LA VIUDA NEGRA DE CÁDIZ

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Me apasionan las viudas, con esa sensación de desahogo, de haberse quitado a alguien de encima aunque debo confesar que me ponen los bellos de punta el meterme en el lecho del finado. Hay algo en ellas que me remueven mis anteriores vidas o mi mala conciencia que me hacen huir despavorido de esos grupos de “singles” y redes sociales en donde últimamente proliferan con sus presencias.
La viuda de Cádiz, conocida también como “La Viuda Negra” es un ser sobrenatural con muchas descripciones de su aspecto, pero casi todas son similares y se la dibuja como una mujer alta, delgada y que está vestida con un manto negro. Sus apariciones suelen darse en las callejuelas gaditanas solitarias, siempre se la encuentra como ausente o en espera de algo. A menudo se relaciona con los hombres con una sonrisa tétrica, pero con las mujeres no se muestra ya que las odia. Muchas veces ha acompañado a hombres sin hacerle ningún tipo de daño. Su aparición es de noche y su manto negro se mueve con el viento aunque no lo haya en ese momento.

La leyenda de la Viuda Negra que a través del tiempo se ha venido tejiendo entre los gaditanos, cobra forma al brotar de los labios de cualquier sencillo narrador de La Caleta.
“Como verá Eduardo, en esta vida todos hemos tenido aventuras; las mías como persona de mar y de tierra han sido muchas y divertidas. Para que lo voy a negar, yo he sido muy mujeriego y casualmente por eso es que me han pasado tantas cosas, pero algo le queda a uno de experiencia para cuando llega a viejo”.
-Una vez me había cogido la noche fuera de Puerta Tierra, pues regresaba  de cierta parte donde tenía mi enredo, no sé por qué me dio mirar a mis espaldas y vi que una luz me venía siguiendo, seguí caminando sin darle importancia, pero de momento comencé a inquietarme y volví de nuevo a mirar atrás; la maldita luz venía detrás de mí pisándome los talones, apuré el paso para llegar al barrio de Santa María y así poder alejarme de la luz que cada vez la veía más cerca, pero cuál sería mi susto cuando al coger una vuelta cerca de la Iglesia de la Merced, vi que la luz  estaba frente a mí.  Le confieso que fue la primera vez en mi vida que sentí miedo; todo mi cuerpo se me revolvió, la cabeza se me puso grande, se me aflojaron las piernas y mi hombría cayó por los suelos.
Eso es lo único que recuerdo, hasta que me vi acostado en una cama, tenía el rostro y el cuerpo arañado y mis ropas estaban descosidas y desabrochadas. Unos hombres de la basura nocturna fueron los que me recogieron, dicen que estaba tendido en mitad de la calle sin conocimiento.

Si usted es hombre y ha engañado a una mujer, o bien alguna de sus historias amorosas terminó con la muerte de la dama, tenga sumo cuidado caminar a la medianoche por las calles de la parte vieja de Cádiz, dado que se encuentra a la suerte de la Viuda Negra, que seguramente aparezca para vengarla o a quien le haya hecho daño.
Manténgase alerta, porque según relata la leyenda urbana, los motivos por los cuales este espectro justiciero de mujeres puede aparecer son varios. Desde engaño amoroso seguido de muerte (que no suele ser tan común, pero téngalo presente por si las dudas) hasta el asesinato por otra mujer que haya participado.

Si leyendo los párrafos anteriores usted todavía no entró en ninguna de las categorías por las cuales la Viuda Negra puede venir a atormentarlo, no se sienta a salvo aún, porque si usted no dio cumplimiento al juramento de fidelidad-seguramente obtenido bajo presión- de no volver a casarse o juntarse, en el caso que ella haya muerto, correrá peor suerte. En ambos casos, las apariciones tendrían por objeto atormentar a sus ex maridos por la nueva vida que hace junto a otra mujer después de su muerte.
De ser así, lo perseguirá y asustará de tal forma, que terminará por enfermar, ser abandonado por la concubina o nueva esposa, hasta finalmente morir casi seco de miedo. Pero esta Viuda Negra, surgida de la tragedia y la traición no se contentará con asustar a su ex marido, sino que también lo hará con todos aquellos infieles aprovechando toda oportunidad para “espantarlos” de terror, sobre todo cuando distraídos vuelven a deshoras a sus casas, envueltos en alcohol.

Las causas de estas apariciones que ponen los pelos de punta a los varones gaditanos, son miles. Algunos aseveran que aparece cuando una mujer murió de forma trágica a consecuencia de un engaño amoroso; ya porque ha sido asesinada por su marido infiel, o por la mujer que integra el fatídico triángulo de amor y muerte.
Cuentan algunos vecinos viejos “De la Viña”, que en la antigüedad se trataba de mujeres insatisfechas, perversas y sin escrúpulos que por las noches se disfrazaban de negro. Estas mujeres salían -en  noches muy oscuras-, por  calles  y esquinas solitarias en busca del amante descarriado o del hombre que se ha burlado de su cariño.
Hay también quienes atribuyen su macabra aparición, a que un marido no dio cumplimiento al juramento de fidelidad-seguramente obtenido bajo presión- de no volver a casarse o juntarse, en el caso que ella muriera antes. En ambos casos, las apariciones tendrían por objeto atormentar  sus ex maridos por la nueva vida que hace junto a otra mujer después de su muerte.

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EL “MAS ALLA” DE LOS GADITANOS — VIDA DESPUES DE LA VIDA

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Cuando escribo aquí la palabra Cádiz, me refiero al Gran Cádiz, al verdadero Cádiz, el milenario, aquel que está formado por San Fernando, Chiclana, Sancti Petri, Puerto Real, Puerto Santa María e indudablemente la tacita de plata (Cádiz capital), lo demás son chovinismos locales.

Tenemos claro que tanto la necesidad de creer, como la evidencia del silencio de Dios, son manifestaciones de religiosidad que se pueden ver como una religiosidad conflictiva, problemática, que no ofrece consuelo, es distinto pero es cierto. Lo que no es religiosidad es la postura del ateo convencido que prescinde, ya serenamente, de preguntar al Mas Allá, a un Ser superior. En Cádiz no hay esta postura.
Se quiere creer en Cádiz que se volverá a ver a los seres queridos y a mí me gusta creerlo así, me gusta pensar en los gaditanos acercándose al “Mas allá” y ahí siendo recibidos por los espíritus de los suyos.

La naturalidad con la que los gaditanos se refieren a los espíritus es casi incomprensible. El mundo gaditano de los espíritus es un mundo entrañable, dignifican a sus muertos, empalman con el mundo de hoy, un mundo descreído, de creencias institucionalizadas en donde se quiere creer en algo, una vaga creencia en una forma de pervivencia aún más vaga.
En los gaditanos confluyen dos corrientes: una naturalmente la religiosidad cristiana que les llega a través de su enseñanzas religiosa, otra la corriente de religiosidad arcaica, primitiva que le viene por tradición oral, probablemente y por misteriosos conductos que no sabemos cuáles son.

Muy propio de la mentalidad del pueblo gaditano es el tema del Mas Allá, es decir el mundo de la experiencia ultra sensible, una realidad que va más lejos de la que podemos percibir con los sentidos corporales, algo que indudablemente no es la experiencia de todos los días.
Asomarse al mundo del “Mas allá” en Cádiz, es intentar captar algo que es difícil de determinar y de transmitir porque muy fácilmente se puede caer en el melodrama o en el tenebrismo o cosas que tienen una difícil exposición o tratamiento. Hay que acercarse con un rasgo importante: la naturalidad. El gaditano lo aborda con espontaneidad cuando se refiere a ese mundo que está después de la tumba. Cuando el gaditano se refiere a “mis muertos”, describe a personas que están en el otro mundo ya muertas con las que ha tenido una relación, a veces son amigas u otras menos.

Para el gaditano de a pie, a veces la relación con los muertos no es siempre de consuelo o compañía, puede ser también de obligación. Una persona cuya pareja ha muerto permanece ligada a ese espíritu que la observa desde el Mas allá, porque esta es otra de las características de los espíritus en Cádiz, que siguen disfrutando de los mismos sentimientos que tuvieron en vida, aman a los que amaban y naturalmente sienten celos. Algunas viudas o viudos están muertos para los vivos y no se entregan a ningún otro amor.
La postura del gaditano ante la religiosidad cristiana se podría decir que es contradictoria. Nunca nos pondremos de acuerdo si hay realmente una posición religiosa o no en el pueblo gaditano, porque ante manifestaciones religiosas en las que el pueblo confiesa su necesidad de creer, encontramos otras en que su postura, claramente es prescindir de las respuestas trascendentes para quedarse nada mas con una respuesta humana, personal de un ser que se encuentra arrojado en un mundo que no entiende. Solo él se encuentra ante el abandono inmenso del vacío.

Si la posición del gaditano frente a la religiosidad cristiana es contradictoria, en relación a las creencias que provienen del fondo de su religiosidad primitiva, nunca duda. Cree a pie juntillas en una vida después de esta vida, en una pervivencia tras la muerte, creencia que le lleva por cauces misteriosos que no podemos determinar. A nadie que conozca un poco al pueblo gaditano, le extrañará toparse con personas que se confiesan ateas, aquellas que no quieren saber nada ni de la religión ni de curas, con ese anticlericalismo arraigado en este pueblo que le hace ser muy suyo pero que habla con toda naturalidad de los espíritus, de esa pervivencia de unos muertos, de unas almas que de algún modo vuelven a la tierra y no se manifiestan con claridad de una forma o donde están pero están y, en la vida gaditana se encuentran presentes.

Cuando se habla en Cádiz de los espíritus se refieren a esas almas que han pasado la tumba y se encuentran en unas esferas en las que se mueven estos seres, un mundo indeterminado, ni cielo, ni infierno, ni purgatorio.
Comunicación, sin voz, ni ruido ni palabras de todo lo que es desconocido a los terrenales ojos. Un mundo que se escapa al mundo de los sentidos. Advierten una presencia que está más allá del mundo sensible; al comienzo de una manera desagradable, se tiene miedo del ser querido. El osco sentimiento hacia los que han partido es el paso por la tumba. El sepulcro contamina, hay como un tránsito necesario por ese mundo de la tumba que es algo desagradable, una vez superado ese paso, el muerto se va acomodando en el mundo de los muertos. En el primer momento el propio muerto es un extraño y siente miedo de los otros muertos… se puede percibir la angustia de los muertos entrando al Mas allá. Los muertos se acoplan a su nuevo estadio con el tiempo y después consuelan a las personas que en este mundo les han querido.

Los gaditanos dan una visión de los espíritus como seres cotidianos, sin tonos tenebrosos, no hay actitud de miedo. Son seres que pueden ser enemigos, que pueden impedir la libertad cuando es el espíritu del amante o del marido pero nunca son terroríficos.
Solo hay una condición para que los espíritus se nos acerquen o manifiesten en Cádiz, es estar en soledad. Si no estamos en soledad no podremos disfrutar de la compañía de esos seres. Si estamos acompañados, no se comunicaran con nosotros aquellos que vagan sin cesar en torno nuestro, en invisible forma. Estos se sienten, se perciben y se comprenden aunque no se puedan ver. La única condición es que se manifiestan sólo cuando ningún vivo nos acompañe.

El gaditano aprecia la felicidad, la saborea a cada instante, sabe muy bien que todo acaba menos esa duda que lleva de un horror a otro: los golpes absurdos de la vida, la necesidad de volver a ver a los seres queridos.
La conciencia de la belleza de la caducidad y de la vida humana todo esto sin una respuesta trascendente, es muy duro de soportar en él. Entiende bien que el hombre es un vaso de barro que se quiebra al impulso más leve. Llevan consigo la manifestación de la duda sobre que la separación no vaya a ser definitiva. Seres que cruzan el mundo que se van o desaparecen sin saber si después de separarnos volvemos a hallarnos otra vez.
Dudas por tanto, posturas contradictorias, necesidad de creer sobre todo cuando se pierde a un ser querido. Para el gaditano, no puede acabar lo que es eterno, ni puede tener fin la inmensidad.
Cierto, o menos cierto, no se puede dudar nunca de la autenticidad de los gaditanos, tenemos que creerles por raro que nos pueda parecer.

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EL BARCO QUE NUNCA LLEGÓ: EL BARCO DEL ARROZ


En la posguerra de la dictadura franquista que siguió a la Guerra Civil española, se produjo un periodo de hambruna en la población. Es entonces cuando surge, de manera imprecisa, la leyenda de un mítico barco cargado de alimentos (de arroz, o de arroz y carne) que tenía que arribar a las costas gaditanas, pero que nunca llegó.
Tienen las gentes de Cádiz una forma tan peculiar de utilizar el castellano, tan singular y propia, tan ingeniosa y chispeante, que algunos de sus dichos populares, han trascendido a sus fronteras, adaptándose en el uso del lenguaje cotidiano de toda nuestra geografía.
Sin embargo, la forma descriptiva de sus expresiones populares, pocas veces exentas de humor o ironía, resultan de una didáctica y un valor gráfico, difícilmente comparables. La adaptación de las palabras a la forma que tienen de entender la vida, les confiere una identidad única, que es centro de estudio y admiración por los estudiosos del Lenguaje.
Existe cierta confusión a la hora de fijar el origen de la frase << Estás más perdido que el barco del arroz>>. Todas las narraciones coinciden, no obstante, en que el acontecimiento que sirvió de referencia, se produjo durante los primeros tiempos de la dictadura franquista. Para la hambruna de la posguerra, una pérdida de alimento como esa -si es que realmente tuvo lugar-, debió resultar ciertamente traumática, lo que contribuiría a fijar el hecho en la memoria colectiva de los gaditanos.
La mayoría de las versiones hablan de un barco denominado “Alcatraz” que se hundió frente a las costas de Cádiz durante los años cincuenta del pasado siglo. Su cargamento era de arroz, lo que hizo que al mojarse, este se hinchara, resultando dicha mercancía absolutamente irrecuperable.
Otros informan que el famoso barco, cargado de carne y arroz, procedía de Argentina. Sería un regalo hecho por Eva Perón a Franco, para paliar la escasez de alimentos surgidos durante la Guerra Civil española. Su hundimiento tuvo lugar frente a las costas del Puerto de Santa María y las chirigotas de los carnavales en ese año popularizaron el suceso.
Una versión parecida dice que el polémico buque venía de Estados Unidos con el fin a ayudar al pueblo español, pero que su cargamento pasó a manos de especuladores y estraperlistas.
Se cuenta igualmente que el aparato de propaganda franquista, para calmar la inquietud de la población gaditana azotada por el hambre, aseguró la llegada de un barco cargado de arroz, destinado a distribuirse entre los más necesitados. Como este no llegaba, la explicación que se dio fue que se había hundido, sin que nada se pudiera hacer por rescatar el cargamento. La censura se encargó de que nunca más se hablará de él.
Otros relatos, posiblemente más apartados de la que pudiera ser su verdadera historia, habla del naufragio de un navío chino cargado de arroz que se hundió en Sanlúcar, al quedar varado en el Bajo del Picacho, o de un barco de vela sorprendido por una tormenta de verano, que al tener la escotilla de la bodega abierta, anegó sus fondos de agua, hinchando el arroz y produciendo un sobrepeso que llevó el barco a pique. El barco se partió en dos y todavía se puede ver desde la playa, apoyado sobre el fondo. También se ve desde Google Maps. Todo el mundo lo conoce como “el barco del arroz”, aunque la expresión se usaba mucho antes.
Si realmente nunca existió ese barco, si el origen de la frase surgió desde el inconsciente colectivo, dando lugar a lo que hoy se llamaría una leyenda urbana, la expresión sirve para describir la situación psicológica que se vivían en aquel momento. Todavía, en la actualidad, tiene un contenido lleno de sentido y válido para expresar gráficamente, unas ideas sutiles, fruto y resultado del carácter sarcástico y elegante de las gentes que pueblan la Gades milenaria: la “guasa” gaditana.

La Ruta no señalada del fervor y los sueños en Cádiz


Según cuenta Yolanda Vallejo Marquez, en Cádiz se dice que “hay un santo para cada asunto y un asuntón para cada patrón”.
Por ejemplo: a Santa Águeda se encomiendan las afecciones de mama, por aquello de que la santa sufrió en sus carnes la mutilación de un pecho, a San Blas, la garganta por haberle quitado a un niño una espina de pescado que le ahogaba, a Santa Clara los ojos, a Santa Ana la fertilidad, a San Antonio “paa un novio bueno” y, así podríamos seguir por los siglos de los siglos hasta que San Juan agache el dedo o por secula seculorum.
Hay una ruta en Cádiz que no aparece en ninguna guía Michelin o de menos pelambre, pero existe, y esta congrega a muchísimos gaditanos movidos en parte por la desesperanza, la fe, por la fuerza o quizá por la costumbre o vaya usted a saber. La cuestión es que la hay, es la “Ruta no Señalada”
Para Yolanda, la “Ruta no señalada del fervor y los sueños” en Cádiz se inicia los lunes en la capilla del Caminito donde se venera a San Nicolás de Bari, el del barreñito y las tres doncellas cautivas a las que cada lunes les dejaba un saco de oro. A San Nicolás se va a pedirle dinero, y van muchísimos gaditanos en estos tiempos que corren, se lo aseguro. Los martes, la cita es en la parroquia del Rosario, con Santa Marta, la patrona de las amas de casa, de las lavanderas, de las asistentas del hogar, de los hosteleros y de los subsidios. A Santa Marta se recurre para las cosas difíciles por no decir imposibles.
Los miércoles son para Santa Rita, esa santa interesada, abogada de las causas complicadas y engorrosas pero con fama de traicionera que se venera en San Agustín. De Santa Rita nos queda la jaculatoria con la que le riñen sus fieles «Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita». Los jueves, la cita obligada lleva hasta San Antonio, donde San Judas Tadeo recibe la visita de miles de devotos desesperados con la ilusión de que el apóstol interceda.
Y los viernes son del Cristo. Jamás nos toparemos en Cádiz con alguien que nunca haya ido a visitar al Cristo. Porque el Cristo -sea el Nazareno en Santa María, sea el Medinaceli en Santa Cruz- sigue siendo el paño de lágrimas de esta ciudad, donde se quedan los deseos y se recargan las pilas de los sueños.

(Fuente: LA VOZ de Cádiz)

CASA DEL PIRATA (CÁDIZ), UNA CASA DE LEYENDA

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Cuenta la historia, que un pirata enamorado de la mar partió en su galera en busca de nuevos tesoros. Y por caprichos del destino, este pirata encontró uno de los mayores tesoros de la época, pero esto le costó en naufragio de su embarcación y muchos años perdido en una isla desierta.
Estaba desolado. Había cumplido su sueño pero para ello había perdido toda su vida. Justo antes de darse por vencido y agotar las esperanzas, apareció por aquella isla un barco mercante. El pirata no lo dudó y dejó el tesoro para regresar a su tierra junto a su esposa.
Cuando regresó a casa después de tanto tiempo, creyó que su bella esposa dándolo por muerto se había vuelto a casar. Pero al llegar a Cádiz descubrió muy sorprendido que aún le esperaba. El pirata, embriagado por la emoción, quiso premiar la fidelidad de su esposa y pese a la negativa de ésta, se volvió a embarcar rumbo a aquella isla para recuperar el tesoro, no sin antes prometerle a su mujer que sería su último viaje y que de tanta riqueza que le traería, la enterraría en oro.
El pirata retornó y cumplió todas sus promesas, a pesar de dejar su pasión, que era la mar. Con tanta riqueza e intentando aliviar la pena del pirata, su mujer mandó a construir una casa un tanto especial. Un torreón desde el que se podía ver toda la ciudad de Cádiz, incluso, la mar. La casa recordaba a un viejo barco, con grandes cristaleras que tenían la forma de las plumas de las gaviotas. Y un pequeño timón con el que poder simular sus fantasías y así navegar en su imaginación.
Poco después de terminar de construir la casa, la mujer contrajo una enfermedad a causa de la cual terminó falleciendo. El pirata nunca olvidó su promesa de enterrarla en oro, así que el féretro en el que enterró a su mujer estaba repleto del oro que había traído de aquella isla.
La noticia recorrió toda la ciudad hasta llegar a oídos de unos ladronzuelos, que excitados ante la idea de hacerse ricos, profanaron la tumba de la mujer del pirata, sólo, para robar las riquezas.
Cuando esta terrible noticia llegó a oídos del pirata, y pudo comprobarlo con sus propios ojos, preso de la repulsión y el odio, no dudó ni un instante en tomar su rifle e ir en busca de aquellos bandidos para quitarles la vida.
A consecuencia de su delito, el pirata fue condenado a estar en la cárcel durante el resto de sus días.
Y así fue, como aquella casa del pirata, situada en la calle Beato Diego número 8 de la ciudad de Cádiz, se convirtió en una leyenda.

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(Fuente: Cristina y Vanesa)

CALLEJÓN DEL DUENDE –CALLEJÓN DE PIRATAS Y AMANTES

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El Callejón del Duende, que comunicaba la salida del foso del circo romano con la calle Mesón en Cádiz, fue descubierto hace relativamente poco tiempo, concretamente cuando se inició la recuperación del monumento romano hará unos años. Hoy permanece cerrado con el fin de preservarlo de posibles actos vandálicos.
Se trata de la calle más estrecha de la ciudad. Antiguamente desembocaba en la plaza de Fray Félix pero la taparon dejando una calle sin salida. La forma de la calle es curva, como la mayoría de las calles gaditanas, con el fin de combatir el viento. En el pasado la calle era frecuentada por contrabandistas, y se dice que uno de los más conocidos se llamaba “El Duende” y de ahí el nombre de la calle.
Cuenta la leyenda que durante la invasión napoleónica a España un capitán francés se enamoró perdidamente de una bella gaditana y ésta, que en un principio le siguió el juego para liberar a su novio, terminó por claudicar ante la pasión del galo. La pareja solía ser vista haciéndose arrumacos en un callejón que da a la calle Mesón, en el barrio del Pópulo, hoy denominado Callejón del Duende. Una relación imposible que no tardó en ser descubierta por el pueblo de Cádiz, que no dudo en dar muerte a la traidora y a su amante. Desde entonces todos los días de los difuntos (1 de noviembre) los vecinos ponen unas velas rojas (las conocidas mariposas en Cádiz) en el mencionado callejón porque dicen que ven siluetas de los dos enamorados abrazados.
A través de una reja los visitantes pueden contemplar este rincón histórico para, transportándose en el tiempo, imaginar aquellas caricias entre estos dos amantes.
“Despierta,
otro día sin tregua tras la madrugada,
que hoy tampoco te dejó dormir…
puede que haga frío en el desafío,
de enfrentarte a tu devenir,
nadie hace nada por ti…
tu despierta…
Despierta,
Tras esa ventana crece la mañana,
Hoy la vida te invita a vivir…
borra los agravios de tu calendario,
que hay caminos por descubrir,
tienes que aprender a sentir…
tu despierta…
Y siento pasos en el callejón del duende,
sueño que sueñas que soñaste con tenerme,
y siento miedo en la orillita del deseo,
cuando te acercas y no vienes…
Que el amor es como una cometa que se lleva el viento,
no te rindas por una condena ni salgas corriendo…
que el amor tiene solo un lenguaje,
la voz de un te quiero,
no hay palabras que expliquen,
la fuerza de los sentimientos,
de los sentimientos, que queman por dentro…
Recuerda,
que en la plazoleta quedan aún las huellas,
donde reflejaste tu niñez…
los buenos amigos huyen del olvido,
y se sientan a recorrer,
aventuras de nuestro ayer…
tu recuerda…
Y siento anhelos de ese callejón del duende,
y siento celos de los labios que te besen,
y siento miedo de no haber llegado a tiempo,
a ver cumplido tus deseos…
Que el amor es como una cometa que se lleva el viento,
no te rindas por una condena ni salgas corriendo…
que el amor tiene solo un lenguaje,
la voz de un te quiero,
no hay palabras que expliquen,
la fuerza de los sentimientos,
de los sentimientos, que queman por dentro…”
(Del cancionero de David DeMaria)

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La traición de Judas – Pelayo Quintero Atauri, sus secretos ocultos: La Dama de Cádiz y La ciudad subterránea de Prado del Rey

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Hallándome en la Stockholm Biblioteck, durante el tiempo que era estudiante en esta capital escandinava (Estocolmo- Suecia), fue cuando me topé por primera vez con “Tres versiones de Judas”, el libro de  Jorge Luis Borges. La segunda sucedió ahora ya hace unos cuantos años, estando en el Palacio del Márquez  de Beniel (Vélez Málaga), curioseando el legado de la filósofa malagueña María Zambrano, dentro de un falso libro encontré un estuche y, en el interior de este unas preciosas cartas de Tarot italianas, las mismas que el celo desproporcionado de la Fundación cultural que lleva el nombre de la ilustre pensadora no da difusión alguna y mas bien se decanta por ocultarlas, desconociendo la Fundación que al Tarot la filósofa se ha acercado por múltiples y diferentes motivos, por ejemplo la simbología y el ritmo que hay en el mismo, sin necesariamente entrar en cuestiones “adivinatorias” que puedan herir los prejuicios soterrados o mojigatos en ojos “impolutos” de algunos investigadores “puristas” y carcamales.
En aquel momento, acompañando las cartas había una nota de puño y letra, en la cual se podía leer muy bien el título y autor de una obra que recordé un poco después, era la misma anteriormente nombrada aquí de Borges, publicada en el año 1944.
La tercera vez (siempre hay una tercera), aconteció tan solo hace unos meses ojeando  los papeles particulares de Pelayo Quintero Atauri estando en Tarifa, lugar al que había acudido con el propósito de ver, de primera mano, la documentación secreta del arqueólogo dejada en Marruecos durante su estancia en este maravilloso y atractivo país, papeles de los que tan solo tenía yo un tenue y vago conocimiento.

Los legajos, apuntes, mapas, planos y dibujos, fueron enseñados tanto a mí como a otras tres o cuatro personas que en el chalet nos encontrábamos por un hombre marroquí culto y elegante con el propósito de su venta. Nos los exhibía bajo la condición de no ser fotografiados, y no poder tomarse ninguna clase de apuntes de los mismos. El precio de salida del trato económico de los papeles de Pelayo Quintero Atauri estaba muy lejos, años luz  de mis posibilidades reales económicas, por lo que me dediqué a devorar visualmente todo aquello que tenía delante de mí intentando fijar en la memoria lo mas codiciado, no siendo otro que la “Dama de Cádiz” (sarcófago femenino) y la “Ciudadela subterránea de Prado del Rey” (Cádiz), aunque naturalmente no pude pasar por alto apuntes que bien llamaron mi atención.
Parece ser, según las notas de Pelayo Quintero Atauri, este tuvo que alejarse precipitadamente de Cádiz por obligación forzada en el año de 1939 a la edad de setenta y dos años,  a la ciudad de Tetuán en Marruecos, repartiendo un poco antes parte de su extensa biblioteca en sitios claves culturales de Cádiz, encomendando esta labor a su amanuense. Algunas de las obras de Pelayo Quintero Atauri fueron redireccionadas al Casino Gaditano e igualmente a otros santuarios  sociales-culturales de aquel entonces, aunque por ser de carácter prohibidas y censuradas por el régimen político dictatorial, su clasificación de entrada y difusión se prefirió mantenerla oculta entre los fondos de la biblioteca para evitar dolores de cabeza en un mundo de misa, mantilla, rosario y fusilamientos. Muchos de los libros se perdieron por el camino o después de su llegada a destino. Por esta biblioteca, la del Casino Gaditano, debió de andar la obra de Borges, primera edición, beneficio que gozó Pelayo Quintero Atauri por su buena relación con las gentes del otro lado del charco, llegando a ser cónsul o vicecónsul de Colombia en Cádiz.

No nos extraña que el Casino Gaditano fuera escogido por Pelayo Quintero Atauri, recordemos para el que no lo sabe, este se construyó en el siglo XVIII como residencia del marqués del Pedroso, en cuyo oratorio se veneraba el famoso lienzo de las Dos Trinidades de Murillo, actualmente conservado en la Galería Nacional de Londres. A principios del siglo XIX era residencia de la familia Istúriz, famosa en la vida política de la España decimonónica. A su amparo se reunían los miembros de una de las tantas logias masónica que de siempre han existido y existen en Cádiz. En las tertulias, a las que asistía Alcalá Galiano, se fraguó el levantamiento liberal de 1820. Perpetuamente el Casino Gaditano ha sido un sitio neurálgico conspiranoico.


(Foto: José Guerrero)

En la actualidad algunos de sus masones mas relevantes y socialmente ocultos, siguen la línea del Nuevo Sol, Gobierno Único, Poder Único, Dinero Único, Ejercito Único, con reuniones bienales relacionadas con la Cripta de la Catedral, Grupos de Poder Internacional que visitan Cádiz durante una fecha determinada, en buques de gran lujo con gran discreción y protección, mas buen plato y mantel en una escogida bodega jerezana.
Los apuntes, anotaciones y dibujos de Pelayo Quintero Atauri tienen muchas luces y sombras.


(Foto: Julio González)

Entre la documentación para la venta, pude ver aquel dónde el arqueólogo hacía alusión al sarcófago femenino que no por casualidad estaba debajo de su casa y, que fue posteriormente sacado a la luz  en Septiembre de 1980 en extrañas circunstancias que han dado y siguen dando pie a muchas perspicacias dentro de los gaditanos por lo sucedido con el sarcófago y su interior, durante los dos días que transcurrieron desde su “supuesto” hallazgo y la presentación del mismo con gran bombo y platillos.

Las claves de interpretación de este enigma que me corroe y persigue están en las “Tres versiones de Judas” de Jorge Luis Borges. Estamos cerca y a la vez lejos de hallar las respuestas. Mientras tanto pensamos y repensamos que al igual que el Iscariote, el Judas de la Biblia que tuvo que optar por aparecer ante los demás como el símbolo de la traición a sabiendas que era un instrumento consciente para que se realizará el designio Divino de la Crucifixión, Pelayo Quintero Atauri se inclinó por asumir su triste papel:
“Pelayo Quintero Atauri
de los madriles llegó
a escarbar en las entrañas,
de la Gades de Melkart.
Yo sé que la tengo cerca,
casi la oigo susurrar,
más solo hago hallar piedras
por donde vengo a buscar.
Y con la Dama de Cádiz,
con su funerario ajuar,
esperaba que hallaría
un filtro de eternidad.
Yo sé que la tengo cerca,
casi la oigo susurrar,
y el fuego de esta certeza
no me deja de quemar.
Murió Pelayo Quintero
y al su casa derribar
en los cimientos hallaron
lo que tanto fue a buscar.
La vida es cruel paradoja
quien nunca pudo encontrar
teniéndola tan cerquita
su propia felicidad”.

Pelayo Quintero Atauri tenía en su poder dibujos del sarcófago y contenido, donde perfectamente aprecié un rico ajuar funerario apropiado al personaje sepultado acompañado de tablillas posiblemente de plomo y cerámica.
Apasionante fue para mí, tener en mis manos lo que serían dibujos de una ciudadela subterránea en Prado del Rey (Cádiz) que a igual del sarcófago de la “Dama de Cádiz”,  Pelayo Quintero Atauri prefirió, por sus razones, no darla a la luz pública renunciando a honores y prestigios que le llevarían en andas a su gloria y reconocimiento internacional.

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(Foto: Julio González)