteriores vidas o mi mala conciencia que me hacen huir despavorido de esos grupos de “singles” y redes sociales en donde últimamente proliferan con sus presencias.
La viuda de Cádiz, conocida también como “La Viuda Negra” es un ser sobrenatural con muchas descripciones de su aspecto, pero casi todas son similares y se la dibuja como una mujer alta, delgada y que está vestida con un manto negro. Sus apariciones suelen darse en las callejuelas gaditanas solitarias, siempre se la encuentra como ausente o en espera de algo. A menudo se relaciona con los hombres con una sonrisa tétrica, pero con las mujeres no se muestra ya que las odia. Muchas veces ha acompañado a hombres sin hacerle ningún tipo de daño. Su aparición es de noche y su manto negro se mueve con el viento aunque no lo haya en ese momento.

La leyenda de la Viuda Negra que a través del tiempo se ha venido tejiendo entre los gaditanos, cobra forma al brotar de los labios de cualquier sencillo narrador de La Caleta.
“Como verá Eduardo, en esta vida todos hemos tenido aventuras; las mías como persona de mar y de tierra han sido muchas y divertidas. Para que lo voy a negar, yo he sido muy mujeriego y casualmente por eso es que me han pasado tantas cosas, pero algo le queda a uno de experiencia para cuando llega a viejo”.
-Una vez me había cogido la noche fuera de Puerta Tierra, pues regresaba  de cierta parte donde tenía mi enredo, no sé por qué me dio mirar a mis espaldas y vi que una luz me venía siguiendo, seguí caminando sin darle importancia, pero de momento comencé a inquietarme y volví de nuevo a mirar atrás; la maldita luz venía detrás de mí pisándome los talones, apuré el paso para llegar al barrio de Santa María y así poder alejarme de la luz que cada vez la veía más cerca, pero cuál sería mi susto cuando al coger una vuelta cerca de la Iglesia de la Merced, vi que la luz  estaba frente a mí.  Le confieso que fue la primera vez en mi vida que sentí miedo; todo mi cuerpo se me revolvió, la cabeza se me puso grande, se me aflojaron las piernas y mi hombría cayó por los suelos.
Eso es lo único que recuerdo, hasta que me vi acostado en una cama, tenía el rostro y el cuerpo arañado y mis ropas estaban descosidas y desabrochadas. Unos hombres de la basura nocturna fueron los que me recogieron, dicen que estaba tendido en mitad de la calle sin conocimiento.

Si usted es hombre y ha engañado a una mujer, o bien alguna de sus historias amorosas terminó con la muerte de la dama, tenga sumo cuidado caminar a la medianoche por las calles de la parte vieja de Cádiz, dado que se encuentra a la suerte de la Viuda Negra, que seguramente aparezca para vengarla o a quien le haya hecho daño.
Manténgase alerta, porque según relata la leyenda urbana, los motivos por los cuales este espectro justiciero de mujeres puede aparecer son varios. Desde engaño amoroso seguido de muerte (que no suele ser tan común, pero téngalo presente por si las dudas) hasta el asesinato por otra mujer que haya participado.

Si leyendo los párrafos anteriores usted todavía no entró en ninguna de las categorías por las cuales la Viuda Negra puede venir a atormentarlo, no se sienta a salvo aún, porque si usted no dio cumplimiento al juramento de fidelidad-seguramente obtenido bajo presión- de no volver a casarse o juntarse, en el caso que ella haya muerto, correrá peor suerte. En ambos casos, las apariciones tendrían por objeto atormentar a sus ex maridos por la nueva vida que hace junto a otra mujer después de su muerte.
De ser así, lo perseguirá y asustará de tal forma, que terminará por enfermar, ser abandonado por la concubina o nueva esposa, hasta finalmente morir casi seco de miedo. Pero esta Viuda Negra, surgida de la tragedia y la traición no se contentará con asustar a su ex marido, sino que también lo hará con todos aquellos infieles aprovechando toda oportunidad para «espantarlos» de terror, sobre todo cuando distraídos vuelven a deshoras a sus casas, envueltos en alcohol.

Las causas de estas apariciones que ponen los pelos de punta a los varones gaditanos, son miles. Algunos aseveran que aparece cuando una mujer murió de forma trágica a consecuencia de un engaño amoroso; ya porque ha sido asesinada por su marido infiel, o por la mujer que integra el fatídico triángulo de amor y muerte.
Cuentan algunos vecinos viejos “De la Viña”, que en la antigüedad se trataba de mujeres insatisfechas, perversas y sin escrúpulos que por las noches se disfrazaban de negro. Estas mujeres salían -en  noches muy oscuras-, por  calles  y esquinas solitarias en busca del amante descarriado o del hombre que se ha burlado de su cariño.
Hay también quienes atribuyen su macabra aparición, a que un marido no dio cumplimiento al juramento de fidelidad-seguramente obtenido bajo presión- de no volver a casarse o juntarse, en el caso que ella muriera antes. En ambos casos, las apariciones tendrían por objeto atormentar  sus ex maridos por la nueva vida que hace junto a otra mujer después de su muerte.

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EL “MAS ALLA” DE LOS GADITANOS — VIDA DESPUES DE LA VIDA

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Cuando escribo aquí la palabra Cádiz, me refiero al Gran Cádiz, al verdadero Cádiz, el milenario, aquel que está formado por San Fernando, Chiclana, Sancti Petri, Puerto Real, Puerto Santa María e indudablemente la tacita de plata (Cádiz capital), lo demás son chovinismos locales.

Tenemos claro que tanto la necesidad de creer, como la evidencia del silencio de Dios, son manifestaciones de religiosidad que se pueden ver como una religiosidad conflictiva, problemática, que no ofrece consuelo, es distinto pero es cierto. Lo que no es religiosidad es la postura del ateo convencido que prescinde, ya serenamente, de preguntar al Mas Allá, a un Ser superior. En Cádiz no hay esta postura.
Se quiere creer en Cádiz que se volverá a ver a los seres queridos y a mí me gusta creerlo así, me gusta pensar en los gaditanos acercándose al “Mas allá” y ahí siendo recibidos por los espíritus de los suyos.

La naturalidad con la que los gaditanos se refieren a los espíritus es casi incomprensible. El mundo gaditano de los espíritus es un mundo entrañable, dignifican a sus muertos, empalman con el mundo de hoy, un mundo descreído, de creencias institucionalizadas en donde se quiere creer en algo, una vaga creencia en una forma de pervivencia aún más vaga.
En los gaditanos confluyen dos corrientes: una naturalmente la religiosidad cristiana que les llega a través de su enseñanzas religiosa, otra la corriente de religiosidad arcaica, primitiva que le viene por tradición oral, probablemente y por misteriosos conductos que no sabemos cuáles son.

Muy propio de la mentalidad del pueblo gaditano es el tema del Mas Allá, es decir el mundo de la experiencia ultra sensible, una realidad que va más lejos de la que podemos percibir con los sentidos corporales, algo que indudablemente no es la experiencia de todos los días.
Asomarse al mundo del “Mas allá” en Cádiz, es intentar captar algo que es difícil de determinar y de transmitir porque muy fácilmente se puede caer en el melodrama o en el tenebrismo o cosas que tienen una difícil exposición o tratamiento. Hay que acercarse con un rasgo importante: la naturalidad. El gaditano lo aborda con espontaneidad cuando se refiere a ese mundo que está después de la tumba. Cuando el gaditano se refiere a “mis muertos”, describe a personas que están en el otro mundo ya muertas con las que ha tenido una relación, a veces son amigas u otras menos.

Para el gaditano de a pie, a veces la relación con los muertos no es siempre de consuelo o compañía, puede ser también de obligación. Una persona cuya pareja ha muerto permanece ligada a ese espíritu que la observa desde el Mas allá, porque esta es otra de las características de los espíritus en Cádiz, que siguen disfrutando de los mismos sentimientos que tuvieron en vida, aman a los que amaban y naturalmente sienten celos. Algunas viudas o viudos están muertos para los vivos y no se entregan a ningún otro amor.
La postura del gaditano ante la religiosidad cristiana se podría decir que es contradictoria. Nunca nos pondremos de acuerdo si hay realmente una posición religiosa o no en el pueblo gaditano, porque ante manifestaciones religiosas en las que el pueblo confiesa su necesidad de creer, encontramos otras en que su postura, claramente es prescindir de las respuestas trascendentes para quedarse nada mas con una respuesta humana, personal de un ser que se encuentra arrojado en un mundo que no entiende. Solo él se encuentra ante el abandono inmenso del vacío.

Si la posición del gaditano frente a la religiosidad cristiana es contradictoria, en relación a las creencias que provienen del fondo de su religiosidad primitiva, nunca duda. Cree a pie juntillas en una vida después de esta vida, en una pervivencia tras la muerte, creencia que le lleva por cauces misteriosos que no podemos determinar. A nadie que conozca un poco al pueblo gaditano, le extrañará toparse con personas que se confiesan ateas, aquellas que no quieren saber nada ni de la religión ni de curas, con ese anticlericalismo arraigado en este pueblo que le hace ser muy suyo pero que habla con toda naturalidad de los espíritus, de esa pervivencia de unos muertos, de unas almas que de algún modo vuelven a la tierra y no se manifiestan con claridad de una forma o donde están pero están y, en la vida gaditana se encuentran presentes.

Cuando se habla en Cádiz de los espíritus se refieren a esas almas que han pasado la tumba y se encuentran en unas esferas en las que se mueven estos seres, un mundo indeterminado, ni cielo, ni infierno, ni purgatorio.
Comunicación, sin voz, ni ruido ni palabras de todo lo que es desconocido a los terrenales ojos. Un mundo que se escapa al mundo de los sentidos. Advierten una presencia que está más allá del mundo sensible; al comienzo de una manera desagradable, se tiene miedo del ser querido. El osco sentimiento hacia los que han partido es el paso por la tumba. El sepulcro contamina, hay como un tránsito necesario por ese mundo de la tumba que es algo desagradable, una vez superado ese paso, el muerto se va acomodando en el mundo de los muertos. En el primer momento el propio muerto es un extraño y siente miedo de los otros muertos… se puede percibir la angustia de los muertos entrando al Mas allá. Los muertos se acoplan a su nuevo estadio con el tiempo y después consuelan a las personas que en este mundo les han querido.

Los gaditanos dan una visión de los espíritus como seres cotidianos, sin tonos tenebrosos, no hay actitud de miedo. Son seres que pueden ser enemigos, que pueden impedir la libertad cuando es el espíritu del amante o del marido pero nunca son terroríficos.
Solo hay una condición para que los espíritus se nos acerquen o manifiesten en Cádiz, es estar en soledad. Si no estamos en soledad no podremos disfrutar de la compañía de esos seres. Si estamos acompañados, no se comunicaran con nosotros aquellos que vagan sin cesar en torno nuestro, en invisible forma. Estos se sienten, se perciben y se comprenden aunque no se puedan ver. La única condición es que se manifiestan sólo cuando ningún vivo nos acompañe.

El gaditano aprecia la felicidad, la saborea a cada instante, sabe muy bien que todo acaba menos esa duda que lleva de un horror a otro: los golpes absurdos de la vida, la necesidad de volver a ver a los seres queridos.
La conciencia de la belleza de la caducidad y de la vida humana todo esto sin una respuesta trascendente, es muy duro de soportar en él. Entiende bien que el hombre es un vaso de barro que se quiebra al impulso más leve. Llevan consigo la manifestación de la duda sobre que la separación no vaya a ser definitiva. Seres que cruzan el mundo que se van o desaparecen sin saber si después de separarnos volvemos a hallarnos otra vez.
Dudas por tanto, posturas contradictorias, necesidad de creer sobre todo cuando se pierde a un ser querido. Para el gaditano, no puede acabar lo que es eterno, ni puede tener fin la inmensidad.
Cierto, o menos cierto, no se puede dudar nunca de la autenticidad de los gaditanos, tenemos que creerles por raro que nos pueda parecer.

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EL BARCO QUE NUNCA LLEGÓ: EL BARCO DEL ARROZ


En la posguerra de la dictadura franquista que siguió a la Guerra Civil española, se produjo un periodo de hambruna en la población. Es entonces cuando surge, de manera imprecisa, la leyenda de un mítico barco cargado de alimentos (de arroz, o de arroz y carne) que tenía que arribar a las costas gaditanas, pero que nunca llegó.
Tienen las gentes de Cádiz una forma tan peculiar de utilizar el castellano, tan singular y propia, tan ingeniosa y chispeante, que algunos de sus dichos populares, han trascendido a sus fronteras, adaptándose en el uso del lenguaje cotidiano de toda nuestra geografía.
Sin embargo, la forma descriptiva de sus expresiones populares, pocas veces exentas de humor o ironía, resultan de una didáctica y un valor gráfico, difícilmente comparables. La adaptación de las palabras a la forma que tienen de entender la vida, les confiere una identidad única, que es centro de estudio y admiración por los estudiosos del Lenguaje.
Existe cierta confusión a la hora de fijar el origen de la frase << Estás más perdido que el barco del arroz>>. Todas las narraciones coinciden, no obstante, en que el acontecimiento que sirvió de referencia, se produjo durante los primeros tiempos de la dictadura franquista. Para la hambruna de la posguerra, una pérdida de alimento como esa -si es que realmente tuvo lugar-, debió resultar ciertamente traumática, lo que contribuiría a fijar el hecho en la memoria colectiva de los gaditanos.
La mayoría de las versiones hablan de un barco denominado «Alcatraz» que se hundió frente a las costas de Cádiz durante los años cincuenta del pasado siglo. Su cargamento era de arroz, lo que hizo que al mojarse, este se hinchara, resultando dicha mercancía absolutamente irrecuperable.
Otros informan que el famoso barco, cargado de carne y arroz, procedía de Argentina. Sería un regalo hecho por Eva Perón a Franco, para paliar la escasez de alimentos surgidos durante la Guerra Civil española. Su hundimiento tuvo lugar frente a las costas del Puerto de Santa María y las chirigotas de los carnavales en ese año popularizaron el suceso.
Una versión parecida dice que el polémico buque venía de Estados Unidos con el fin a ayudar al pueblo español, pero que su cargamento pasó a manos de especuladores y estraperlistas.
Se cuenta igualmente que el aparato de propaganda franquista, para calmar la inquietud de la población gaditana azotada por el hambre, aseguró la llegada de un barco cargado de arroz, destinado a distribuirse entre los más necesitados. Como este no llegaba, la explicación que se dio fue que se había hundido, sin que nada se pudiera hacer por rescatar el cargamento. La censura se encargó de que nunca más se hablará de él.
Otros relatos, posiblemente más apartados de la que pudiera ser su verdadera historia, habla del naufragio de un navío chino cargado de arroz que se hundió en Sanlúcar, al quedar varado en el Bajo del Picacho, o de un barco de vela sorprendido por una tormenta de verano, que al tener la escotilla de la bodega abierta, anegó sus fondos de agua, hinchando el arroz y produciendo un sobrepeso que llevó el barco a pique. El barco se partió en dos y todavía se puede ver desde la playa, apoyado sobre el fondo. También se ve desde Google Maps. Todo el mundo lo conoce como “el barco del arroz”, aunque la expresión se usaba mucho antes.
Si realmente nunca existió ese barco, si el origen de la frase surgió desde el inconsciente colectivo, dando lugar a lo que hoy se llamaría una leyenda urbana, la expresión sirve para describir la situación psicológica que se vivían en aquel momento. Todavía, en la actualidad, tiene un contenido lleno de sentido y válido para expresar gráficamente, unas ideas sutiles, fruto y resultado del carácter sarcástico y elegante de las gentes que pueblan la Gades milenaria: la “guasa” gaditana.

La Ruta no señalada del fervor y los sueños en Cádiz


Según cuenta Yolanda Vallejo Marquez, en Cádiz se dice que “hay un santo para cada asunto y un asuntón para cada patrón”.
Por ejemplo: a Santa Águeda se encomiendan las afecciones de mama, por aquello de que la santa sufrió en sus carnes la mutilación de un pecho, a San Blas, la garganta por haberle quitado a un niño una espina de pescado que le ahogaba, a Santa Clara los ojos, a Santa Ana la fertilidad, a San Antonio “paa un novio bueno” y, así podríamos seguir por los siglos de los siglos hasta que San Juan agache el dedo o por secula seculorum.
Hay una ruta en Cádiz que no aparece en ninguna guía Michelin o de menos pelambre, pero existe, y esta congrega a muchísimos gaditanos movidos en parte por la desesperanza, la fe, por la fuerza o quizá por la costumbre o vaya usted a saber. La cuestión es que la hay, es la “Ruta no Señalada”
Para Yolanda, la “Ruta no señalada del fervor y los sueños” en Cádiz se inicia los lunes en la capilla del Caminito donde se venera a San Nicolás de Bari, el del barreñito y las tres doncellas cautivas a las que cada lunes les dejaba un saco de oro. A San Nicolás se va a pedirle dinero, y van muchísimos gaditanos en estos tiempos que corren, se lo aseguro. Los martes, la cita es en la parroquia del Rosario, con Santa Marta, la patrona de las amas de casa, de las lavanderas, de las asistentas del hogar, de los hosteleros y de los subsidios. A Santa Marta se recurre para las cosas difíciles por no decir imposibles.
Los miércoles son para Santa Rita, esa santa interesada, abogada de las causas complicadas y engorrosas pero con fama de traicionera que se venera en San Agustín. De Santa Rita nos queda la jaculatoria con la que le riñen sus fieles «Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita». Los jueves, la cita obligada lleva hasta San Antonio, donde San Judas Tadeo recibe la visita de miles de devotos desesperados con la ilusión de que el apóstol interceda.
Y los viernes son del Cristo. Jamás nos toparemos en Cádiz con alguien que nunca haya ido a visitar al Cristo. Porque el Cristo -sea el Nazareno en Santa María, sea el Medinaceli en Santa Cruz- sigue siendo el paño de lágrimas de esta ciudad, donde se quedan los deseos y se recargan las pilas de los sueños.

(Fuente: LA VOZ de Cádiz)

CASA DEL PIRATA (CÁDIZ), UNA CASA DE LEYENDA

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Cuenta la historia, que un pirata enamorado de la mar partió en su galera en busca de nuevos tesoros. Y por caprichos del destino, este pirata encontró uno de los mayores tesoros de la época, pero esto le costó en naufragio de su embarcación y muchos años perdido en una isla desierta.
Estaba desolado. Había cumplido su sueño pero para ello había perdido toda su vida. Justo antes de darse por vencido y agotar las esperanzas, apareció por aquella isla un barco mercante. El pirata no lo dudó y dejó el tesoro para regresar a su tierra junto a su esposa.
Cuando regresó a casa después de tanto tiempo, creyó que su bella esposa dándolo por muerto se había vuelto a casar. Pero al llegar a Cádiz descubrió muy sorprendido que aún le esperaba. El pirata, embriagado por la emoción, quiso premiar la fidelidad de su esposa y pese a la negativa de ésta, se volvió a embarcar rumbo a aquella isla para recuperar el tesoro, no sin antes prometerle a su mujer que sería su último viaje y que de tanta riqueza que le traería, la enterraría en oro.
El pirata retornó y cumplió todas sus promesas, a pesar de dejar su pasión, que era la mar. Con tanta riqueza e intentando aliviar la pena del pirata, su mujer mandó a construir una casa un tanto especial. Un torreón desde el que se podía ver toda la ciudad de Cádiz, incluso, la mar. La casa recordaba a un viejo barco, con grandes cristaleras que tenían la forma de las plumas de las gaviotas. Y un pequeño timón con el que poder simular sus fantasías y así navegar en su imaginación.
Poco después de terminar de construir la casa, la mujer contrajo una enfermedad a causa de la cual terminó falleciendo. El pirata nunca olvidó su promesa de enterrarla en oro, así que el féretro en el que enterró a su mujer estaba repleto del oro que había traído de aquella isla.
La noticia recorrió toda la ciudad hasta llegar a oídos de unos ladronzuelos, que excitados ante la idea de hacerse ricos, profanaron la tumba de la mujer del pirata, sólo, para robar las riquezas.
Cuando esta terrible noticia llegó a oídos del pirata, y pudo comprobarlo con sus propios ojos, preso de la repulsión y el odio, no dudó ni un instante en tomar su rifle e ir en busca de aquellos bandidos para quitarles la vida.
A consecuencia de su delito, el pirata fue condenado a estar en la cárcel durante el resto de sus días.
Y así fue, como aquella casa del pirata, situada en la calle Beato Diego número 8 de la ciudad de Cádiz, se convirtió en una leyenda.

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(Fuente: Cristina y Vanesa)